En la peatonal de Tucumán, un niño pronuncia las palabras "quiero ser programador". En Simoca, una joven actualiza su currículum por quinta vez, mientras busca su primera oportunidad como desarrolladora. En la capital de la provincia, un chico de 29 años lidera una consultora de inteligencia artificial tras reinventar su carrera. En un bar de Barrio Norte, una traductora intenta adaptarse a un mercado en movimiento. Y a más de 7.000 kilómetros, en Boston, una biotecnóloga mira hacia Argentina con nostalgia, pero la falta de oportunidades y el desfinanciamiento de la ciencia marcan un límite que no quiere volver a cruzar. Escenas separadas por ciudades y continentes, atravesadas por la misma pregunta: qué estudiar hoy y cómo proyectar el futuro.
Qué estudiar hoy: entre la vocación y un mercado laboral que se transforma es la serie multiplataforma que LA GACETA produce desde mediados de marzo y que culminará en un documental-informe. A lo largo de sus entregas, reúne voces de estudiantes, graduados, especialistas y autoridades de universidades como la UNT, la Universidad San Pablo-T, la UTN y la Unsta, junto con referentes de la educación no tradicional y del mundo tecnológico.
Esta nota pone el foco en quienes atraviesan esa tensión: los que recién empiezan a sentarse en los pupitres, los que transitan hace años las aulas y los que, con un título en la mano, buscan trabajo o intentan proyectar un futuro posible en una modernidad cada vez más “líquida”, como diría Zygmunt Bauman.
Elegir en la incertidumbre: qué pesa hoy al decidir una carrera
LA GACETA dio inicio a la producción con una quincena de estudiantes cuenta qué pesa al elegir una carrera, qué futuro proyectan, qué lugar le ven a Tucumán en ese camino, donde la inteligencia artificial es el actor debutante que obtiene todos los papeles.
Un informe del Observatorio de Argentinos por la Educación (julio, 2024) muestra que, entre quienes tienen 19 a 25 años, apenas 38 % estudia y 38 % trabaja, dejando en evidencia la brecha entre expectativas y posibilidades reales en educación y empleo en Argentina.
En Tucumán, ese clima se mete en las aulas. En los estudiantes aparece una tensión constante entre vocación y futuro económico. La vocación no desaparece, pero el factor económico pesa cada vez más.
Después de elegir: lo que pasa cuando la carrera no alcanza
La preocupación no es individual. Un informe de Junior Achievement Argentina y ManpowerGroup (octubre de 2024) muestra que nueve de cada 10 jóvenes tienen dificultades para conseguir trabajo. La falta de experiencia, los horarios de estudio y la escasez de vacantes aparecen como las principales trabas. En ese contexto, terminar una carrera no garantiza la misma estabilidad de décadas atrás: sólo el 13% de los jóvenes de entre 19 y 25 años accede a un empleo formal y siete de cada 10 aceptan trabajos que no les gustan.
Las estadísticas hablan de una dificultad extendida, pero en las historias concretas esa barrera tiene nombre y recorrido. Esta es la realidad de Ayelén.
Antes de escribir una línea de código, Ayelén Quinteros tuvo que resolver algo más básico: cómo salir de su casa cuando el camino se volvía barro. Creció en Palomino, una zona rural de Simoca, lejos del mundo de la tecnología, y aun así logró recibirse a los 21 años como Técnica Superior en Desarrollo de Software en Monteros, con uno de los mejores promedios. Pero el título no fue suficiente. Hoy, cada búsqueda laboral choca con el mismo requisito: experiencia previa. “Nos piden años de experiencia y ahí nos cortan las alas”, resume desde su casa, donde empezó alquilar para estar más cerca.
Pero no todos los recorridos encuentran un límite en la primera oportunidad laboral. Para algunos, la falta de horizonte no aparece al empezar, sino después de años de formación.
A más de 7.000 kilómetros, Daniela González (34) mira hacia Argentina con una mezcla de distancia y lucidez. Se formó como biotecnóloga en la UNT, fue becaria del Conicet y siguió el camino académico esperado, hasta que decidió romperlo. “En Tucumán veía un techo. No importaba cuánto me formara, había cosas que no podía hacer”, explica en una videollamada con este medio. Hoy vive en Boston, donde trabaja en ciencia de datos aplicada a la biología, en un entorno con más recursos y proyección. Su recorrido explica cómo estudiar y especializarse ya no alcanza cuando el contexto no ofrece condiciones para desarrollarse.
Frente a ese escenario, hay quienes toman otro camino. Ni resignarse a la falta de oportunidades ni irse: apostar a construir oportunidades en un contexto incierto.
En un café coworking de San Miguel de Tucumán, Ignacio Schuttemberger habla de datos, pero también de decisiones. Tiene 29 años, estudió Administración en la UNT y, en medio de una crisis personal, decidió reinventarse de forma autodidacta en ciencia de datos e inteligencia artificial. Hoy lidera Wais, una consultora pionera en la provincia que trabaja con empresas y proyectos tecnológicos, en un campo que no deja de expandirse. A diferencia de otros, eligió quedarse. “Quiero que el impacto quede acá”, dice.
Más tarde, en un bar de Barrio Norte, las conversaciones se cruzan en distintos idiomas, los acentos se mezclan en cada mesa y Alba María Soraire encuentra algo que no aparece en ninguna aplicación: personas. Se recibió hace dos años como traductora e intérprete de inglés y hoy ejerce en un campo atravesado por la inteligencia artificial. “Desde chica me gustaban los idiomas. Quería que deje de ser un hobby y que sea una herramienta laboral”, cuenta. Durante mucho tiempo, le dijeron que el inglés abría puertas. Hoy, esas puertas siguen existiendo, pero ya no son las mismas.
Cada una de estas historias teje un hilo en la red de decisiones posibles: buscar, irse o quedarse. Pero hay un momento de la vida en que esa tensión todavía no pesa: en la infancia, cuando elegir es, por ahora, simplemente imaginar, aprender y descubrir. Esa es la etapa donde la vocación empieza a germinar antes de encontrarse con la incertidumbre del mundo real.
Qué estudiar mañana: lo que imaginan los niños tucumanos
En el cierre de la serie, niños y niñas cuentan qué sueñan ser cuando sean grandes: un mapa que mezcla tradición y cambio. Mientras el mundo laboral se transforma, la inteligencia artificial avanza y las carreras se redefinen, todavía resiste la imaginación. LA GACETA salió a la calle con la pregunta ¿qué quieren ser cuando sean grandes? para ver qué cambió y qué permanece. Entre los varones se repiten profesiones como policía o militar; entre las niñas predominan roles vinculados a la salud, la educación y el arte. Sin embargo, también aparecen opciones nuevas o menos tradicionales, como la programación o la creación de contenido.
El niño todavía no duda. Dice que quiere programar como si el futuro fuera un camino claro. Todavía no lo sabe, pero su respuesta —simple, segura— es cada vez más difícil de sostener en el tiempo. A medida que crecen, las certezas se vuelven preguntas, y las preguntas, decisiones cada vez más complejas.
Elegir qué estudiar ya no es elegir una meta, sino aprender a moverse en un mapa que cambia todo el tiempo. Y en ese movimiento, entre la vocación y la necesidad, entre quedarse o irse, entre intentar o reinventarse con nuevas habilidades, se juega algo más que un futuro laboral: se define también qué lugar puede —o no— ofrecer un país a quienes lo imaginan.