José Rafael Cancino, taficeño de nacimiento y bonaerense de crecimiento, tenía 21 años cuando el mar helado del Atlántico Sur lo enfrentó, de golpe, con la dimensión más cruda de la guerra. Como oficial de carrera de la Armada Argentina a bordo del destructor ARA Bouchard, participó del rescate de los náufragos del crucero ARA General Belgrano, en una de las escenas más dramáticas de Malvinas. Hoy, con 64 años y radicado en Tucumán, este 2 de abril lo encuentra en Londres, en una postal tan inesperada como íntima. Sin épica ni rencor, resume su historia con tres definiciones que atraviesan su vida: “No me siento un héroe”; “lo más duro fue rescatar a los náufragos del Belgrano”; y “los ingleses fueron enemigos de guerra, no enemigos de la vida”.
A más de cuatro décadas de la guerra, la voz de Cancino se aleja de la épica y se instala en la memoria real: la del frío, el miedo, el deber y la humanidad en medio del desastre. Su historia es también una forma de reconciliar pasado y presente sin olvidar lo esencial.
-¿Cómo se da la posibilidad de estar este 2 de abril en Londres?
-Fuimos con otros tres muchachos excombatientes de Malvinas, en un viaje pagado por nosotros. Estuvimos en la embajada argentina, en 65 Brook Street, en una actividad no oficial, una charla con un equipo que trabaja allí. Nuestra presencia, más allá de lo simbólico, también tiene algo de turismo, pero claramente no es un viaje cualquiera.
-¿Qué plantearon en ese encuentro?
-Básicamente queríamos saber qué se está haciendo respecto a Malvinas, qué políticas hay, qué visión tienen. Fue más un planteo nuestro que otra cosa.
-¿Cómo se vive estar en Londres en una fecha tan significativa como el 2 de abril?
-Es fuerte. Tiene una carga simbólica muy grande. Pero yo lo vivo desde un lugar personal. No vine con rencor ni con bronca.
- ¿Cómo fue tu camino hacia la Armada?
-Hice la primaria en Tucumán, en la escuela Obispo Molina. Después me fui a Buenos Aires y ahí seguí la carrera militar. Fui a Malvinas como personal de carrera, no como conscripto.
-¿Dónde estabas destinado durante la guerra?
-Estaba embarcado en el destructor ARA Bouchard. Me desempeñaba en el área de armas submarinas.
-¿Qué tareas cumplían al inicio del conflicto?
-Nosotros escoltábamos al crucero ARA General Belgrano junto a otro destructor. Hacíamos tareas de vigilancia y protección.
-Sin dudas que el momento más dramático que les tocó enfrentar fue el ataque inglés al Belgrano, ¿cómo viviste esa situación?
-Fue el 2 de mayo, cerca de las 16. Nos lanzaron torpedos al Belgrano y también a nosotros. El que le dispararon al Bouchard pasó cerca, explotó afuera, pero le hizo daño. Tuvimos que empezar maniobras evasivas de inmediato.
-¿Qué pasó después del ataque?
-Se hizo de noche muy rápido. Estuvimos toda la noche haciendo maniobras, buscando posibles submarinos que pudieran atacarnos. Al otro día, con luz, se decidió iniciar la búsqueda de sobrevivientes.
-¿Cómo fue ese operativo de rescate?
-Muy complejo. Había mucho viento y oleaje, las balsas se dispersaron. Seguimos la dirección del viento para encontrarlas. Hubo pilotos de aviones que también ayudaron a ubicarlas.
-¿Qué encontraron al llegar?
-De todo. Gente viva, herida, quemada… y muertos. Lo más duro de mi carrera fue rescatar a los náufragos del Belgrano. Esa fue una imagen que me quedó para siempre.
-¿En qué momento tomás dimensión de que estás en una guerra?
-Ahí, cuando ves eso. Cuando estás en el medio del mar, rodeado de agua, con la amenaza de un submarino, y rescatando gente en ese estado. Ahí entendés todo.
-¿Sentiste miedo?
-Sí. El que dice que no tuvo miedo, miente. Pero el entrenamiento hace que te enfoqués en lo que tenés que hacer.
-¿Cómo seguía la situación después del rescate?
-Seguíamos en peligro. Un submarino podía atacarte en cualquier momento. Y además, nuestro barco tenía una fisura por la explosión de un torpedo. La reparamos en el mar y seguimos operando así hasta julio.
-¿Cuánto tiempo estuviste en zona de conflicto?
-Desde fines de marzo hasta julio. El Bouchard estuvo todo el tiempo en operaciones.
-¿Cómo fue el regreso?
-Volvimos a Puerto Belgrano, en la provincia de Buenos Aires y entramos en dique seco. Ahí nos dieron licencia y pude volver a Tucumán.
-¿Cómo fue el reencuentro con tu familia?
-Muy fuerte. Ellos no sabían nada. No sabían si estaba vivo. Ahí recién tomé dimensión de lo que habían pasado.
-¿Pudiste contarles lo que viviste?
-Al principio, no. Les conté sólo una parte. Me llevó años poder hablar de todo.
-¿Cómo fue la vida después de la guerra?
-Difícil. Durante mucho tiempo nos veían como “loquitos de la guerra”. Costaba conseguir trabajo. Había mucho prejuicio.
-¿Eso afectó a los veteranos?
-Mucho. Fue otra batalla, la de volver a insertarse.
-¿Formaste familia?
-Sí, tengo un hijo, Nicolás. Es sociólogo y vive en Buenos Aires.
-Hoy, muchos te consideran un héroe. ¿Vos cómo te definís?
-No me siento un héroe. Los héroes son los que quedaron allá, los que dieron su vida.
-¿Qué significa Malvinas hoy en tu vida?
-Es parte de mí. Pero trato de vivirlo sin odio, sin rencor.
-¿Qué sentís al estar hoy, justamente un 2 de abril, en el país que fue enemigo en la guerra?
-Fueron enemigos de guerra, no enemigos de la vida. Yo no comparto la guerra. No tengo odio hacia Inglaterra.
-¿Qué mensaje te gustaría dejar a los argentinos en este 2 de abril?
-Que recordemos, pero que también aprendamos. Que valoremos la paz y que no olvidemos a los que quedaron.