Las casas en Olacapato quedan empequeñecidas entre la inmensidad de las montañas, colgadas a su suerte ante las inclemencias climáticas y la amenaza de una amplitud térmica donde las nevadas pueden combinarse con un sol abrasador en un plazo de 24 horas. En el asentamiento más alto de la Argentina, sus pobladores se acostumbran a no contar con agua potable y, en muchas ocasiones, a no poder disfrutar de las riquezas que la Tierra a esas alturas puede entregar.
El pueblo del NOA que alberga uno de los volcanes más altos del mundo y un paisaje lunar sorprendenteA 4000 metros de altura, muy cerca del límite con Jujuy, en la provincia de Salta se encuentra Olacapato, una localidad que apenas suma 210 residentes. Los planos de la ciudad no son demasiado complejos: una escuela, una iglesia y las construcciones de adobe de sus vecinos que conviven en pleno respeto con la Pachamama, que les ofrece uno de los lugares más codiciados de la explotación minera y más ricos de la Argentina.
Desafíos extremos en la Puna salteña
La tranquilidad en la zona solo se ve interrumpida por los vientos y el frío, donde el termómetro puede marcar fácilmente los -15°C. Esto obliga a los lugareños a mantenerse dentro de sus hogares, lo que también ocurre en verano, cuando el astro rey, que está más cerca que en cualquier lugar, deja muy poco margen para respirar. La sequía se hace inminente y los árboles no crecen como para ofrecer una sombra.
En este rincón del departamento de Los Andes, el tiempo parece haberse detenido entre sus calles silenciosas y sus viviendas de barro cocido, que bajo el brillo andino adquieren un tono ocre que contrasta de forma magnética con el azul profundo del cielo.
Entre la paz absoluta y una obra única de ingeniería
A pesar de que el oxígeno escasea y cada caminata se siente como un desafío físico a 4.000 metros de altura, el premio es la calma total. La Capilla de Olacapato, una construcción sencilla y despojada, se erige como el corazón de la aldea, rodeada por la inmensidad de los volcanes y montañas áridas que custodian el silencio de la comunidad Quewar Kolla.
A pocos kilómetros, la blancura infinita del Salar de Pocitos y el Salar de Cauchari ofrecen vistas que parecen de otro planeta, ideales para los amantes de la fotografía. Muy cerca del casco urbano se despliega el Parque Solar Cauchari, el complejo de energía limpia más grande de Sudamérica.
La paradoja de un suelo millonario
Es una contradicción visual: miles de paneles espejados que reflejan la luz en medio de una tierra que, aunque rica en minerales como el litio y la ulexita, mucha de su riqueza no llega a los integrantes del pueblo Kolla.
Visitar este paraje es, en esencia, un ejercicio de respeto hacia la naturaleza. Los pobladores, herederos de una cultura milenaria, conviven con la ironía de habitar un suelo que vale millones por la minería, pero que les exige una resistencia diaria casi heroica.