En el complejo entramado de la justicia penal, donde las palabras suelen ser volubles y los testimonios pueden teñirse de parcialidad, el cuerpo humano se erige como el último y más honesto testigo de la verdad.

El médico forense, Daniel Chirife, un profesional cuya trayectoria se forjó en la penumbra de la morgue y bajo la luz cenital de los laboratorios, asumió una vez más la responsabilidad de traducir el lenguaje de las heridas ante el tribunal: fue el encargado de dirigir la autopsia de Mercedes Kvedaras, la tarde del 4 de agosto de 2023. 

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Con la autoridad que le otorgan más de mil autopsias y el índice más alto de intervención en femicidios del NOA, el médico legalista no solo presentó un informe técnico, sino que realizó una reconstrucción quirúrgica de la tragedia. Esta pieza fundamental del proceso, una vez finalizada, fue firmada y avalada por la totalidad de los peritos de parte intervinientes —el doctor Daniel Dip por la defensa de José Figueroa y Benito Mena por la querella—, otorgando un sello de consenso científico inamovible a la verdad revelada en la mesa de necropsia.

No quiso estar presente 

Antes de que Chirife comenzara a desglosar los hallazgos que sellarían el destino de la causa, la sala de audiencias fue testigo de un último intento de la defensa por proteger la sensibilidad del acusado. Los abogados de José Eduardo Figueroa solicitaron que el imputado fuera retirado del recinto, argumentando que la reproducción de las imágenes de la autopsia resultaría perturbadora para él.

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Aunque la querella y la fiscalía se opusieron firmemente, sosteniendo que Figueroa debía enfrentar las pruebas de sus propios actos en un juicio en su contra, el tribunal decidió finalmente que el acusado permaneciera en un cuarto contiguo bajo custodia. En ese ambiente de silencio sepulcral, Chirife inició su alocución describiendo una escena de "violencia excesiva", una calificación técnica que resonó en el estrado como el preludio de un horror que la ciencia se encargaría de documentar centímetro a centímetro.

La mecánica de la muerte

La conclusión central de Chirife fue tan contundente como devastadora: la muerte de Mercedes Kvedaras fue el resultado de una “asfixia mecánica mixta”. El perito detalló con precisión técnica que el agresor no se limitó a un solo método para interrumpir la vida de la víctima. Por un lado, se produjo una estrangulación manual que colapsó las estructuras vitales del cuello, pero simultáneamente, el atacante habría procedido a tapar de forma hermética las vías respiratorias superiores, boca y nariz.

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Esta combinación de fuerzas impidió cualquier posibilidad de intercambio gaseoso, llevando al organismo a un estado de hipoxia extrema. En este sentido, el médico fue riguroso al establecer la temporalidad del sufrimiento; explicó que, “desde el inicio de la compresión, el tiempo de agonía de la mujer osciló entre los 3 y 5 minutos”, un intervalo de resistencia vital que se prolongó hasta que finalmente ocurrió el paro cardiorrespiratorio que puso fin a su lucha.

El desmantelamiento de la hipótesis del "accidente"

Uno de los momentos de mayor peso académico ocurrió cuando Chirife se refirió a la teoría introducida por la defensa sobre un posible "efecto latigazo" derivado de una caída. El médico fue categórico al manifestar ante el tribunal que "no existe la posibilidad" de que los hallazgos médicos correspondan a esa mecánica. Con la seguridad que le brinda su rol como profesor de Medicina Legal, explicó que para que existiera tal efecto debería haber ocurrido una “luxación o ruptura de las vértebras cervicales”, sin embargo, la columna de la víctima se encontraba intacta.

Chirife fue tajante al asegurar que las lesiones "no son compatibles" con un latigazo y que lo que dice Figueroa en sus versiones preliminares simplemente "no condice con la autopsia".

El mapa del rostro y la contundencia de los impactos

Al describir las lesiones en la cabeza y el rostro, Chirife abordó la naturaleza de los golpes recibidos por Kvedaras. Desmintió la creencia popular de que un impacto de puño “debe dejar necesariamente la marca de los nudillos impresa en la piel”, aclarando que los golpes "no siempre dejan la marca del puño marcados". No obstante, aseguró con total certeza que todas las lesiones que presentaba la víctima en la región malar, los arcos zigomáticos y las mucosas labiales "podrían haber sido causadas por el puño" del agresor. Estos traumatismos, contemporáneos entre sí, buscaban la desorientación y el derribo de la mujer.

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El examen interno del cráneo confirmó esta violencia al detectar “infiltrados hemáticos extensos” en diversas regiones, incluyendo una lesión específica en la nuca producida por un golpe contundente, lo que refuerza la imagen de un ataque multidireccional.

La dinámica del ataque y la "posición de jinete"

Respecto al modo en que se produjo la agresión final, Chirife descartó que el atacante hubiera utilizado una "llave" o una toma desde la espalda. Por el contrario, manifestó que el ataque fue frontal, lo que permitía una interacción directa y un control total sobre los movimientos de la víctima.

El hallazgo de la fractura bilateral del hueso hioides y el signo de Amusat en la carótida son consistentes con una presión simétrica ejercida desde el frente. Esta mecánica se complementa con las lesiones halladas en el tórax de Mercedes: un petequeado lineal sobre el esternón que sugiere que el agresor se posicionó sobre ella, en lo que la medicina legal denomina "posición de jinete". Según el perito, esta postura fue utilizada para "vencer la resistencia" de la mujer, aprovechando el peso del cuerpo del agresor para inmovilizarla mientras se producía la asfixia.

Las huellas de la resistencia 

Finalmente, el profesional no solo habló de la víctima, sino también de su victimario. Chirife examinó a Figueroa mientras este se encontraba internado en el Hospital San Bernardo, detectando en su antebrazo derecho una serie de “estigmas ungueales” —arañazos— que calificó como "lesiones de lucha".

Estas marcas, producidas por el borde libre de las uñas de Mercedes, son la prueba física de su intento desesperado por defenderse. Sumado a esto, el hallazgo del "hongo de espuma" en la tráquea y las manchas de Tardieu en el corazón y los pulmones confirmaron que "estaba viva la persona" al momento de recibir cada impacto y sufrir la compresión.

La muerte, concluyó Chirife, fue un proceso donde la "vitalidad del tejido" se manifestó en cada hemorragia interna, confirmando que Mercedes Kvedaras luchó durante minutos contra una violencia que el perito no dudó en calificar como absoluta.