En la Argentina de hoy las certezas son lo que más escasea. Es difícil tener cuestiones seguras. No obstante, si algo podemos precisar sin posibilidades a equivocarnos es que Christina Koch, Víctor Glover, Jeremy Hansen ni Reid Wiseman van a ser candidatos a algo en la República Argentina. Muchísimo menos en Tucumán.
Pero no es una cuestión de nacionalidad, ni de DNI. Ya sabemos que esas cosas se terminan arreglando de alguna manera. Los tucumanos tienen experiencia al respecto. Podemos asegurar que ninguno será candidato por lo que declaró la primera fontanera espacial como ella misma se denominó después de arreglar el inodoro de la nave Orion.
Christina fue contundente: “Cada cosa que hacemos durante esta misión, la hacemos pensando en la siguiente tripulación, en cómo podemos ayudarles a que tengan éxito”. Cualquier político tucumano que haya escuchado esas definiciones debe haber pensado que esta astronauta es una extraterrestre. Es que en Tucumán ningún político es capaz de hacer algo que le dé beneficio a su sucesor. Ni siquiera cuando pertenecen al mismo partido.
Después de conocer el lado oscuro de la Luna el canadiense (sí, canadiense a pesar de las locuras de Donald Trump) Jeremy Hansen dejó en claro que no tiene nada que pueda confundirlo con un político comarcano. “Vivimos en un planeta muy frágil, en medio del vacío del espacio. Eso ya lo sabíamos gracias a la ciencia. Somos muy afortunados de vivir en la Tierra y nuestro propósito en ella ha de ser encontrar el gozo en ayudarnos los unos a los otros y encontrar soluciones juntos en lugar de destruirnos”. Por suerte, Jeremy estaba dando vueltas por el espacio y no se enteró de las desventuras de “Pichón” Segura que todo lo soluciona con un “ancazo”.
Sin dudas Christina y Jeremy deben haber andado muy ocupados en esto de mirar el mundo desde fuera del mundo. Por suerte sacaron fotos para darles certezas a los terraplanistas de que la Tierra es redonda. Desde allá afuera no pudieron horrorizarse ante la falta de solidaridad de algunos tucumanos que despojaron de su anillo de oro a Solana Albornoz, cuando ya no tenía vida y se había convertido en la víctima de la tormenta del domingo pasado. Sus familiares aún siguen buscando en medio de la tristeza.
Hombre, no calles
Ernesto Padilla, Luis Federico Nougués, Miguel Lillo, José Ignacio Aráoz, Ricardo Jaimes Freyre y Juan Heller, entre otros, hoy son simplemente calles. Sobre todo para una generación que se aferra a instagram o a Tik Tok. Sin embargo, hace 100 años, estas calles eran seres humanos de carne y hueso que constituían la llamada Generación del Centenario.
Ninguno podía conocer ni imaginar que muchos años después iban a nacer los astronautas Christina o Jeremy, sin embargo fueron capaces de pensar las obras públicas estratégicas para los 50 o 70 años que los iban a suceder en Tucumán. No estaban exentos de características tan humanas como el celo y la competencia, pero supieron subordinarlas por el bien de la provincia.
La imaginación y el trabajo de esos pensadores fueron los padres de obras viales, de riego y de energía eléctrica (incluido el proyecto del dique El Cadillal que vería la luz varias décadas después). Aquellos no eran astronautas pero tenían la grandeza de pensar en esta tierra que había asegurado el éxito de la guerra de la Independencia.
Déjá vu y frustración
La lluvia recurrentemente vuelve a Tucumán. Y, como si fuera un “déjá vu” todas las escenas se repiten como si el tiempo se encontrara detenido. Como si la provincia hubiera pasado décadas caminando sobre una cinta de entrenamiento: ha recorrido kilómetros -y años- sin haber avanzado ni un ápice. Y, lo peor, es que nadie tiene vergüenza ni la dirigencia provincial ni la nacional. El viaje a la Luna podría también ser un “Deja vu” para muchos, sin embargo, está muy lejos de serlo.
A lo largo de esta semana que nunca más volverá, el vicegobernador de la Provincia volvió a poner en marcha la comisión que había estudiado cómo salir de las tragedias que se ensañan con La Madrid. Con protagonistas diferentes la foto de esa reunión era la imagen congelada del fracaso. Una escena idéntica se había producido décadas atrás. De ese trabajo los tucumanos aprendieron que sale más caro quedarse quieto qué hacer.
El producido de aquella comisión que ahora vuelve a corporizarse, indicaba que había que hacer una serie de obras y que el costo de realizarlas iba a ser de 10 millones de dólares. No hacerlas derivó en inundaciones una década después que arrastró un gasto de 30 millones de dólares. El gerente de cualquier empresa que en tan sólo 10 años desarrolle esta ecuación lo más seguro es que sea despedido. En la política tucumana es elegido o reelegido.
“La mayor parte de mi vida he sentido frustración porque veía que los problemas de las inundaciones no se resolvían nunca”. La frase es del ingeniero Franklin Adler que el martes pasado estuvo en las pantallas de LG Play, la versión televisiva de LA GACETA. Adler, reforzó su desdicha: “Con la madurez, que me dieron los años, entendí que estamos pagando por nuestra forma de ser, de vivir, por nuestra idiosincrasia, por nuestra organización social y por nuestra organización política”.
No hace falta aclarar que este hombre, autor del libro “El futuro del agua en Tucumán”, no es la primera vez que advierte sobre la incapacidad de la dirigencia política de hacerse cargo de un problema, cuyas soluciones, seguramente no tiene marketing electoral. Otras veces que lo hizo no recibió ni aplausos ni convocatorias para ser escuchado; recibió duras críticas y el maltrato público. Es que a la lógica de los astronautas o de los que protagonizaron la Generación del Centenario se las ha llevado el agua.
Había plata
Como si Javier Milei hubiera estado presente siempre, la respuesta que han escuchado los tucumanos ha sido la misma: “no hay plata”. No importa que después se termine gastando más al tener que solucionar las urgencias de las inundaciones. Las lluvias y las tormentas como actores de la vida y del futuro tucumano indudablemente no estaban previstas. Por eso se informó que se utilizarán los fondos de la ex Legislatura para financiar el plan hídrico que se reflota en la Cámara. Es tan claro que después de la tormenta todo pasa al olvido que hay inclusive licitaciones realizadas para encarar obras y nunca se ejecutaron.
El jueves pasado, el Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas, IAEF, hizo un encuentro para analizar y conocer las perspectivas del NOA. El panel de cierre se hizo bajo el título “Infraestructura y financiamiento: capital para escalar”. Los disertantes eran Lise Cougé, Juan Villar y Carina Pasut. Los tres nombres seguramente no dicen nada. Sin embargo, ellos representaban a la Unión Europea, al Banco Mundial y al BID. Desde el estrado explicaron todas las facilidades y posibilidades de que grandes empresas, PyME y entidades públicas puedan obtener fondos para encarar proyectos. Curiosamente, entre los asistentes no había nadie de la vida pública tucumana. Había plata, más no oyentes.
Al terminar el encuentro, la pregunta recurrente de los asistentes fue por qué no estuvieron las autoridades. En realidad el reclamo era para los organizadores que deberían haberlos invitado. La respuesta es que las agendas están atestadas y por lo tanto no fueron al convite. Curiosamente colegas del gobernador tucumano como el catamarqueño o el jujeño estaban listos para venir a la provincia pero se bajaron del estribo al ver que el gobernador anfitrión no asistiría. “Siempre le digo a la gente: haz lo que te dé miedo”, es el consejo motivador que siempre da la astronauta Christina Koch a quienes la escuchan.
Días antes del amerizaje, el presidente de los Estados Unidos estuvo lejos de seguir el mensaje solidario de los astronautas. Amenaza con terminar con toda una civilización. La lógica amigo-enemigo no descansa en una sociedad que desde hace más de 30 años se conforma con la paz social que no es otra cosa que “estoy pagando los sueldos a término”, no estoy construyendo obras para que el futuro implique crecimiento.
Mientras los tucumanos no encuentren el camino para que la dirigencia actual trabaje para las venideras sin importar el color político, la única frase que se repite es la del comandante del Apollo 13, Jim Lovell: “Houston, tenemos un problema”