Las aguas comienzan a dividirse. Y no es porque el profeta Moisés las separe. La política encuentra excusas debajo de cada piedra y la diferenciación forma parte de una estrategia. El Índice de Confianza del Gobierno, elaborado por la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, mostró que la administración del presidente Javier Milei deteriora su imagen ante la sociedad. Comparado con el mismo punto de las dos gestiones anteriores, el nivel de abril se encuentra por encima del valor observado en la gestión de Alberto Fernández, pero es algo inferior al de la gestión de Mauricio Macri, indica el diagnóstico académico. Lo llamativo del reporte que que el subíndice Honestidad sigue siendo lo más valorado por la sociedad respecto del Gobierno, seguido por la Capacidad. Sin embargo, el componente de Eficiencia exhibe el mayor descenso del mes, tanto como la Evaluación general del gobierno y la Preocupación por el interés general. Es la economía, diría Bill Clinton.

La motosierra ya no vende como ayer. Los argentinos sienten el peso de las restricciones y la economía hogareña está lejos de recuperarse. La percepción de la inflación es mayor a la de los indicadores oficiales. El 81,6% de los consultados por Zentrix reconoce que en los últimos seis meses tuvo que resignar algo para sostenerse, desde salidas, ocio o consumos no esenciales hasta compras habituales del hogar y, en los casos más delicados, gastos básicos como alimentos, salud o servicios. El desgaste político tiene correlación con otro factor: el 60,4% de los que participaron en el sondeo privado afirma que sus ingresos le alcanzan sólo hasta el día 20 del mes, por lo que la tolerancia social frente al ajuste empieza a depender cada vez más de la credibilidad del Gobierno.

Osvaldo Jaldo se encuentra en medio de esas dos aguas; entre aquellos que piensan que el gobernador de Tucumán debe seguir acompañando a la Casa Rosada porque institucionalmente ese acompañamiento es buen negocio, y los otros que piensan que el tranqueño debe marcar una línea divisoria porque, en definitiva, no se entiende cuál es su postura política frente a la administración de La Libertad Avanza.

El debate sobre la reforma electoral ha marcado un punto de diferenciación en ese sentido. Jaldo quiere colocarse en el medio del ring. Con un guante embiste contra la pretensión libertaria de avanzar con la lista única y, de esa manera, tratar de posicionarse en 2027, con mayor peso electoral en todos los distritos del país. Con el otro, trata de responder a los embates del propio peronismo que, aún atomizado, busca estrategias para volver a recuperar protagonismo.

La dualidad, entonces, que se le plantea al gobernador es si está en favor del ajuste mileísta o si, por el contrario, es parte del proceso de restricción del sector público. Eso le marcó la última encuesta que encargó la Casa de Gobierno. La sugerencia que le acercaron al mandatario es cambiar el eje de la comunicación. En otros términos, no se pueden avalar políticas nacionales con un innecesario costo político. La clave del sondeo pasa porque el ajuste es nacional, aunque hay beneficios locales tomando en cuenta el anticipo financiero que la Rosada le concedió a Tucumán. La lógica política es que “no puede haber un Milei bueno con un Jaldo malo”. ¿Qué quiere decir? La transferencia del costo por un préstamo que, en el corto plazo, deberá ser devuelto, aún a costa de que la sociedad piense que la falta de derrame de la macro a la microeconomía tiene en un papel secundario al propio mandatario provincial. De hecho, hay peronistas que le pasan factura al tranqueño cuando expresan que “yo no lo voté para que apoye a Milei”, sino para que ejerza un rol eminentemente opositor. En este caso, los guantes del púgil peronista son para una estrategia defensiva. Jaldo trata de que la tropa no se disperse. Por eso, profundizará sus visitas al interior provincial, en un “operativo fidelización”.

Las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) no serán eliminadas, confiesan en el peronismo. La boleta única no hará más que consolidar el plan libertario. Y en eso coinciden todos los espacios opositores. El argumento es claro: el Gobierno nacional intenta restar el margen de maniobra en el Congreso.

En Buenos Aires se comenta que “el jefe” había prometido a los gobernadores dialoguistas sostener su poder territorial. ¿Cuál es la estrategia? Según trascendió, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, principal armadora de LLA, negociaba con los mandatarios provinciales afines a la Rosada colocar como candidatos de poco porte político de tal manera de garantizar la reelección a aquellos que tienen esa posibilidad en sus distritos. A cambio (casta o no, siempre hay una moneda de cambio), darle la posibilidad a los libertarios de que tengan mayor representatividad parlamentaria. En otros términos, entregar bancas en las generales. No hay ninguna posibilidad de que esto prospere. ¿Qué gobernador estará dispuesto a restar margen de maniobra política e institucional si sus principales espadas son legislativas? Sin representantes en el Congreso, nada se puede negociar.

En la actualidad, los mandatarios del norte argentino tienen una fuerza tal que ni la Rosada ni el Palacio de Hacienda pueden darse el lujo de no atender sus demandas. Pasa con la aprobación de obras públicas puntuales para cada jurisdicción y también con los anticipos de coparticipación para conservar el equilibrio fiscal. Milei no les ha dado protagonismo en el armado de un acuerdo más amplio para aplicar medidas estructurales. El Presidente avanza con su programa económico sin consultas, pese a que hay un mandamiento, llamado Pacto de Mayo, para sustentar el llamado a los distintos sectores del quehacer nacional. De allí que los gobernadores fortalecieron sus lazos con sus diputados para negociar en forma directa con los alfiles del economista libertario. En el Senado, es otra la discusión, más directa, aunque los mandatarios tienen otro peso en las decisiones que se toman en la Cámara Alta. De allí la impronta de Patricia Bullrich, jefa del bloque libertario, para mantener aceitados contactos con las provincias, propias y no propias.

Jaldo asomó, en los últimos días, como uno de los referentes del interior que más visibilidad tiene en el contexto nacional. Al tranqueño le cuesta salir de su metro cuadrado para trascender más allá de las fronteras tucumanas. Sin embargo, debe hacerlo. De otra manera, perderá la centralidad del cuadrilátero. Con una excepción parcial del bonaerense Axel Kicillof, ninguno de los gobernadores tiene hoy un protagonismo claro. Entre los peronistas, ni el cordobés Martín Llaryora, ni el santafesino Maximiliano Pullaro tienen un peso específico para enfrentar a Milei. Tampoco el entrerriano Rogelio Frigerio se muestra como potencial rival, teniendo en cuenta su vasta experiencia en la función pública. Los problemas fiscales en su distrito le restan poder de fuego en cualquier debate. Los mandatarios del sur tienen su propia realidad y tratan de no sacar la cabeza, mientras la energía, la minería y el petróleo le rindan dividendos en medio de un escenario de vacas flacas. En medio de todo esto, Jaldo sabe que hay una situación de relativa dependencia del Gobierno nacional al acompañamiento de los dialoguistas para dar quórum en ambas cámaras del Congreso. Por eso se convirtió en un actor instalado en los últimos tiempos en la política de Buenos Aires, como parte del grupo que también integran el salteño Gustavo Sáenz y el catamarqueño Raúl Jalil, todos ellos proclives a recorrer las oficinas de la Rosada y del Palacio de Hacienda. Aún más, Tucumán tiene un peso político propio por cuestiones históricas, un factor que se tiene muy en cuenta en el corazón del poder nacional.

Los teléfonos entre Balcarce 50 y la Casa de Gobierno tucumana están abiertos. Las charlas, generalmente, se orientan a sostener la tregua y a dejar lo electoral para otros tiempos. Jaldo le remarcó a los interlocutores mileístas que están dispuestos a mantener la pax política en tanto exista reciprocidad. No obstante, el jefe del Poder Ejecutivo le “cobró” a los operadores del Presidente que son los dirigentes locales de LLA los que anticiparon la disputa. ¿La prueba? Envió la foto del cartel colocado a la vera de una ruta en la que aparece el titular del partido a nivel local, Lisandro Catalán, junto con el actual intendente de Concepción, Alejandro Molinuevo, al lado de Milei.  “Nosotros no rompemos el acuerdo institucional”, esgrimió Jaldo.

La puja electoral arrancó antes de tiempo. Jaldo, en ese sentido, ya se puso los guantes. La derecha le sirve para disputar una estrategia defensiva, pero la izquierda siempre está latente para la ofensiva, en caso de que los tiempos se aceleren antes del sonido de la campana de 2027.