Pasaron 20 años del crimen. Pasaron 12 años desde las primeras condenas por maniobras fraudulentas en la investigación. Así y todo no deja de sorprender, pese al paso del tiempo, la cantidad de manipulaciones que se hicieron a lo largo del proceso para, como mínimo, desviar la atención en el marco de la causa por el crimen de Paulina Lebbos. Es que ayer, por tercera vez, un testigo se presentó ante los jueces Fabián Fradejas, Gustavo Romagnoli y Luis Morales Lezica, y desmintió haber dado una versión que, en los expedientes, quedó registrada en un acta policial tomada en el Departamento Informaciones de la Policía, el D2. Y en los tres casos la pista apuntaba a lo mismo: que la joven estudiante de Comunicación Social había sido vista con vida y sin ningún tipo de problemas el 3 de marzo de 2006, cinco días después de la denuncia de su desaparición y una semana antes de que encontraran su cuerpo, en el edificio de la Maternidad.
Llevado a la fuerza
Raúl Roberto Rojas es sargento retirado de la Policía. Fue el último testigo en declarar en el juicio que se inició el 3 de marzo. Pero su presencia ante el Tribunal no fue fácil. De hecho, Rojas fue llevado por la fuerza pública a la sede del fuero penal ya que, a pesar de las distintas citaciones, se negaba a declarar. Eso fue lo primero que le recriminó Fradejas, presidente del Tribunal: “¿Por qué llegó hasta este punto, de tener que ser traído de esta manera; por qué no accedió a declarar cuando se lo citó?”, le preguntó. Y el testigo aseguró que no se había presentado porque padece cáncer y está bajo tratamiento con quimioterapia. Fradejas entonces le recordó que se le ofreció declarar vía zoom desde su casa y que incluso se le podría haber facilitado un teléfono para que lo hiciera, tras lo cual dio paso el interrogatorio.
Pero a pesar de las pruebas, la respuesta fue siempre la misma. Problemas de memoria. Roque Araujo, el defensor oficial de César Soto, el imputado por el crimen, y quien había insistido en que el ex policía declarara “para buscar la verdad real de lo sucedido”, le preguntó si él, efectivamente, había visto con vida a Paulina ese 3 de marzo. Rojas, en ese momento, era jefe de seguridad en la Maternidad. Pero a pesar de la insistencia en el interrogatorio, todo lo que dijo mientras estuvo sentado en la silla de los testigos fue “no me acuerdo”.
Araujo pidió entonces que se le mostrara el acta con su declaración, en la que estaba estampada su firma. Y el testigo reconoció su rúbrica, pero, otra vez, dijo no recordar lo que había declarado. Es que según las palabras que fueron transcriptas en el acta, él aseguró “sin ningún tipo de dudas” que había visto a Paulina en la Maternidad y que la había reconocido por una foto publicada en LA GACETA. Pero eso fue hace 20 años. Ayer ya no se acordaba de nada.
Tercera vez
El episodio podría pasar como uno más en un juicio en el que se busca por primera vez saber qué fue lo que pasó con Paulina y, sobre todo, descubrir quién la mató. Pero es la tercera vez que sucede. El primero en haber dado esta versión y ser llamado a declarar fue un taxista, Walter Morales, quien había sido solicitado como testigo por el fiscal Carlos Sale, quien, ya durante el juicio, desistió de su testimonio. Pero el defensor Araujo quería escucharlo, por lo que se lo citó. Por zoom, ya que el hombre afirmó que padecía serios problemas de salud, dijo que no recordaba haber declarado que vio a Paulina en la Maternidad.
Pero, igual que en el caso de Rojas, hay un acta, también confeccionada en el D2, en el que asegura que la vio en la Maternidad. También está su firma en ese documento; pero así y todo, ahora dijo que no recordaba nada.
La semana pasada la escena se repitió, esta vez con otro policía, Edmundo Lazarte, compañero de Rojas. En el expediente hay un acta policial, tomada en D2, en la que Lazarte aparece declarando que la primera semana de marzo vio a Paulina Lebbos en la Maternidad. Que estaba seguro de que era ella. Que le había visto un tatuaje de una pantera en el abdomen y que no tenía dudas sobre lo que había visto. Sin embargo, ante preguntas de Araujo, dijo primero que no se acordaba de haber dicho eso, y luego que no sabía nada del caso. Pero su firma, y él la reconoció, estaba estampada en esa acta policial. Sin embargo Lazarte se mantuvo en su postura de no recordar nada de ese hecho.
Ayer, al igual que hizo con Lazarte, Araujo pidió al Tribunal que se analice la posibilidad de investigar al testigo por falso testimonio.
Pista “plantada”
Alberto Lebbos, el padre de Paulina, sostiene que la pista “Maternidad” es una más de las plantadas por la Policía, como la del remisero Juan Pedro Cruzado, que dijo haber llevado a Paulina ese 26 de febrero a la madrugada hasta inmediaciones del parque 9 de Julio, y que todas habían sido orquestadas por el comisario Fernando Maruf. Él era jefe del D2 y a quien un anterior tribunal de juicio ya había ordenado que se investigara por encubrimiento. Hace pocon en un juicio abreviado, Maruf recibió tres años de prisión de ejecución condicional por encubrimiento.
Periciales y alegatos
Así concluyeron las testimoniales en el juicio que se le sigue a Soto y a Sergio Kaleñuk, como posible autor del delito de encubrimiento agravado. En las dos jornadas que restan de esta semana se incorporarán pruebas solicitadas por las partes, tanto de testigos como periciales, y la próxima semana comenzarían los alegatos.