En el mercado tecnológico, ser pionero tiene sus grandes ventajas. Empresas como Google, Amazon o Netflix no solo definieron un producto, sino que estandarizaron formas de consumo, desarrollaron modelos de negocio y captaron la fidelidad de los usuarios antes que nadie. Además, ser primeros también da ventajas para aprender y acumular experiencia a partir de datos que nadie tiene y así dominar un mercado específico al que todos querrán entrar con desventajas. Sin embargo, ser segundos también puede ser beneficioso. Según el concepto de Fast Follower Advantage o “ventaja del seguidor rápido”, aprender los errores del primero puede ser clave para luego ganar al líder. Y aquí Meta tiene ejemplos para destacar con Facebook, y su aprendizaje de otras plataformas como MySpace, o Instagram y su capacidad de incorporar elementos de otras plataformas para fortalecer la propia con las stories y los videos cortos.
Entre estas dos vías está la suerte de OpenAI y seguramente se definirá en los próximos meses. La empresa creadora de ChatGPT, y de ser la responsable de este despertar de la inteligencia artificial, enfrenta una encrucijada que podría dejarla más fortalecida que nunca o bien arrojada al anecdotario de haber sido la primera de la que aprendieron todos los que la siguieron. El éxito de su aparición fue inmediato: llegó al millón de usuarios en solo cinco días, cuando a otras plataformas les tomó meses o años para llegar a este hito. Pero además le mostró al mundo cómo funcionaba la IA y qué ventajas tenía para distintos tipos de usuarios. Fue un producto disruptivo que lo cambió todo. A poco más de tres años de su nacimiento, la empresa de Sam Altman enfrenta tres desafíos cruciales como consecuencia de haber sido la pionera.
“IA para todos”: lanzan un curso gratis de inteligencia artificial abierto a todo el paísEn primer lugar, OpenAI quiere ser la primera empresa de esta nueva camada de compañías de IA que quiere salir a la bolsa. Planea su IPO para el cuarto trimestre de 2026 y está haciendo todo lo posible para mostrarse rentable y atractiva. La empresa cerró hace pocas semanas una ronda de financiación de 122.000 millones de dólares, liderada por Nvidia, Amazon y SoftBank y al mismo tiempo decidió sacrificar productos como Sora (creaba videos ultra realistas con IA y había llegado a un acuerdo con Disney para utilizar sus personajes).
Sin embargo, un informe reciente del Wall Street Journal alerta que OpenAI no cumplió múltiples metas mensuales de ingresos en el primer trimestre de 2026, ni alcanzó su objetivo de llegar a 1.000 millones de usuarios activos semanales para ChatGPT. Los números lo dicen todo: OpenAI espera gastar 25.000 millones de dólares en 2026 para fortalecer su infraestructura de cómputo contra una meta de ingresos de 30.000 millones, un margen muy estrecho incluso si todo saliera bien. Pero el crecimiento de ChatGPT se ralentizó hacia finales del año pasado y lo peor de todo es que está sufriendo una deserción de suscriptores (usuarios que pagan por el servicio), en parte porque Gemini (de Google) y Claude (de Anthropic) impulsaron su crecimiento a finales del año pasado, reduciendo la cuota de mercado del pionero.
Y como si fuese poco, OpenAI ahora enfrenta un proceso judicial. El 28 de abril comenzó el juicio en su contra en un caso que podría reconfigurar por completo el futuro de la empresa. Elon Musk, uno de los fundadores de la empresa, pide 150.000 millones de dólares en daños, exige que el dinero vaya a la fundación de OpenAI, y reclama la remoción de Sam Altman como ejecutivo. Si gana, la empresa volvería a ser organización sin fines de lucro y su salida a bolsa quedaría en suspenso. El argumento del dueño de Tesla es que OpenAI traicionó su misión original al priorizar la rentabilidad. La defensa de la empresa acusó a Musk de encabezar “un desfile de hipocresía” por no haberse beneficiado del crecimiento de OpenAI.
¿Por qué la inteligencia artificial cuesta 20 dólares?El problema de la rentabilidad no es solo del pionero. Ninguno de los competidores de ChatGPT tiene, ni tendrá, un liderazgo indiscutido. Hasta hace pocas semanas, Claude Code, la aplicación para programar a partir de prompts, parecía encantar a todos pero ahora recibe críticas por cómo está limitando el servicio y por sus problemas de mantenimiento. Según los expertos, Anthropic no estaba listo para un desembarco masivo de personas que querían hacer sus propias aplicaciones. Y al mismo tiempo, la propia OpenAI está volviendo a seducir a los profesionales con su producto Codex. Google, con Gemini, también tiene la capacidad de generar código con agentes autónomos aunque todavía está a la sombra de sus competido
La IA también irrumpe con un nuevo estadío en el negocio tecnológico. Los pioneros de antes podían consolidar un producto difícil de replicar en el corto plazo, por sus prestaciones o por bien por sus capacidades de distribución. El ejemplo de Office y de Windows es el más claro. Además establecieron estándares de producto que tomaba por cautivos a sus usuarios y no quedaba más remedio que utilizar siempre sus programas. Luego Google revolucionó y perfeccionó como nadie la experiencia de búsqueda en la web y no hubo buscadores capaces de competir con él. Todos estaban en Google y hacían todo lo posible para estar en el primer lugar. Años después, Facebook sedujo a comunidades enteras y hoy todavía, no somos capaces de cerrar nuestra cuenta a pesar de que ya no tenemos la misma actividad que hace tres años. Pensemos también en Instagram: ¿alguien cambiaría de red social si su grupo de amigos no la cambia?
Los servicios de IA como ChatGPT, Claude o Gemini aún no cuentan con ninguna de esas capacidades de retención. Aparecieron gratuitas, las aprovechamos y todavía son pocos los usuarios que pagan 20 dólares por sus servicios premium. Además, nadie es cautivo de ninguna. Podemos movernos entre productos libremente, por lo menos, hasta ahora. Algunos tienen su favorita, pero la experiencia de hablar con un bot se convirtió en un commodity y eso puede ser un problema para las empresas que quieran hacer sostenible su negocio.
La paradoja de OpenAI la puso en el centro de la escena y eso también benefició a sus competidores. La empresa hoy surfea entre la presión del mercado financiero y de nuevos actores que están escalando a partir del concepto que desarrolló el propio Sam Altman. Esta encrucijada quizás se defina este año y todo dependerá de si logra pasar de ser el nombre de referencia a convertirse en una infraestructura con un valor único para no quedar relegada sólo al anecdotario de lo que hoy conocemos como innovación.