La lesión de Agustín Marchesín abrió un interrogante clave en Boca en la antesala de la Copa Libertadores. El arquero titular sufrió un desgarro grado tres en el aductor derecho el 22 de marzo, durante el partido ante Instituto, y desde entonces inició una recuperación contrarreloj con un objetivo claro: estar disponible para el debut copero frente a Universidad Católica, el próximo 7 de abril.

El panorama no es sencillo. Una lesión de esa magnitud suele demandar entre uno y dos meses de recuperación, pero Marchesín se aferra a un antecedente que alimenta la ilusión: en el pasado logró superar una dolencia similar en apenas tres semanas. Esta vez, el margen es aún más ajustado, con poco más de 15 días entre la lesión y el estreno internacional.

Mientras tanto, el arco de Boca tiene dueño momentáneo. Leandro Brey fue el encargado de reemplazarlo en el duelo ante Talleres, en el que dejó sensaciones mixtas. Por un lado, cumplió con el objetivo principal de mantener la valla invicta; por otro, evidenció algunas dudas en el juego aéreo y cierta imprecisión con los pies, aspectos que el cuerpo técnico seguirá de cerca.

Sin embargo, el joven arquero no es un improvisado en este tipo de escenarios. Brey ya cuenta con experiencia en la Libertadores: debutó en 2022 frente a Always Ready y volvió a tener participación en la edición 2025, incluso en una tanda de penales ante Alianza Lima, lo que le aporta un respaldo importante en caso de tener que asumir la responsabilidad.

La decisión final dependerá de la evolución física de Marchesín en los próximos días. Boca afronta una seguidilla determinante que incluye, además del debut ante Universidad Católica, cruces ante Independiente, Barcelona y el Superclásico frente a River, lo que obliga a no tomar riesgos innecesarios.

En ese contexto, el club se mueve entre la urgencia y la prudencia. Marchesín empuja para volver cuanto antes, mientras Brey se prepara para responder si le toca. El arco, una vez más, se convierte en una de las claves del futuro inmediato del equipo.