En una cuadra colmada de silencio, tristeza y bronca contenida, vecinos de Chacabuco al 2800, en San Miguel de Tucumán, despidieron este domingo al niño de 12 años que falleció la noche de ayer tras sufrir una descarga eléctrica en medio de la tormenta y las inundaciones que azotaron la provincia.
El velorio se realizó en la casa familiar del adolescente, sobre una calle que permaneció cortada para permitir la presencia de familiares, amigos y allegados. Casi toda la cuadra estuvo ocupada por vecinos que se acercaron a acompañar a la familia, visiblemente devastada y sin consuelo. El profesor de fútbol del chico en la escuela Crucero Belgrano colaboró con la organización, instalando una gran carpa y sillas de plástico para resguardar a los asistentes ante la inestabilidad del clima.
El dolor era compartido, pero también lo eran los reclamos. Aunque nadie quería hablar públicamente, el malestar se repetía en voz baja: la tragedia, para muchos, no fue un hecho aislado. Según relataron vecinos, en la zona funciona desde hace tiempo una feria informal que se extiende por varias cuadras. Los feriantes, aseguran, se conectan de forma precaria al alumbrado público para obtener electricidad.
Siempre de acuerdo con estos testimonios, al comenzar la tormenta los puestos fueron levantados rápidamente para proteger la mercadería, pero las conexiones eléctricas habrían quedado expuestas. En ese contexto, se habría producido el accidente que terminó con la vida del niño.
La investigación del caso está en curso, tal como informó LA GACETA, mientras crecen los pedidos de control sobre estas instalaciones clandestinas y sobre la actividad de la feria.
Histórico reclamo
A la par, los vecinos volvieron a insistir en un reclamo histórico: las inundaciones recurrentes. Denuncian que cada lluvia intensa deja calles anegadas, muchas veces con una mezcla de agua de lluvia y líquidos cloacales. “Es un problema de siempre”, repiten, al describir una zona que consideran olvidada por las autoridades, especialmente en los sectores ubicados al sur de las avenidas principales.
En ese escenario -de calles anegadas, precariedad y abandono- la muerte del niño profundizó una herida que ya existía. El velorio fue, además de una despedida, una expresión colectiva de dolor y de un reclamo urgente para evitar que una tragedia similar vuelva a ocurrir.