La sonrisa de Rosko Specman parece no tener fin. Se ríe dentro de la cancha, se muestra apacible fuera de ella y vive cada momento con intensidad. Figura del rugby -jugó durante años en los Blitzboks, el seleccionado de seven de Sudáfrica, y ganó dos medallas de bronce-, hoy transita su experiencia en Sudamérica con la misma energía que lo define. Su llegada a Cobras nació de la curiosidad por descubrir un nuevo continente y, sobre todo, de su deseo de inspirar a nuevas generaciones. Su sencillez se nota en los gestos: en la previa al partido frente a Tarucas, en Tucumán, eligió sentarse en un bar cercano al Parque 9 de Julio para comer un sánguche de milanesa. También se interesa por la historia rugbística de la provincia y mira videos de aquella mítica “Naranja”. Así, “Speckmagic” vive la previa con calma, a la espera de encontrarse con el público tucumano en La Caldera del Parque.

- ¿Cómo te sentís en Cobras?

- Hasta ahora, con Cobras hemos tenido altibajos, pero también siento que hay momentos del partido en los que jugamos contra nosotros mismos. Cometemos penales innecesarios, recibimos alguna amarilla, y después de eso tenemos que salir a correr el partido desde atrás. A veces, cuando estás obligado a remontar, cometés muchos errores. Pero creo que, a medida que avanza la competencia, cada jugador empieza a entender mejor su rol y su responsabilidad de cara a lo que viene.

Estoy con muchas ganas del partido de este fin de semana contra Tarucas. No va a ser fácil, porque tienen forwards muy fuertes para llevar la pelota y backs muy dinámicos. Pero creo que si logramos una victoria este fin de semana, podemos encaminarnos bien.

- ¿Qué opinás del nivel sudamericano en esta competencia?

- Lo que más me sorprendió es la cantidad de jóvenes que están apareciendo, y eso es muy bueno para el rugby sudamericano. Significa que se les están dando oportunidades a los jugadores jóvenes, porque muchas veces no las tienen fuera de Sudamérica. Ahora existe una competencia dentro del continente, y eso es algo positivo. También es muy bueno para los entrenadores de las selecciones sudamericanas, porque pueden observar de cerca a sus jugadores. Como viste, algunos entrenadores viajan a ver a los equipos argentinos, y también en Chile y Uruguay están muy atentos. Está bueno saber que hay una competencia donde los entrenadores pueden ver a sus jugadores sin que estén lejos de casa, porque las estructuras en el exterior no siempre se adaptan a la forma en la que querés jugar. Ahora los tenés cerca y podés trabajar más directamente con ellos.

- ¿Qué sabías del rugby sudamericano antes de venir?

- Nada. Pero le pregunté a Agustín Fraga, porque jugamos juntos en Mónaco. Entonces le pregunté por qué ya no jugaba seven, y me dijo que estaba enfocado en el rugby de 15. Después me contó que estaba jugando en Pampas, y yo le pregunté si había una liga. Me dijo que sí, que era una liga sudamericana. Entonces me acordé de que había jugado contra Pampas en 2010, cuando participaron en la Vodacom Cup en Sudáfrica. Así que empecé a ver algunos partidos de Pampas y Cobras, y pensé: “es una liga muy física”. Después tuve una reunión con los entrenadores de Cobras, que fueron a Sudáfrica. Nos juntamos a tomar un café y me propusieron la posibilidad de sumarme como jugador-entrenador. Y pensé que era una gran oportunidad para volver a Brasil, porque la última vez que había estado fue en 2016, en los Juegos Olímpicos de Río. Volver ahora como jugador-entrenador, en un lugar donde gané mi primera medalla de bronce olímpica, es algo muy especial.

- ¿Qué opinás del ambiente argentino en los partidos y de los hinchas?

- Los hinchas argentinos son increíbles. A mí, sobre todo en el primer partido contra Dogos, me hizo sentir como si estuviera jugando seven o como si fuera argentino. Todos los chicos se acercaban, querían fotos, charlar un poco. Eso fue muy lindo. Siempre es bueno ver a tantos chicos yendo a ver los partidos. Para mí, devolverles algo es quedarme después del partido, sonreír, sacarme fotos y hablar con ellos. Significa que estoy inspirando a muchos jóvenes. Además, nunca pensaron que me iban a conocer en Argentina y menos en esta liga. Eso también es positivo para otros jugadores: si aparece la oportunidad de venir desde afuera, deberían probar esta liga. Es muy física, muy exigente. Si cometés muchos errores, te pueden hacer 50 puntos; pero si te mantenés en partido, los encuentros son muy parejos.

- ¿Te gustaría jugar en algún equipo argentino?

- Sí, sería lindo. El otro día lo hablábamos con unos amigos sudafricanos: si aparece la oportunidad y algún entrenador de acá me llama, sería muy bueno. Me gustaría poder jugar en algún equipo argentino, vivir la cultura, aprender cosas nuevas. Sería increíble. Y si no es como jugador, quizás en un rol de entrenador también sería perfecto.

- ¿Jugarías en Tarucas?

- Sería algo increíble, creo que la gente lo disfrutaría mucho. Pero nunca se sabe, las cosas pueden cambiar. Hay que cruzar los dedos.

- ¿Qué diferencias encontrás entre el rugby sudamericano y el sudafricano?

- Creo que, si mirás a los forwards, hay muchas similitudes. Es un juego dominante en el contacto, que después genera espacios atrás. Argentina juega de una manera muy parecida. Incluso lo vi el año pasado en la selección: dominan adelante y después construyen a partir de eso. Es una fórmula que funciona y muchos equipos la están siguiendo. Hay muchas similitudes entre ambos países, pero la diferencia pasa por quién puede imponer más presión, sobre todo en el scrum.

- ¿Qué cosas tomás del rugby seven para aplicarlas al rugby de 15?

- Lo principal es la mentalidad de no rendirse nunca y de intentar mejorar siempre ese uno por ciento extra. El seven también te ayuda a leer los espacios, a anticipar lo que va a pasar en la siguiente fase. Eso es lo más valioso cuando pasás al rugby de 15. Incluso cuando hay muchos jugadores, podés encontrar la manera de moverte y generar espacios, porque entendés qué necesitan hacer tus compañeros para que vos puedas quedar libre.

- Estamos en año de Mundial. ¿Recordás el de 2010 en Sudáfrica?

- Sí. Creo que ese Mundial también le aportó mucho a Sudáfrica. Permite que la gente venga y conozca la cultura del país, que en nuestro caso es muy diversa. Además, un Mundial genera un impacto económico muy importante. También deja infraestructura, como nuevos estadios, que después pueden usar los equipos locales para atraer más jugadores y más público. Un año de Mundial es muy positivo para un país, tanto para su desarrollo como para mostrarse ante el mundo.

- Para cerrar: ¿cuál es el mensaje o lo más importante que te deja esta experiencia en Sudamérica?

- Hoy, mi mensaje es inspirar a todos. No importa si jugamos en Brasil, Argentina, Uruguay o Chile: quiero inspirar a chicos y chicas a ser parte de algo donde puedan construir amistades y relaciones para toda la vida.