El Primero de Mayo es el día del trabajador. Y no quiero que pase como una fecha más en el calendario, como un feriado y nada más. Porque si algo se mueve en este país, es porque hay alguien trabajando. Está el que se levanta a las cuatro de la mañana para manejar un colectivo, con los ojos todavía dormidos pero con la responsabilidad de llevar a cientos de pasajeros. Está la que deja sus hijos y se va a limpiar casas ajenas para que en la suya no falte el pan. Está, el peón rural, que se banca el sol y el frío de la zafra; el metalúrgico que le pelea al ruido; la docente que corrige hasta las 12 de la noche porque cree que la tiza cambia destinos. Está el que no figura en ningún lado pero igual se sacrifica por unos pesos todos los días. También se encuentran todos los medios de prensa, sea radio, TV o periódicos. Madres, padres, hijos, abuelos. Todos trabajadores. Todos sostienen algo. El trabajo no es un sueldo. Es dignidad. Es llegar a tu casa cansado pero con la frente en alto porque lo que comen tus hijos lo ganaste vos. Es saber que, aunque el mundo ande torcido, hay una partecita que funciona porque vos la empujás. Feliz día a todos los que se ganan la vida trabajando honestamente, a los que amasan, a las amas de casa, a las que curan en hospitales y dispensarios, a los que enseñan, a los que cuidan. A los que están, a los que se fueron y a los que vendrán. El mundo se cae si ustedes paran. Nunca se olviden de eso.

Rodolfo Ruarte                                                                        

Las Heras 516 - S. M. de Tucumán