La Madrid es un pueblo con cicatrices, las que dejó en las fachadas la inundación del 11 de marzo: manchas de humedad grises y verdosas lastimando las paredes. Esas cicatrices, como en el cuerpo de los guerreros, se entrelazan con marcas de otras batallas, huellas de otras crecidas.
Por dentro, las casas aún no se sienten como hogares y persiste eso que devolvió el agua: cuartos inhabitables por la humedad, vacíos por la pérdida de mobiliarios o porque los han sacado afuera para deshumedecerlos.
Afuera, justamente, transcurre la vida de muchos. Galerías y patios se han convertido en campamentos donde se esparcen colchones, ropa, heladeras, cocinas, muebles, camas, electrodomésticos varios, vehículos: la vida entera secándose al sol.
“Es raro”, dice Rebecca, de 16 años. “Como que no es la casa de uno y la humedad pesa”. Luego cuenta que en el pueblo se respira tristeza, muchos dicen que temen construir o invertir para luego perderle todo, algunos vecinos hablan de partir y otros arriesgan cálculos alarmantes: “Algunos dicen que en 15 años el pueblo no va existir”.
Inundaciones en Tucumán: se estima que las pérdidas triplican el costo de las obrasEn junio de 2017, LA GACETA incursionó en televisión y streaming lanzando el programa de Panorama Tucumano. Los periodistas y conductores Carolina Servetto y Federico van Mameren presentaban el primer informe, la temática: La Madrid a un mes de las inundaciones.
“Volvimos a La Madrid porque consideramos que no debemos olvidar lo que están viviendo esas personas”, decía Van Mameren. Hoy, nueve años después, la historia se repite y volvimos a la localidad para hablar con algunos de los vecinos entrevistados en aquella ocasión.
El agua se lleva todo
Una de ellas es Delicia Concha. La mujer recuerda la entrevista de 2017 y se derrumba emocionalmente. “Casi diez años han pasado y no han hecho nada”. Luego recorre su casa mostrando los daños de la inundación. Cocina y heladera inservibles, colchones mojados y muros dañados.
En el fondo, se despliega el taller mecánico en el que trabaja su familia. “Mi hijo pudo salvar algunos autos llevándolos a la ruta, pero otros quedaron aquí y los tapó el agua”, cuenta mientras señala vehículos aún sucios de barro seco. Con la inundación de 2026, Delicia suma ya cuatro a lo largo de su vida: 1992, 2000, 2017 y 2026. Enumera con la voz entrecortada de angustia y llanto. “En 2017 perdí todo, me recuperé y ahora lo volví a perder”, dice entre lágrimas. “Uno hace el esfuerzo de volver a tener sus cosas porque quiere crecer y progresar, como si se olvidara que el agua puede llevarse todo de nuevo”.
“Como el ave Fénix”
“El 2017 fue fuerte”, recuerda Milagros, sentada en una de las pocas sillas que todavía puede usar en lo que era su hogar. “Aquella vez fuimos a Simoca, esta vez optamos por quedarnos en la ruta”, dice y con tristeza relata cómo su hijo menor lloraba en la carpa: “Mamá, tengo miedo de ahogarme”, repetía el niño de seis años.
La mujer no se imagina a sus hijos creciendo en la misma ciudad que la vio nacer. “No sé qué futuro les espera a mis hijos si cada vez que llueve nos llenamos de agua”, se lamenta, Milagros y recuerda los sucesos que tuvo que atravesar en su vida. “Sufrí la pérdida de mi hijo, la de mi hermanos, las inundaciones. Ya no sé qué más puedo esperar”, dice.
“Mover el pueblo entero no es una solución. ‘La Ma’ es como el ave Fénix, un pueblito que se rearma de las cenizas”, concluye con esperanza.
Acevedo afirmó que se retomará el Plan Hídrico Estratégico de Tucumán para evitar inundacionesDelicia, Rebecca y Milagros describen a La Madrid como un pueblo activo, con una comunidad muy presente en la vida pública, en las plazas, en sus bares y calles.
“Para mí es el pueblo más lindo de la zona”, dice Rebecca. Milagros se lleva la mano al corazón: “A ‘La Ma’ lo llevo aquí”, dice. Su esperanza es que se hagan las obras que impidan que desaparezca.
Las tres vecinas coinciden en que los vecinos de La Madrid tienen un gran arraigo y amor por su lugar y su identidad. Probablemente pocos quieran más a un lugar que aquellos que alguna vez sintieron el temor de perderlo.