En la previa de un amistoso de alto voltaje frente a Francia, Vinícius Junior rompió con el libreto habitual y dejó una frase que resonó fuerte en el mundo del fútbol. Lejos del discurso confiado que suele rodear a la selección de Brasil, el extremo habló con crudeza y reconoció que hoy su equipo no se posiciona como candidato principal al título en el Mundial 2026.

“No somos favoritos”, deslizó, en una declaración que muchos interpretaron como un sincericidio. Pero lejos de sonar a resignación, el mensaje apuntó a otro lugar: quitarse presión. Según explicó, el plantel prefiere trabajar desde la tranquilidad, con paciencia y foco en el crecimiento colectivo, sin cargar con el peso histórico que suele acompañar a Brasil en cada Copa del Mundo.

El argumento no es caprichoso. Vinícius apoyó su postura en los números recientes: la Verdeamarela terminó quinta en las eliminatorias, el peor registro de su historia en esa instancia. Un dato que expone una realidad incómoda y que obliga a repensar el lugar del equipo en el mapa actual del fútbol mundial.

Sin embargo, la autocrítica convive con la ambición. El delantero del Real Madrid dejó en claro que el objetivo sigue intacto: ir en busca de la sexta estrella. Y para eso, destacó el potencial del plantel. Mencionó nombres como Raphinha, João Pedro, Matheus Cunha, Casemiro, Endrick y Estêvão como ejemplos de un equipo con múltiples variantes, donde el protagonismo puede repartirse.

Otro de los puntos clave que marcó Vinícius fue la llegada de Carlo Ancelotti al banco brasileño. El italiano asumió en mayo y, según el propio jugador, ya comenzó a imprimir su sello: un técnico capaz de leer el juego, adaptarse a las características de sus futbolistas y potenciar un esquema ofensivo, algo casi natural en un equipo con tanto talento en ataque.

En lo personal, el extremo también dejó una definición que refuerza la idea colectiva. Aseguró que no le interesa ser el máximo goleador del torneo, sino cumplir su rol dentro del equipo para alcanzar el objetivo mayor: salir campeón.

Así, entre la autocrítica y la ambición, Vinícius expuso el momento de Brasil sin maquillajes. Un gigante que ya no se asume invencible, pero que tampoco renuncia a su esencia: competir hasta el final.