El regreso de Darío Benedetto a la Bombonera promete ser uno de los grandes focos de la jornada de Copa Libertadores. Esta vez, el delantero volverá al estadio que tantas veces lo tuvo como protagonista, pero vistiendo la camiseta de Barcelona de Ecuador, en un cruce atravesado por la emoción y la tensión. “Siempre va a ser especial jugar contra Boca”, reconoció el “Pipa”, quien dejó una huella importante en el club con 71 goles y seis títulos. 

Sin embargo, su salida en 2024 estuvo marcada por el desgaste, el bajo rendimiento y algunas declaraciones que generaron ruido, como aquella frase dirigida al entonces entrenador Diego Martínez: “noches alegres, mañanas tristes”.

El vínculo con el hincha quedó en una zona gris. Aunque Benedetto asegura que “la relación está bien” y se muestra agradecido, el antecedente más cercano -cuando visitó la Bombonera con Newell’s- dejó una recepción dividida, entre aplausos aislados, indiferencia y algunos silbidos.

Incluso, en los últimos tiempos, el delantero tomó una decisión simbólica: cubrirse el tatuaje del escudo de Boca que tenía en su pierna, reflejo de un cierre lejos de lo ideal.

De todos modos, el atacante dejó en claro que su profesionalismo está por encima de todo. “No gritaría un gol, por respeto al club y a la gente de Boca, pero voy a querer ganar”, afirmó, marcando el equilibrio entre su pasado y su presente.

Tras sus pasos por México y Paraguay, Benedetto llega como titular en el conjunto ecuatoriano y con experiencia de sobra en este tipo de escenarios. Sabe lo que es jugar finales de Libertadores en la Bombonera y conoce el peso de cada partido en ese contexto.

Su regreso, además, coincide con una noche especial: el primer partido de Boca como local en la Copa Libertadores tras dos años de ausencia. Un marco ideal para una historia que todavía tiene capítulos por escribir.