Hay una frase que se repite como un golpe seco, como una advertencia que ya no puede ignorarse. Y la dice el propio entrenador, sin rodeos, con la crudeza de quien ve el mismo problema una y otra vez. “Creo que estamos pagando muy caro la inexperiencia en la categoría. En esta ocasión tuvimos varias situaciones como para marcar un gol y no pudimos. Ellos fueron muy eficaces en eso, las que tuvieron las concretaron. Ahí está la razón del resultado”, dijo el entrenador de Tucumán Central, Walter Arrieta
El "Rojo" se vuelve de Formosa con otra derrota en la mochila; esta vez contra Sol de América por 3 a 0, en una historia que ya empieza a tener un patrón demasiado evidente dentro del exigente Federal A: el equipo entra dormido, el rival golpea primero, y todo lo demás se convierte en una carrera cuesta arriba.
No es una exageración ni una lectura aislada. Es repetición e insistencia del mismo error. Es un equipo que sale del “Jardín de la República” y parece desconectarse en el inicio del partido. Y en una categoría en la que no hay tiempo para acomodarse, ese detalle se vuelve sentencia.
Otra vez, el golpe llegó demasiado temprano y una vez más el partido se desordenó antes de que Tucumán Central pudiera asentarse. Y así el plan de juego quedó condicionado por una desatención inicial que obliga a remar desde atrás. Arrieta lo sabe, lo dice y lo repite. “Primeramente hay que trabajar sobre la cabeza del jugador, creo que eso es lo más importante ahora. Hablar mucho en la semana, pensar en poder ganar en casa. Trabajar mucho en la definición y en la concentración al inicio del partido”.
La frase no es casual. Es diagnóstico puro. Porque el problema ya no es sólo futbolístico. Es de preparación emocional para competir desde el primer segundo. Y cada vez que eso falla, el equipo lo paga con goles en contra que cambian la historia del partido.
En Formosa, la diferencia fue la eficacia. Mientras Tucumán Central generaba situaciones, incluso haciendo figura al arquero Matías Astrada, el local no perdonó. Pocas chances y máxima contundencia. Y ahí se explica el resultado, pero también se profundiza la sensación de frustración. “Tuvimos tres claras en el primer tiempo. Cuando estábamos 1 a 0 abajo, otra vez una situación clara para empatar y no la pudimos convertir”, sentenció el DT.
Y en esa frase se resume el partido. Porque el fútbol, en estas categorías, no perdona la falta de precisión. El que no convierte, sufre y el que duda, pierde.
Sol de América hizo lo que saben hacer los equipos con oficio en el Federal A: golpear en los momentos justos, sostener la ventaja y esperar. No necesitó brillar; con eficacia le alcanzó para construir una victoria clara.
Tucumán Central, en cambio, volvió a mostrar su costado más frágil en el inicio de partido. Y cuando el juego ya estaba cuesta arriba, el esfuerzo no alcanzó.
“Hay que hablar, trabajar mucho en la semana, pensar en ganar en casa y trabajar la concentración al inicio del partido”, lanzó Arrieta.
No hay misterio en su lectura. El problema está identificado y ahora lo difícil es corregirlo.
Tucumán Central debe aprender de los errores
Porque no se trata sólo de perder, sino de cómo se pierde. Y Tucumán Central está cayendo de manera parecida: desconectado al inicio, exigido demasiado pronto y sin capacidad de reacción completa.
“Antes del gol de ellos habíamos tenido una muy clara. Manejamos todo el primer tiempo y tuvimos las mejores situaciones. Ellos tuvieron efectividad y nosotros pagamos caro la falta de contundencia. Esa es la mayor bronca, pero sólo tenemos que pensar en mejorar”, aseguró Ramiro Alderete.
Para colmo, el cierre del partido dejó otra imagen negativa: la expulsión de Lucas Sánchez en el tramo final.
Ahora aparece el siguiente paso; y no es menor. El domingo Juventud Antoniana visitará Villa Alem, y ahí ya no hay margen para repetir la historia. Porque en el Federal A, los partidos no esperan a nadie, y mucho menos a los que entran dormidos.