Había clima de final mucho antes de que rodara la pelota. Desde temprano, el Mario Alberto Kempes se transformó en una marea albiazul que recordó aquellas jornadas históricas en las que Talleres parecía adueñarse de toda Córdoba. El estadio lució desbordado, con gente incluso sentada en las escaleras de las plateas, mientras los alrededores explotaban de autos, asados, banderas y rituales de clásico. Pero la fiesta preparada por la “T” terminó convertida en el escenario perfecto para la celebración de Belgrano, que ganó el clásico cordobés con autoridad por 1 a 0, silenció a casi 60 mil hinchas rivales, se quedó con una victoria histórica y se metió en cuartos de final del Apertura.
La previa fue imponente. Fuegos artificiales, humo azul y blanco y una bandera gigante detrás de la popular Gasparini acompañaron la salida del equipo dirigido por Carlos Tevez.
Sin embargo, el partido rápidamente empezó a mostrar otra cosa. Belgrano se sintió cómodo en medio de un contexto hostil y, de hecho, estuvo cerca de golpear primero con un tanto de Lucas Passerini que fue anulado por posición adelantada tras intervención del VAR. El susto alteró a Talleres y el clásico empezó a jugarse con más nervios que claridad.
Aunque el primer tiempo terminó igualado, el equipo celeste había dejado mejores sensaciones. Más ordenado, más agresivo y mucho más decidido para disputar cada pelota. Talleres, en cambio, nunca logró adueñarse del partido y empezó a convivir con la ansiedad de su gente.
El "Pirata" dio el golpe en el inicio del segundo tiempo
El golpe definitivo llegó apenas iniciado el complemento. Francisco González Metilli apareció para marcar el 1 a 0 y transformar el Kempes en un estadio lleno de tensión. El silencio de las tribunas contrastó con la explosión de los hinchas de Belgrano, mientras desde los cuatro costados comenzaban a bajar reclamos y pedidos de reacción para un Talleres confundido y sin respuestas futbolísticas.
Los cambios de Tevez no modificaron el desarrollo. Por el contrario: el equipo se fue desordenando cada vez más y terminó preso de la desesperación. La expulsión de Alexandro Maidana terminó de derrumbar cualquier intento de reacción y dejó al “Matador” completamente expuesto.
El cierre fue caótico. Hubo empujones, discusiones y tensión hasta el último minuto, con las expulsiones de Passerini y de Guido Herrera en medio del tumulto final. Pero nada modificó el resultado ni la sensación que dejó el clásico: Belgrano fue claramente superior y ganó con absoluta justicia.
Las imágenes finales fueron demoledoras para Talleres. Mientras los jugadores de Belgrano festejaban en el círculo central como si hubieran conquistado un título, el Kempes quedaba en silencio, vacío de euforia y lleno de decepción.
Del otro lado, la fiesta siguió hasta Alberdi. Porque Belgrano ganó el clásico y lo hizo en un estadio colmado de hinchas rivales.