La 59° edición del Abierto del Norte volvió a transformar a la cancha de Alpa Sumaj en un punto de encuentro para golfistas de distintas provincias del país. Entre profesionales consagrados, aficionados experimentados y jóvenes promesas, uno de los que llegó desde afuera de Tucumán fue Benicio Tuñon, un salteño de apenas 18 años que encontró en el torneo mucho más que una competencia: una oportunidad para seguir conectado con un deporte que marcó prácticamente toda su vida.

Mientras caminaba por el club y observaba el movimiento previo al inicio de la jornada, el joven hablaba con naturalidad sobre el significado de disputar un campeonato histórico como el Abierto del Norte. “Es un torneo muy importante. Ya van 59 ediciones y vienen muchos jugadores buenos, profesionales y amateurs. Hay gente que está en el ranking mundial y es muy lindo poder jugar en una cancha así”, explicó.

El certamen, uno de los más tradicionales del país, reúne cada año a jugadores de diferentes puntos de Argentina y se convirtió también en un espacio de intercambio para muchos aficionados del interior que aprovechan el torneo para medirse con golfistas de mayor experiencia y nivel competitivo.

En el caso de Tuñon, el viaje desde Salta tuvo además un componente especial: volver a competir en un escenario exigente mientras intenta equilibrar una rutina cada vez más dominada por los estudios universitarios.

Porque aunque durante mucho tiempo imaginó un futuro ligado al profesionalismo, hoy su realidad es otra. Estudia Ingeniería Industrial y debe repartir su tiempo entre apuntes, clases y entrenamientos esporádicos. Una decisión que, incluso, lo llevó a dejar en pausa el sueño de dedicarse completamente al golf.

“En un momento sí pensé en hacer todo el camino para ser profesional, viajar y competir. Pero arranqué la facultad y tuve que dejar de jugar. Hace muy poquito volví”, contó.

Lejos de lamentarse, habla de la situación con tranquilidad. Entiende que el deporte exige una dedicación difícil de sostener junto a una carrera universitaria tan demandante. “Curso casi todos los días y tengo que estudiar bastante, así que no tengo tiempo para entrenar como debería”, reconoció.

Sin embargo, el golf nunca desapareció de su vida. La cancha, ubicada cerca de su casa en Salta, se transformó en el lugar al que escapa cuando encuentra un rato libre. “Como puedo, salgo y entreno. Tengo approach afuera de casa, juego con amigos y trato de hacer lo mejor posible”, relató.

La relación de Tuñon con el golf comenzó casi de casualidad. No hubo tradición familiar ni presión desde chico. Todo arrancó gracias a un amigo que lo invitó a jugar cuando tenía siete años. Ese día bastó para que quedara enganchado para siempre. “Empecé a jugar y ya no dejé”, resumió.

Con el paso del tiempo llegaron los torneos juveniles, los viajes por el NOA y las primeras experiencias competitivas fuera de Salta. Recuerda especialmente aquellos años en los que jugaba con palos prestados porque todavía no tenía los propios. “Después me fueron comprando de a poco y empecé a viajar más”, contó.

El golf, además, le dio algo que todavía hoy valora: la posibilidad de conocer otras provincias y medirse con distintos jugadores. En Tucumán encontró justamente eso. Un nivel competitivo alto y un ambiente que lo sorprendió desde pequeño.

“La cantidad de jugadores buenos que hay acá es impresionante. Hay amateurs muy buenos y profesionales muy buenos también”, destacó.

Aunque ya no persigue el profesionalismo con la misma intensidad, tampoco siente frustración por el camino elegido. “No me dolió dejar esa idea. Prefiero tomarlo como un hobby y divertirme”, explicó.

Esa mirada relajada quizás tenga que ver con su edad. A los 18 años todavía mantiene abierta la posibilidad de volver a intentarlo más adelante. Pero, mientras tanto, eligió priorizar sus estudios sin romper el vínculo con el deporte.

“Después de estudiar puedo dedicarme y ver qué pasa”, deslizó.

En medio de una generación donde predominan deportes como el fútbol, el rugby o el básquet, Tuñon reconoce que jugar al golf siendo joven todavía resulta algo extraño. “Por lo general sos uno de los únicos chicos que juega”, dijo entre risas. Aunque también destacó que cada vez aparecen más adolescentes interesados en el deporte.

“Ahora muchos chicos están jugando para divertirse y eso está bueno”, agregó.

Antes de salir a competir en una nueva jornada del Abierto del Norte, el salteño volvió a mirar hacia la cancha de Alpa Sumaj. Allí, rodeado de jugadores de distintos lugares del país y con el desafío de enfrentar un campo cada vez más exigente, confirmó que el golf sigue ocupando un lugar importante en su vida, incluso aunque hoy tenga que compartirlo con libros, parciales y largas horas de estudio.