“Está peligrando mi vida”, dice María Hermelinda Jerez Campos, y la frase no es una exageración. Es una descripción literal de su presente. Tiene 63 años, vive en La Madrid y, desde que el agua empezó a retirarse tras la inundación, su casa dejó de ser refugio para convertirse en amenaza.
Un suelo inestable
El suelo cedió bajo sus pies. Literalmente. Las entradas de su vivienda quedaron bloqueadas por el derrumbe del terreno, que dejó al descubierto los cimientos tanto de su casa como la del vecino. Hoy, María - conocida en el barrio como “Marilyn”- sólo puede salir por un estrecho pasillo, pegado a un socavón con una profundidad que desconoce.
“La casa se va a hundir más si no me la arreglan pronto”, advierte. Intentó comunicarse con autoridades comunales, pero no obtuvo respuestas concretas. “Vino el encargado de obras, me aseguró que al día siguiente iban a sacar el agua y traer piedras para calzar. Pero hasta hoy no vino nadie. No le vi la cara a ninguno”, se lamenta.
Su vivienda no es nueva ni improvisada. Es el resultado de décadas de esfuerzo. Comenzó a construirla hace 40 años, con la idea de que su hijo pudiera estudiar en un lugar más cercano. Ella se instaló definitivamente en el año 2000, por problemas de salud de su marido, que requería estar cerca de asistencia médica. “La fui haciendo de a poco, una habitación tras otra”, recuerda.
Pero esta vez, dice, todo es distinto: “Esta inundación me hizo un daño terrible”. El agua llegó desde tres direcciones, formando un remolino que impactó directamente contra su casa. “Tiró el poste de luz de la esquina y volteó mis verjas, que tenían base de piedra”, relata.
En La Madrid pagaron justos por pecadoresHoy, la amenaza no es sólo lo que se ve. “Hay agua bajo mi casa”, repite con insistencia. Esa presencia invisible se traduce en grietas, hundimientos y estructuras debilitadas. En la vivienda vecina ocurre algo similar: una pared rajada y cimientos expuestos. El problema no es aislado.
Soluciones precarias
Ante la falta de respuestas oficiales, “Marilyn” y sus vecinos intentaron resolver la situación por sus propios medios. “Me tuve que empeñar para comprar diez bolsas de cemento. Tenía ladrillos para hacer un horno y los usamos para tapar el socavón. También puse piedras que había comprado para otros arreglos, para tratar de contener el agua”, explica. Su hijo y otros vecinos colaboraron, pero saben que es una solución precaria.
Salir de su casa implica un riesgo físico concreto. María padece hipertensión y el esfuerzo, sumado al peligro de caer en el pozo que se abrió junto a su vivienda, agrava su situación. “Vivir acá es peligroso”, resume.
La explicación geológica
Lo que ocurre en su casa tiene una explicación más profunda que la lluvia reciente. El geólogo Juan Carlos Valoy, especialista en geología aplicada a la ingeniería, sostiene que el problema de La Madrid es estructural y previo a la inundación.
¿Tanto costaba visitar La Madrid?“Los suelos en La Madrid, como en muchas otras partes, están saturados desde antes de la inundación por una cuestión simple: napas freáticas altas”, explica. Esa napa funciona como un límite subterráneo que impide que el agua drene hacia capas más profundas. “No puede drenar el agua porque se encuentra esa napa ahí, y siempre estuvo”, señala.
El resultado es un suelo que permanece húmedo durante largos períodos. El drenaje depende en gran medida de que el nivel del río Marapa descienda, pero incluso eso tiene sus limitaciones. Valoy describe al Marapa como un río influente: “En lugar de recibir agua del suelo, la entrega”. Parte de su caudal se filtra lateralmente hacia los terrenos cercanos, generando lo que denomina una napa subálvea.
Se trata de una acumulación de agua subterránea que se forma bajo el lecho del río y mantiene húmedo el entorno, incluso sin lluvias. “La napa va a bajar muy despacio, aunque no llueva”, advierte el especialista.
A esto se suma la composición del suelo. En la zona predominan limos y limos arenosos, materiales que permiten cierta filtración pero que, al saturarse, pierden estabilidad. “Cualquier suelo que se satura pierde su capacidad mecánica de resistir cargas”, explica Valoy. Es decir, deja de soportar correctamente el peso de casas, vehículos o cualquier estructura.
Inundaciones en La Madrid: “No nos vamos a quedar de brazos cruzados”Ese fenómeno explica los hundimientos que hoy afectan a muchas viviendas. Con el tiempo, el suelo se compacta y cede, provocando deformaciones y daños estructurales. Pero el problema no termina cuando el agua superficial desaparece.
La napa alta genera otro efecto: la capilaridad. El agua asciende por los materiales porosos y penetra en cimientos y paredes. La consecuencia es la humedad persistente dentro de las viviendas, que favorece la aparición de hongos, moho y enfermedades respiratorias.
El escenario actual, según Valoy, ya había sido anticipado. En 1992, junto a un ingeniero, evaluó una situación similar: el agua había llegado casi hasta la ruta 157. En ese momento se realizaron obras para mejorar el drenaje, como una alcantarilla y el ensanchamiento del cauce del Marapa. Sin embargo, el problema se agravó con el tiempo.
El geólogo explica que la construcción del dique Río Hondo modificó las condiciones del río, reduciendo su pendiente. Con menor pendiente, el agua pierde fuerza y no logra arrastrar sedimentos, que se acumulan en el fondo del cauce. Así, el río tiene cada vez menos capacidad para contener crecidas.
A esto se suma la ubicación de La Madrid: el pueblo está rodeado por terraplenes en tres de sus lados y tiene al río en el restante. “El agua que llega no tiene por dónde escapar”, sintetiza Valoy.
“Trasladar el pueblo”
Para el especialista, la conclusión es contundente: “La Madrid es un caso que tiene una resolución dramática pero sencilla. Hay que trasladar el pueblo”. También cuestiona la falta de decisiones preventivas: “Nadie advirtió nada”.
Mientras tanto, en el presente, esa falta de planificación se traduce en situaciones como la de María. Casas con cimientos poco profundos, muchas veces de apenas 60 centímetros, cuando lo recomendable es 1,80 metros, que no resisten la saturación del suelo.
Compartir techo para sobrevivir: convivencia solidaria entre vecinos de La MadridEn las calles, el agua que escurre genera cárcavas, zanjas que erosionan el terreno y ponen en riesgo las viviendas cercanas. Una vez que aparecen, son difíciles de controlar.
Pero más allá de las explicaciones técnicas, la realidad se mide en historias concretas. Como la de María, que mira su casa, construida durante décadas junto a su marido, y teme perderla. “La hicimos con tanto sacrificio”, dice.