En la madrugada del Aeropuerto de la Ciudad de México, una imagen resumió la esencia del fútbol romántico: Angelo Fulgini, figura del Al-Taawoun árabe y ex Lens de Francia, esperaba su conexión a Guadalajara sentado sobre su propia valija. El modesto seleccionado de Nueva Caledonia arribó tras una travesía eterna desde el Pacífico para intentar la hazaña de meter a una isla de 300 mil habitantes en el Mundial 2026.
La logística del seleccionado de Nueva Caledonia para este Repechaje Intercontinental dista mucho de las potencias a las que podría enfrentar en junio. El plantel arribó a México en vuelos comerciales, mezclándose con turistas y sin el despliegue de utileros o masajistas que caracteriza a la élite. En este equipo conviven profesionales de ligas competitivas con futbolistas que mantienen empleos de medio tiempo, pero esa aparente precariedad es su mayor motor. El viaje desde Oceanía fue agotador, atravesando medio mundo con el único objetivo de convertirse en uno de los países más pequeños en clasificar a una Copa del Mundo.
A pesar de las etiquetas de "equipo débil", el conjunto oceánico ha demostrado ser un hueso duro de roer —al menos a su nivel—. No son tan vulnerables como el prejuicio indica: en la final de su confederación, lograron aguantar un empate en cero frente a Nueva Zelanda durante casi 70 minutos, mostrando una disciplina táctica y un rigor físico que sorprendió a más de uno. Ese antecedente es el que hoy les permite soñar con poner en problemas a Jamaica no es una utopía, sino un objetivo por el que pueden luchar.
"Es el sueño de todo futbolista. De niño siempre quieres jugar un Mundial. Tenemos un partido importante contra Jamaica; no será fácil, pero queremos dar lo mejor en el campo y ver si logramos ganar. Somos una isla pequeña, pero estamos listos", confesó Angelo Fulgini mientras aguardaba su vuelo.
Fulgini es el alma de este proyecto. Tras realizar todo su proceso de formación en las juveniles de Francia, decidió hace apenas tres meses representar a la tierra natal de su madre. Su presencia le da un salto de calidad internacional a un grupo que se mueve por la fe.
El camino es empinado: el primer paso será este viernes ante los jamaiquinos y, de salir airosos, los espera la República Democrática del Congo en la final definitiva. Nueva Caledonia ya está en México, con las piernas cansadas por el viaje pero el corazón intacto, demostrando que para soñar con un Mundial, a veces, solo hace falta una valija y muchas ganas de hacer historia.