“‘En las calles de las ciudades españolas todavía no se nota, pero en otros lugares empiezan a verse chicos jóvenes en bicicleta, con mochilas deportivas y gorras de béisbol al revés. El pelo corto con rizos gruesos comienza a desplazar a ese horror que es el corte mullet. Vuelven a llevarse las camisas blancas. Y cuesta creerlo, pero algunos dicen que incluso reaparecerán las corbatas. El responsable de que todo eso esté otra vez de moda es alguien que murió hace 27 años: John John Kennedy, el protagonista junto a Carolyn Bessette de la serie Love story. Tras su estreno, los críticos machacaron la serie tildándola de aburrida, superficial, rígida y repetitiva. Pero a partir del quinto episodio las audiencias se dispararon. En las redes sociales es un fenómeno cultural: las búsquedas en TikTok sobre la pareja aumentaron en 9.100%’. Esta mañana me desperté leyendo esta nota de Miriam González Durántez, periodista de La Vanguardia”, así comenzó Federico van Mameren la editorial de esta noche en “Panorama Tucumano”.

Luego, comentó: “la columnista rescata, de alguna manera, las nuevas costumbres de los jóvenes, que lo único que están haciendo es volver a los años noventa. Esta mirada muestra la aparición de canciones como Wasap y fotos de cómo éramos antes, como si deseáramos una vida más parecida a la de aquellos años. Y, de alguna manera, en la nota lo dice y lo podemos pensar. En aquellos años noventa fue la última época en que nos mirábamos cara a cara, hablábamos codo a codo y nos juntábamos. Es como si en aquella época nos interesara más relacionarnos con la gente que con las máquinas. Hoy la gente se siente mucho más sola y los terapeutas pueden confirmarnos eso. Y, sin embargo, tienen miles de likes que les dicen lo bueno de lo que están haciendo”.

Recordó que en aquella época se creía que ganaban los buenos, las películas tenían final feliz y los que tenían poder sabían hacer las cosas. “En aquella época Mercedes Sosa vivía y la escuchábamos en discos de vinilo, dejándonos cautivar con su voz, que era capaz de hacernos llorar o transportarnos a otro mundo. No nos importaba su ideología. Pero también estaban aquellos a quienes sí les importaba su ideología, pero no la escuchaban simplemente; no la agravian. Hoy lo importante está en el celular: allí caben todos los tipos de agravios”, dijo.

“Hoy una diputada como Soledad Molinuevo y el gobernador Osvaldo Jaldo se pierden en discusiones por la incapacidad de ambos de poder hablar. Y terminan dándole a la Justicia sus disputas de celular. Y claro, si se sentaran a hablar, no sabrían cómo hacerlo. Son otros los valores que están en juego. Este es un simple ejemplo de cómo la necesidad de enfrentarse, a la que nos invitan las autoridades, el presidente y las redes sociales, nos hace olvidar de las responsabilidades y valores que nos competen”, agregó.

En esa línea, el periodista indicó que no hace mucho tiempo, acá en la provincia, se decidió tener una identidad. “Se comenzó a buscar la imagen que representaba a Tucumán, y dos llegaron a la final: una, que es la Casa Histórica, que adoptamos; y otra, Mercedes Sosa. Una Mercedes Sosa que hizo trascender a Tucumán en Argentina y en el mundo. Por eso, más allá de su ideología, Mercedes Sosa no ha quedado afectada por el insulto; quedó afectada la política. Porque cuando una autoridad no logra construir respeto, de alguna manera empieza a fabricar desprecio”.

“Tucumán no es una sociedad que vuelve a los 90; es una sociedad que se ha quedado paralizada en el barro de la inacción, del agravio, como pasó en La Madrid”, finalizó.