Carlos Federico Kirschbaum sostenía que la técnica debía estar al servicio del hombre. Le imprimió a cada acción de su vida esa concepción humanista y de servicio, tanto en lo público como en lo privado. Quienes lo conocieron y compartieron proyectos con él, destacan una de sus principales virtudes: una generosidad a prueba de todo y para todos.

El destacado y reconocido científico, profesor emérito y creador del Laboratorio de Luminotecnia de la UNT y ex funcionario universitario y provincial en Tucumán y en Salta, falleció a los 81 años, pero su legado está intacto y se proyectará en el tiempo, con ideas que fueron fortaleciéndose a medida en que desarrollaba una labor volcada a lo social. Con su partida, se pierde a un pensador completo, que siempre buscó amalgamar saberes y para quien nada (ni nadie) podía estar aislado del resto.

Por eso es que no aceptaba categorías ni encasillamientos. “Algunos me decían izquierdista, otros proimperialista. Siempre me molestó que me discriminaran intelectual, racial o políticamente”, aseguró en 1992 a LA GACETA.

En esa nota se definía como “un alumno avanzado” cuando ya había creado su posgrado en luminotecnia y se pronunció en contra “del saber único de los idiotas especializados”; siete años más tarde, hablaba de las rupturas en la Argentina que frustraron planes y proyectos (mencionó la Noche de los Bastones Largos en 1966 y el golpe de Estado de 1976, que forzaron al éxodo a científicos y expertos) y ejemplificaba el atraso desde lo más cotidiano: “¿por qué no hemos empezado a exportar sánguches de milanesa, que quien la prueba se da cuenta de su valor nutritivo, en vez de traer a McDonald’s?”.

Un año después (cuando este siglo estaba empezando su camino) calificó a la sociedad tucumana como “un juego permanente de luces y sombras”, algo que conocía a la perfección. Pero junto a la crítica, siempre estaba la propuesta: para sacar adelante a Tucumán, instó a “crear asociaciones de políticos, empresarios, intelectuales y trabajadores para concretar políticas de cultura, educación, salud, desarrollo social, ciencia y tecnología; y garantizar el manejo administrativo, de planificación y ejecución a los responsables de escuelas, hospitales, comunas rurales y municipios”.

Murió Carlos Kirschbaum, profesor emérito de la UNT y referente de la luminotecnia

Desde su rol de Secretario de Ciencia y Técnica de la UNT alertó en octubre de 2001, en medio de la crisis económica, política y social nacional, que el área estaba en riesgo: “reducir su financiamiento en las universidades no es sólo un grave daño a la generación de conocimiento, sino que debilita peligrosamente la capacidad de la provincia para encarar el siglo XXI con herramientas aptas para combatir el atraso y la pobreza, y crear alternativas reales para alcanzar el bienestar de la comunidad y el crecimiento económico”.

Fugazmente pasó por el primer gabinete de José Alperovich, pero en apenas tres meses diseñó una treintena de proyectos. “Es necesario arribar a acuerdos que posibiliten estrategias a mediano y largo plazo, para que sea posible aceptar el desafío histórico de alcanzar un sistema provincial perdurable de ciencia, tecnología e innovación”, reclamó a su despido en febrero de 2004.

Ese mismo año, tanto él como su Departamento de Luminotecnia, Luz y Visión recibieron el premio Balseiro del Ministerio de Educación de la Nación. “En Tucumán no se van a resolver los problemas con la llegada mágica de inversiones, sino a través de una inteligente acción del Estado, cuyo poder de compra debe dirigirse a poner en marcha todo el aparato productivo local”, postuló en una entrevista con este diario de octubre, en la cual habló (una vez más) de sus preocupaciones por el desarrollo antes que sobre sus logros.

Evocaciones

A su retiro, al frente del Departamento quedó Elisa Colombo, su colaboradora más cercana, quien lo recordó como “la persona más generosa” con la que tuvo contacto, en una entrevista entre lágrimas en LG Play. “No solo compartía el conocimiento, sino que estaba atento a todo lo que nos pasaba como equipo, siempre presente”.

Kirschbaum, nuevo emérito de la UNT

“Los programas y proyectos que conseguía eran para que participáramos todos. Nunca dejaba a nadie afuera. Podría haber contratado especialistas de afuera, pero eligió formarnos, organizarnos y hacernos protagonistas”, explicó. Como ejemplo, mencionó que tras la guerra de Malvinas y en momentos en que se reestablecían relaciones con el Reino Unido, Luminotecnia recibió un aporte importante de fondos: “Se podía haber tomado dos años sabáticos, pero en lugar de aprovecharlo individualmente, hizo que todo el equipo viajara para formarse: tesis, posgrados, posdoctorados. Todos crecimos gracias a esa decisión”.

Desde su área colaboró en el diseño de iluminación de más de 60 museos y monumentos en el norte, desde un planteo interdisciplinario que permitió encarar la iluminación más allá de lo técnico, y en relación con su impacto con las personas, el arte, la arquitectura, la naturaleza y la salud. “Trabajábamos con ingenieros, arquitectos, artistas, médicos, psicólogos. Él nos enseñó a pensar la luz desde una perspectiva amplia. Siempre estaba un paso más adelante. Veía más allá de lo que podíamos imaginar”, sintetizó.

Sus enseñanzas se difundieron en numerosos campos, incluyendo el artístico. Oli Alonso lo evocó como “un increíble gestor de proyectos, de ideas maravillosas y de carreras nuevas, inexistentes, y su partida es una gran pérdida; fue un científico y una persona de primerísimo nivel, muy respetuoso dentro de su timidez, que era un rasgo de su personalidad, con su presencia siempre en segundo plano”.

“Te estimulaba de una manera muy particular. Proyectaba una humildad impresionante, con un don de gente impresionante y un enorme conocimiento de su especificidad. Cuando fui director del teatro Alberdi, me puse a ordenar un montón de papeles y encontré un informe que cuando se lo restauró, con todo el proyecto de iluminación escénica que él hizo. Luego participé con Carlos en la iluminación del Rectorado para los 90 años y en la del Monumento a la Bandera de Rosario; y supervisó mi tesis de maestría. Siempre te daba la confianza para que vos hagas tu propio trayecto profesional, tenía cero egoísmo y muy buen ojo para saber quién era quién; sabía perfectamente escucharte, estimularte y cambiarte el norte si veía que vos estabas muy trabado”, agregó.

Kirschbaum reclamó un trato más respetuoso

Su estela fue destacada por otros colegas y amigos. Juan Carlos Ceballos consideró que “las estrellas de nuestra vida se van apagando... quedamos pocos de nuestra generación, pero lo realmente importante es que dejemos una contribución a la sociedad y Carlos cumplió con esa misión”. Entre los jóvenes investigadores del área, José Barraza recordó “las reuniones de Departamento, porque siempre era muy entretenido escucharlo y te ibas con ilusión y ganas de laburar”. “Le debo mucho, mi vida ha dado un vuelco desde que empecé a trabajar con él”, aportó Patricia Napadensky, mientras que Roberto Tagashira (ex titular de la Secretaría de Innovación y Desarrollo Tecnológico de la Provincia) sostuvo: “Carlos fue un beneficiario de la UNT que devolvió los beneficios de la formación y la intensa vida universitaria a la institución. Se va con él una época fecunda”.

Su legado se prolongará en quienes inspiró y se plasmará en un libro que estaba escribiendo con la ayuda de su esposa, Griselda Barale. La obra será publicada próximamente por la editorial de la UNT.

Una trayectoria: un físico con mirada social

Carlos Federico Kirschbaum nació el 11 de septiembre de 1944. Militante universitario estudiantil, se licenció en Física en la UNT en 1973 y como doctor ingeniero en la Universidad Técnica de Berlín en 1981 (se debió exiliar en Alemania). Casado con Griselda Barale, tuvo cuatro hijos. Fue secretario en Ciencia y Técnica de la UNT en las gestiones de César Catalán y de Mario Marigliano y funcionario en Salta con Roberto Romero y en Tucumán (por tres meses) con José Alperovich. Docente de Iluminación en el Departamento de Luminotecnia, Luz y Visión de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología, creó la Escuela de Posgrado en Luz y Visión y fue nombrado Profesor Emérito de la UNT en 2015; al año siguiente, distinguido por el Gobierno de la Provincia durante la gestión de Juan Manzur por sus aportes a la ciencia y a la sociedad.