Minutos antes de iniciar su recorrido por los 18 hoyos de la cancha de Alpa Sumaj, en una jornada soleada y cargada de desafíos por la 59° edición del Abierto del Norte, Tomás Lobo Peña respiraba hondo y miraba el paisaje como quien encuentra refugio. Entre jugadores profesionales, aficionados y el movimiento típico de uno de los torneos más importantes del país, el tucumano no solo se preparaba para competir: también se disponía a reencontrarse con una parte fundamental de su vida.

“El Abierto del Norte para nosotros los tucumanos significa muchísimo”, resumió, mientras esperaba el momento de salir al campo. Para él, este certamen representa mucho más que un torneo: es el escenario donde creció, donde atravesó momentos difíciles y donde todavía mantiene viva una cuenta pendiente.

Lobo Peña nació en la Banda del Río Salí y su vínculo con el golf comenzó cuando apenas tenía cinco años. En aquel entonces vivía cerca del ingenio Concepción  y fue César Paz, una persona cercana a su familia y expresidente del Jockey Club de Tucumán, quien lo acercó por primera vez al deporte. “Lo vi practicando, tirando pelotitas, y me atrajo muchísimo”, recordó. A los nueve años empezó a jugar formalmente y nunca más pudo desprenderse de la sensación que le producía estar dentro de una cancha.

“El golf me da paz, tranquilidad, ganas de seguir viviendo”, confesó. Sus palabras no sonaron ensayadas ni buscaban generar impacto: aparecieron naturales, como si el recorrido de su vida lo hubiera llevado inevitablemente a entender el deporte de esa manera.

Porque detrás del jugador aficionado también existe una historia de lucha personal. Hubo pausas, malas decisiones y momentos oscuros que lo alejaron de las canchas. “El vicio del alcohol me frenó mucho”, reconoció con honestidad. Sin rodeos, habló de una pelea interna que todavía continúa, aunque hoy la afronta desde otro lugar.

“Fue mi propia voluntad. Mis ganas de seguir viviendo. Somos jóvenes, tengo 30 años y hay que seguir luchándola”, expresó. En ese proceso, el golf se transformó en una herramienta para sostenerse. El contacto con la naturaleza, el silencio de los fairways y la rutina de entrenamiento aparecieron como una forma de ordenar la cabeza.

En Alpa Sumaj, mientras los jugadores afinaban los últimos detalles antes de comenzar la ronda, Lobo Peña transmitía algo distinto. No hablaba de resultados ni de obsesiones competitivas. Hablaba de disfrutar. De seguir adelante. De intentar ser mejor cada día. “Hay que tener los pies sobre la tierra y seguir. Todo se puede en esta vida”, afirmó.

El Abierto del Norte también le despierta emociones particulares porque ya supo tener actuaciones destacadas allí. En dos oportunidades logró pasar el corte como aficionado, aunque distintos problemas personales terminaron alejándolo de consolidarse. Por eso siente que todavía tiene algo pendiente con el torneo.

“Es una cuenta pendiente. Me gustaría algún día desahogarme de todo eso que uno lleva adentro”, explicó.

Aun así, nunca perdió el amor por el deporte. Incluso en los peores momentos, el golf siguió apareciendo como un espacio seguro. “Es algo muy sano, muy saludable”, insistió.

La historia de Lobo Peña también refleja el fuerte vínculo que tiene Tucumán con esta disciplina. Yerba Buena, de donde surgieron varios de los mejores golfistas argentinos, volvió a convertirse durante esta semana en el centro de atención del golf nacional con la disputa del Abierto del Norte. Y en medio de ese contexto competitivo, la presencia de jugadores como él le dio al torneo un costado mucho más humano.

Porque mientras algunos buscan trofeos o puntos para el ranking, otros simplemente intentan encontrar equilibrio. Lobo Peña pertenece a ese segundo grupo.

Antes de salir a jugar, todavía hubo tiempo para una última confesión. Además del golf, sueña con algún día acercarse al automovilismo, otra de sus grandes pasiones. Admirador de Franco Colapinto, aseguró que le gusta “la velocidad” y valoró la personalidad del piloto argentino. Pero rápidamente volvió al presente, al campo y a la pelota.

“¿Qué espero para hoy? Jugar al golf, que es lo más lindo que hay en el mundo”, dijo sonriendo.

Y entonces sí, bajo el sol tucumano y rodeado de historias, desafíos y expectativas, Tomás Lobo Peña empezó una nueva ronda. Quizás otra más en un torneo prestigioso. O quizás una mucho más importante: la de seguir encontrando en el golf un motivo para seguir adelante.