Los fantasmas del peronismo tienen timing. Conocen bien el calendario, sobre todo, el electoral. Se sacuden el polvo y recirculan por los pasillos del poder en tiempos específicos. Los espectros más grandes hacen su aparición cuando un mandato gubernamental pasa la mitad. Y son ponzoñosos, porque fogonean algunos asuntos sensibles para la dirigencia: pueden poner en duda lealtades, engrandecen rivales y hasta sirven para reverdecer internas. En Tucumán, esas presencias ya se perciben y mantienen inquietas a la dirigencia. El principal afectado, lógicamente, es quien encabeza el gobierno y el proyecto político peronista: Osvaldo Jaldo.

El gran desafío que afronta el mandatario provincial es lograr administrarlos. Disiparlos, aplacarlos o redireccionarlos. El tranqueño los vino manejando con destreza entre los suyos y los ajenos. Inclusive, él mismo alimentó y sacó a pasear algunos eventualmente.

Los movimientos se están acentuando con intensidad porque la campaña parece haberse adelantado. Habrá un parate por el Mundial de Fútbol y luego será hora de definiciones.

Lo curioso es que Jaldo transita su primer mandato y tiene posibilidades de ser reelecto, aunque haya varios entusiasmados con presentarse en la Justicia para impedirlo. El escenario que se planteó tras el 2025 de elecciones, sin embargo, propicia que las discusiones -y los fantasmas- estén alborotados.  

Jaldo encara dos frentes. Porque además de la política partidaria, la gestión sigue en marcha y con dificultades por los fondos. Al igual que otros distritos, los mandatarios enfrentan un escenario de restricciones nacionales que los obligan a administrar no sólo recursos, sino también expectativas.

Las fortalezas de su Gobierno son precisamente él mismo y la gestión. Demostró habilidades para ordenar, pero sus cercanos dicen que sabe que en esta etapa ya no alcanza con administrar los equilibrios vigentes que, además, siempre son frágiles. Necesita construir algo más, una narrativa de continuidad que vadee entre no depender sólo de su figura, pero que tampoco tienda a diluir su liderazgo. Es un desafío finito.

Los fantasmas más densos que identifica el propio peronismo son al menos tres. Pueden sumarse más con el paso del tiempo o bien, disiparse y aparecer otros.

La Libertad Avanza

El peronismo tucumano, acostumbrado a administrar el poder, empieza a mirarse en un espejo muy incómodo. Porque hay un escenario más competitivo y menos previsible. El crecimiento del espacio que encabeza el Presidente Javier Milei preocupa al justicialismo y es un espectro que se acerca. Si bien es crítico con la gestión nacional y su mirada hacia el interior, debe mantener la directiva de dialoguismo planteada por Jaldo para la supervivencia.

En el PJ vienen advirtiendo que la imagen presidencial y el rumbo de la microeconomía pueden horadar las buenas proyecciones. Desde hace meses que peronistas de varias vertientes tienen la sensación -o se esperanzan- en que la racha de LLA tendrá un límite.  

La preocupación que los morados generan, sin embargo, se vio claramente en las reacciones ante lo sucedido en torno a la agresión que el diputado Federico Pelli sufrió en La Madrid y los entuertos judiciales por las críticas de su par Soledad Molinuevo.  

Hay algunas certezas que mascullan los “compañeros” que tienen varias gestiones encima: creen que es probable que pierdan la mayoría abrumadora parlamentaria en la Legislatura e, inclusive, el manejo de varios municipios. No es descabellado, teniendo en cuenta la estrategia que Lisandro Catalán ya adelantó que tomarán en 2027: no usarán acoples. Avizoran que el sistema electoral que tantas alegrías le dio al peronismo entrampará a los acoples para la Legislatura, las intendencias y los concejos.

Este fantasma rompe con las lógicas de la política tradicional. Sigue siendo un enigma por el momento. La disputa por el poder, adelantan en el Ejecutivo, tendrá características nuevas y derivaciones impensadas.

Es necesario también voltear hacia los libertarios ¿Cómo jugarán para consolidarse? ¿Qué aliados sumarán? ¿Sumarán más? Todos estos son los interrogantes que recorren el oficialismo.

Resta ver qué sucederá con el resto de la oposición, que está fragmentada, pero que tiene su capital.  

La (no) unidad del peronismo

“Jaldo tiene que ver fantasmas por todos lados. Sobre todo los internos”, lamentó un jaldista. Sucede que son varios los que opinan igual. En el PJ que marca críticas conviven los propios que están heridos con la línea antimilei-manzurista que no se disipó. La unificación para los comicios nacionales quedó lejos. Puede reeditarse, pero en esa línea no están conformes con lo sucedido tras las elecciones.

En el justicialismo más y menos cercano al poder le ponen nombre propio a las preocupaciones: Juan Manzur, Rossana Chahla y Miguel Acevedo. Entienden que son figuras con las que Jaldo eventualmente tendrá que conversar y trabajar más  para no perder la Provincia. El mismo mandatario viene repitiendo que en el peronismo no sobra nadie y los últimos resultados de las urnas dan cuenta de ello.

La cuestión de la fórmula, aunque hay insinuaciones, no está dirimida. Aunque la política diga que es temprano para hablar de ello, no hay dirigente que no esté hablando de ella. Jaldo tomará su tiempo y lo revelará cuando considere necesario. Dicen que comprende la ansiedad. De hecho, él se lanzó a una interna por una indefinición en la sucesión en su momento. Aunque claro, el contexto era otro.

El panorama nacional del movimiento tampoco ayuda. La falta de conducción general y de alternativas cercanas que puedan aglutinar a las provincias genera desazón.  

Los fantasmas del peronismo tienen timing. No llegan antes ni después: aparecen cuando el poder entra en una zona de incomodidad. Jaldo ya está en ese tiempo, en el de afrontarlos. Lo que siga en esta historia dependerá, en gran medida, de él.