El Gobierno nacional ha decidido que las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) son el nuevo enemigo a vencer en su cruzada por el equilibrio fiscal. El plan es de dos tiempos: para los comicios legislativos de 2025, la estrategia había sido ponerlas en el “freezer”, vaciándolas de contenido ante la falta de acuerdos para una reforma inmediata. Pero el objetivo de fondo es más ambicioso: el proyecto de ley que ya transita los pasillos del Congreso busca derogarlas definitivamente para que dejen de existir antes de las presidenciales de 2027.
El argumento libertario es tan lineal como potente: las primarias son una “encuesta carísima” -con un costo estimado que supera los $ 45.000 millones- financiada por el Estado nacional para que los partidos resuelvan sus problemas puertas adentro. Bajo esa lógica de costo-beneficio, se busca sepultar una herramienta que nació con la Ley 26.571 en 2009 y que se aplicó por primera vez en los comicios de 2011.
Sin embargo, en política nada es lo que parece y lo que se debate por estos días es si lo que parece un ahorro es, en realidad, una transferencia de poder. Y ahí es donde los gobernadores peronistas -incluso los más dialoguistas como Osvaldo Jaldo- plantan bandera. No es solo una cuestión de romanticismo democrático; es una cuestión de supervivencia territorial.
Para ordenar el caos
Desde su estreno en 2011, cuando permitieron a Cristina Kirchner consolidar el liderazgo que la llevaría al 54%, las PASO han funcionado como el gran ordenador del caos de los partidos políticos tradicionales y sus coaliciones. En 2015, fueron la piedra fundacional de Cambiemos: sin esa instancia, difícilmente Mauricio Macri, Ernesto Sanz y Elisa Carrió habrían dirimido sus diferencias de forma civilizada. Más cerca en el tiempo, en 2023, la interna entre Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich encontró allí su cauce, evitando que la coalición volara por los aires antes de tiempo.
Pichetto le marcó la cancha al Gobierno por las PASO: “Hay sectores que no van a permitir su eliminación”En las provincias, las PASO son la válvula de escape frente al autoritarismo partidario. Sin ellas, el cierre de listas vuelve a la oscuridad de los despachos cerrados, donde el que tiene la lapicera -generalmente el presidente del partido, que a su vez suele ser autoridad provincial- se convierte en un monarca absoluto.
El tablero tucumano
En Tucumán, el riesgo de eliminar las PASO de cara al futuro tiene nombre y apellido. Si el proyecto nacional prospera para 2027, el escenario político del peronismo local puede crujir. Hoy, Juan Manzur retiene la presidencia del PJ tucumano. Sin la instancia de las primarias abiertas, Manzur recupera la potestad de “marcar la cancha” en el armado de las listas, recuperando el derecho de admisión sobre quién compite y quién no. Las relaciones entre el gobernador y el senador no atraviesan -nuevamente- un buen momento. El propio mandatario lo reconoció la semana pasada cuando contó que hacía tiempo que no hablaba con Manzur, pero que seguramente volvería a hacerlo. Habrá que ver si se llega a un acuerdo como el año pasado. De lo contrario, la historia reciente es el mejor espejo. Fue justamente en las PASO de septiembre de 2021 donde Jaldo pudo medir fuerzas contra el entonces gobernador Manzur. Aquella interna le permitió al “jaldismo” demostrar que tenía territorio propio y forzar una negociación que terminó con la inclusión de Agustín Fernández en la lista nacional. Fue una interna que, paradójicamente, terminó ordenando al peronismo local.
Javier Milei anunció que mañana enviará la reforma electoral al Congreso: elimina las PASO e incluye Ficha LimpiaSin ese filtro, Jaldo enfrentaría un dilema: o se somete a la lapicera de la conducción partidaria de Manzur o se ve obligado a reflotar su sello propio, Tucumán Primero, para competir por fuera del PJ. Una jugada que fragmentaría el voto y pondría en riesgo la hegemonía oficialista en la provincia.
El “no” de los dialoguistas
La resistencia no es caprichosa. Los gobernadores que vienen garantizando gobernabilidad al Ejecutivo nacional sienten que, con la eliminación de las PASO, les están quitando la red de seguridad. Jaldo fue claro el viernes pasado: no está de acuerdo y llevará la discusión al PJ de Tucumán. Sabe que la paz interna tiene un precio, y suele ser más barato que una fractura expuesta.
Jaldo, Kicillof y el dilema de las PASO¿Busca el Gobierno nacional realmente ahorrar dinero o busca atomizar a la oposición impidiéndole que ordene sus liderazgos? La eliminación de las PASO, como dijo Jaldo, parece un “traje a medida” para un oficialismo verticalista que no necesita primarias, que reniega de la vieja política, pero que usa el aparato estatal a su favor: sabe que a sus rivales el fin de la Ley 26.571 los deja al borde del quiebre. Si la política argentina vuelve a los acuerdos de cúpulas se corre el riesgo de comprar -otra vez- un conflicto mucho más caro a largo plazo.