En una declaración testimonial cargada de dolor y precisión, Alejandra Jiménez, tía de Mercedes Kvedaras y quien se describió como su "segunda madre", reveló ante el tribunal los detalles del calvario que vivió la joven antes de ser asesinada por José Figueroa

A través de un relato que abarcó años de confidencias, la testigo describió una relación marcada por la violencia psicológica, el control obsesivo y la manipulación económica.

La doble cara de Figueroa: "Una mirada oscura"

Jiménez, quien reside en España y viajaba periódicamente a Salta, explicó que, aunque el imputado mantenía una fachada de cordialidad con el resto de la familia, el trato hacia Mercedes era radicalmente distinto. "Yo en lo personal, mi percepción, veía bronca, su mirada oscura con ella", afirmó la testigo, destacando que nunca presenció un trato cariñoso de una pareja que se respeta.

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La tía de la víctima detalló que Mercedes vivía bajo un régimen de vigilancia constante: "Se sentía asfixiada por los celos de Jota (Figueroa), que la controlaba mucho cuando iba al gimnasio... no la dejaba ir sola". Los insultos eran frecuentes y denigrantes. Según Jiménez, Mercedes le confesó que Figueroa se dirigía a ella como "trola", "pirata de palo" y "puta".

El "coaching" desde el placard: el miedo a ser descubierta

Uno de los puntos más reveladores del testimonio fue la descripción de una sesión de coaching (profesión de la testigo) realizada entre fines de 2021 y principios de 2022. Mercedes buscaba ayuda para recuperar su autonomía, pero el entorno de control era tal que debió esconderse para hablar.

"Mercedes me atiende dentro de un placard... Me dice: 'Estoy acá en el placar, tía... porque si me ven no voy a poder hablar'", relató Jiménez. Durante esa charla, la víctima fue tajante sobre el origen de su malestar: "La mayor interferencia que yo siento que tengo es Jota, porque él me humilla". La sesión terminó de forma abrupta cuando Mercedes escuchó los pasos de Figueroa llegando a la casa: "Tía, pará, pará... no me dio casi tiempo ni a despedirme, cortó porque ya había sentido que Jota volvía".

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Manipulación económica y el viaje a España

La testigo también hizo hincapié en la violencia económica que sufría su sobrina. Recordó un viaje que Mercedes realizó a España en 2023, donde la notó extremadamente angustiada por el dinero. "Estaba muy nerviosa con los gastos... cada vez que recibía un mensaje de Jota cambiaba la cara", explicó.

Según el testimonio, Figueroa utilizaba los recursos económicos como una herramienta de castigo y sometimiento: "Con lo que le daba él ejercía una manipulación... porque después había un reproche". Mercedes, intentando justificar el control, le decía a su tía: "¿Quién te regala un viaje para España?... ella me quería decir que Jota había hecho una gran hazaña", reflejando la culpa que el imputado le infundía.

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La premonición del horror: "Está tranquilo"

Alejandra Jiménez relató las dos últimas conversaciones que tuvo con Mercedes antes del crimen. El lunes previo al hecho, la joven la llamó para decirle que la decisión de separarse era definitiva. Sin embargo, el jueves —un día antes del asesinato— la comunicación fue alarmante.

"La noté muy alterada... me decía 'tía, se corta la comunicación, pero por favor hablá con mis hermanos'", recordó Jiménez sobre la urgencia de Mercedes por buscar apoyo familiar. En un momento de la charla, la tía le preguntó por el estado de Figueroa: "¿Cómo está Jota? 'Está tranquilo, tía', me dijo. Pero cuando ella me dijo 'está tranquilo', yo no sentí que estaba tranquilo... no pude dormir esa noche".

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El mensaje final y el hallazgo

El día del femicidio, Alejandra recibió una llamada de su hermana (madre de Mercedes), quien le leyó un mensaje enviado por Figueroa que decía: "No aguantaba más, perdónenme, no se peleen con mi mamá".

La reacción de la testigo fue inmediata y certera: "Cuando escuché la oración 'no se peleen con mi mamá', en mi mente vino: la mató. Fue lo primero que se me vino... empecé a ponerme supernerviosa". A pesar de que otros familiares intentaban mantener la esperanza de que se tratara de otra situación, Jiménez insistía: "Algo malo pasó. Yo creo que la mató".

Finalmente, la testigo cerró su declaración mencionando el estado en que quedó el cuerpo de su sobrina, según le relató el abuelo de la víctima: "Me contó que Mercedes estaba desfigurada en el cajón, que tenía muchísimos golpes... tenía como la mano marcada en la boca".