La misión Artemis II está a punto de lanzar el Space Launch System hacia la Luna, con una tripulación de lo más diversa. Por primera vez en la historia, una mujer pisará el astro nocturno. Se trata de la astronauta estadounidense Christina Koch, quien avanza a pasos agigantados en la conquista espacial femenina. Pero, consultada sobre cómo se prepara, asegura que no es consciente de ese hito.
La Luna vuelve a estar cerca con el despegue de Artemis IIEl sitio oficial de la NASA la presenta como Christina Hammock Koch, seleccionada en 2013 como astronauta. Participó de las Expediciones 59, 60 y 61 de la Estación Espacial Internacional y su último récord establecido fue por el vuelo espacial individual más largo realizado por una mujer, con un total de 328 días en el espacio.
Christina Koch, la primera mujer que viajará a la Luna
Antes de volverse astronauta, Koch pasó por el desarrollo de instrumentos para misiones científicas espaciales como la ingeniería de campo científica remota en la Antártida y el Ártico. Entre sus aficiones, cuenta su biografía autorizada por la NASA, están el surf, la escalada en hielo y roca, la programación, el servicio comunitario, el yoga, los triatlones, el senderismo, la carpintería, la fotografía y los viajes.
Como parte de su formación académica, Koch empezó a acercarse al mundo aeroespacial en la secundaria, en la Escuela de Ciencia y Matemática de Carolina del Norte en Durham. Posteriormente recibió un doctorado honoris causa de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, donde estudió después. Allí hizo una licenciatura en ingeniería eléctrica y física y una maestría en ingeniería eléctrica. También estudió en la Universidad de Ghana.
Christina Koch: una ingeniera astronauta
En su trabajo creando herramientas en contextos remotos, Koch pasó un año en la estación estadounidense del Polo Sur Amundsen-Scott y una temporada en la Estación Palmer. Integró los equipos de extinción de incendios y búsqueda y rescate en un entorno hostil. Desarrolló instrumentos para la ciencia espacial como ingeniera eléctrica del Departamento Espacial del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins.
Luego volvió a estudiar y trabajar en la Antártida y en Groenlandia. Trabajó como ingeniera de campo en las bases científicas remotas de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica. Fue jefa de estación del Observatorio de Samoa Americana y se dedicó a la docencia, enseñando instrucción técnica y siendo tutora voluntaria.