Este sábado, en el Monumental “José Fierro”, se avizora un duelo urgido por las necesidades. El presente de Atlético Tucumán no es el mejor, es cierto; pero del otro lado el contexto también aprieta: Banfield atraviesa una dura pelea consigo mismo hace varios meses, una crisis institucional que ya hace tiempo trascendió al ámbito deportivo y se hace carne en una racha negativa que el equipo aún no ha descifrado cómo remediar.
Un poco de contexto. El “Taladro” aseguró su permanencia sobre el cierre del último torneo Clausura con una victoria heroica sobre Lanús en el clásico del sur. El mal momento deportivo fue producto de irregularidades en la economía del club: deudas por un total de USD 1.300.000 le generaron una serie de sanciones disciplinarias; entre ellas, la imposibilidad de incorporar refuerzos de cara a 2026.
Con la pretemporada 2026 ya iniciada, el equipo de Pedro Troglio empezó a correr de atrás en la disputa por los jugadores que requería dentro del mercado. Banfield vendía, pero los ingresos no eran suficientes para saldar la deuda y levantar las sanciones.
“Arrancamos esta pretemporada con algunos inconvenientes. No podemos contratar, hemos perdido cuatro o cinco jugadores y tenemos que arrancar sin poder incorporar”, explicó el entrenador en diálogo con ESPN.
En ese marco, las prioridades cambiaron. El club se concentró en sostener la base que quedaba del plantel -que había dejado una buena imagen sobre el último tramo del torneo, quedando a un paso de la clasificación a los playoffs- y apostó a la promoción de juveniles.
Recién en febrero, la institución levantó la sanción e incorporó a cuatro jugadores; entre ellos, Favio Álvarez, ex volante creativo de Atlético.
Racha negativa
En el presente, ese inicio de temporada convulsionado parece haber repercutido directamente en el rendimiento deportivo. El “Taladro” no gana hace poco más de un mes y acumula una estadística que genera preocupación: seis derrotas consecutivas fuera de casa (el último empate fue frente a Central Córdoba, en noviembre de 2025), lo que arroja un total de cero puntos bajo esa condición en lo que va del Apertura.
El ambiente alcanzó su punto de ebullición tras la derrota en el clásico frente a Lanús, dos fechas atrás. Fue de esas caídas que calan hondo, que preocupan puertas adentro y ante las que la prensa empieza a exigir respuestas con más efervescencia.
En la última jornada, la tensión volvió a escalar: Banfield empató 0-0 ante un Independiente Rivadavia alternativo y disipó nuevamente la bronca general al entender que se había desperdiciado una buena oportunidad de sumar como local.
En la conferencia de prensa post-partido, Troglio explotó ante los periodistas, una muestra del malestar que se vive estos días en el sur bonaerense.
“Me calienta que pidan la cabeza de una persona porque no soy un pendejo, tengo 61 años, soy un entrenador que viene todos los días a laburar, no cobra y le está metiendo el lomo como loco”, disparó el DT, revelando una situación económica delicada en la institución que no le impide seguir comprometido con el día a día. A su vez, el entrenador despejó cualquier duda sobre su continuidad: “Me voy a quedar y me van a tener que bancar la cara”, redondeó desafiante.
Duelo de necesitados
Tras catorce jornadas, el Banfield de Troglio se encuentra en el duodécimo escalafón de la Zona B con 14 puntos, a seis de distancia de los playoffs y casi sin chances de clasificar a falta de dos fechas.
¿Qué se puede esperar en términos tácticos? Un estilo fiel a su identidad: un equipo ordenado, pragmático, con el objetivo de cerrar bien sus líneas, presionar con intensidad y atacar verticalmente. Y un detalle a tener en cuenta por el contexto: Troglio es reconocido por su perfil motivador. Esa esencia invita a no esperar un equipo herido o en agonía. Banfield puede no jugar bien, pero el experimentado entrenador no resignará la actitud.
Pese a que el mayor déficit parece ser la falta de gol (no convirtió en sus últimos dos partidos), los nombres propios indican que el peligro está en sus atacantes: Mauro Méndez es uno de los goleadores del Apertura con seis tantos y la principal amenaza ofensiva (nueve contribuciones de gol en 14 partidos).
Además, cuenta con la compañía del juvenil Tiziano Perrotta, otro de los puntos altos. Todo indica que ambos formarían el doble “9”, con tres volantes por detrás y una línea de cinco defensores.
Así, en el Monumental habrá un duelo de necesitados. En ese sentido, la diferencia la marcará quién muestre más carácter, jerarquía y decisión para dar vuelta el mal momento.