El Súper Rugby Américas es una montaña rusa para Tarucas. Ya atravesó las primeras subidas y ahora cayó en la bajada más pronunciada del circuito. Una caída que empieza a extenderse más de lo esperado y que enciende señales de alerta. La derrota 37-13 ante Selknam en Chile no solo profundizó la racha negativa (dos caídas consecutivas), sino que dejó una señal más preocupante: el equipo perdió la identidad que había construido en la primera rueda.
“Volvimos a cometer los mismos errores que hicimos en Capibaras. No fuimos sólidos en defensa. Tenemos que enfocarnos en eso y soy el principal responsable de esta situación. Después los chicos corren, se esfuerzan y, a veces, no sale lo planeado, pero tenemos la capacidad para revertirlo”, dijo Álvaro Galindo, head coach de la franquicia, post partido en Chile.
La pregunta es inevitable: ¿por qué Tarucas atraviesa este bajón? Las respuestas son varias. Estas son algunas claves.
1- El retroceso en el contacto: en Rosario había sido un aviso. En Chile, una confirmación. Tarucas perdió presencia en el punto de contacto, un terreno donde había construido gran parte de su solidez. Selknam leyó esa debilidad y la explotó: pescas constantes, presión en los rucks y recuperación de pelotas que cortaron cualquier intento de continuidad.
El equipo de Álvaro Galindo se mostró incómodo sin la pelota, pero sobre todo vulnerable cuando la tuvo. Perdió posesiones en zonas clave y dejó de imponer condiciones con sus forwards, una de sus principales fortalezas en el inicio del torneo.
El problema no es menor. En el tramo más exigente del calendario (Peñarol, Dogos y Pampas), recuperar el dominio en el contacto no es una opción: es una necesidad. Sin esa base, todo lo demás pierde sentido.
2- Las imprecisiones: Tarucas empezó a mostrar problemas de concentración en distintos momentos del partido. Fallas en las formaciones fijas, errores en el manejo y una imagen general de inseguridad en varias facetas del juego.
Tiene destellos. Intenta con un juego directo. Pero son ráfagas aisladas, como el try de Facundo Cardozo a los dos minutos del partido. Ni ante Capibaras ni en Chile logró imponer su ritmo. Nunca terminó de hacer pie. Y eso, para un equipo que aspira a ser candidato, es imperdonable en un torneo tan parejo.
No es una cuestión individual. Ignacio Cerrutti mantiene su pegada y Estanislao Pregot su criterio. El problema es colectivo: Tarucas no encuentra la manera de romper defensas organizadas. Y cuando no fluye, aparece la frustración. Esa sensación empieza a contagiarse y el aspecto anímico pasa a ser otro frente a resolver.
3- El exceso de confianza: la derrota no modifica demasiado la tabla: Tarucas sigue dentro de los cuatro primeros con 23 puntos y mantiene un pie en la siguiente instancia. Pero el problema no es la posición, sino la tendencia.
Dos caídas consecutivas sin sumar (ni siquiera un punto bonus defensivo) achican el margen y reactivan a los equipos que venían más atrás. Lo que parecía controlado, ahora se vuelve incierto.
“Arrancamos muy bien en los primeros cinco minutos. Ahí mostramos el equipos que queremos ser, pero después empezamos a caer en errores, en buscar individualidades. Creo que, durante la semana entrenamos muy bien, pero nos está constando trasladarlas a la cancha”, dijo Matías Orlando, capitán de Tarucas.
En ese contexto, el buen rendimiento de la primera rueda puede haber jugado en contra. Tarucas dio la sensación de tener el camino encaminado antes de tiempo. Y en un torneo tan parejo, relajarse -aunque sea mínimamente- se paga caro.
El antecedente está fresco: el año pasado también dejó puntos clave en el camino y lo terminó pagando con la eliminación. Hoy, la historia empieza a insinuar un patrón. Y eso es lo que realmente preocupa.
4- La fragilidad defensiva: el propio Galindo lo marcó sin rodeos: el equipo no fue sólido en defensa. Y ahí aparece otro de los retrocesos más evidentes. Tarucas ya no tiene la misma consistencia para sostener los avances rivales ni la agresividad para cortar circuitos de juego.
Selknam lo expuso con claridad. Aprovechó los espacios, encontró grietas en la primera línea defensiva y capitalizó cada desajuste. Pero no fue un hecho aislado: es una tendencia que ya se había insinuado en partidos anteriores.
Defender no es solo tacklear. Es organización, comunicación y lectura. Hoy, Tarucas está fallando en esos tres aspectos. Y en un torneo de este nivel, cada error se paga en puntos.
5- El momento anímico: el rugby también se juega en la cabeza. Y Tarucas, hoy, transmite dudas. Pasó de ser un equipo seguro, con confianza en su sistema, a uno que alterna buenas intenciones con pasajes de desconcierto.
Cuando las cosas no salen, se apura. Cuando pierde la pelota, se desordena. Cuando recibe puntos, le cuesta reaccionar. Esa cadena de pequeñas fallas termina construyendo un escenario más grande: la pérdida de confianza colectiva.
El desafío, entonces, no es solo táctico o físico. También es mental. Volver a creer, recuperar la convicción y sostenerla durante los 80 minutos.
Tarucas todavía está a tiempo. Sigue en zona de clasificación y depende de sí mismo. Pero el margen se achica. Y en el tramo más exigente del calendario, ya no alcanza con competir: necesita volver a ser ese equipo sólido, agresivo y confiable que supo ser. Porque en esta montaña rusa, seguir cayendo ya no es una opción.