Contra todo y contra todos. Así fue el triunfo de Tucumán Central sobre Juventud Antoniana por la novena fecha del Federal A. Jugando durante más de una hora con un hombre menos y el partido completo contra una terna arbitral que se equivocaba siempre para el lado salteño, el “Rojo” pisó fuerte y envió un mensaje para el resto de sus rivales: Villa Alem es una fortaleza y al que quiera llevarse algo, le costará sangre, sudor y lágrimas.
Desde el primer instante, como de costumbre, Tucumán Central fue ambicioso. Apenas a los 8 minutos, llegó el primer aviso serio. Franco Barrera metió un pelotazo cruzado con total precisión para que Valentín Montenegro (el mejor del encuentro) la empalmara de aire. La pelota pasó a centímetros del ángulo, despertando el primer “¡uh!” de la tribuna. En ese tramo, el partido era de ida y vuelta; aunque el “Rojo” pecaba de cierto desorden al atacar, el “Santo” salteño no inquietaba demasiado y concentraba todas sus intenciones por el sector derecho, facilitándole el trabajo a la línea defensiva.
Sin embargo, el rumbo del partido cambió a los 24 minutos. En una jugada intrascendente, el árbitro Marcos Liuzzi vio un codazo de Matías Perdigón y no dudó: roja directa. La expulsión parecía el principio del fin para el local, pero la adversidad terminó funcionando como un combustible inesperado. Ante la inferioridad numérica, el equipo se reacomodó: Matías Smith se paró como doble ‘5’ y empezó a mostrar su jerarquía, manejando los tiempos y sacándose hombres de encima con su gambeta, aunque no lograba asociarse y los ataques quedaban en la nada. Montenegro retrocedió y se ubicó como mediocampista por la derecha y continuó dándole trabajo a la defensa rival con su velocidad y su voluntad.
Increíblemente, Tucumán Central jugó mejor con diez que con once, aunque el árbitro se convirtió en un obstáculo extra: comenzó a inclinar la cancha de manera notoria, cobrando faltas inexistentes y permitiendo el juego brusco del visitante. Por el descontento, una botella voló desde la tribuna hacia el juez de línea. Y tras la expulsión del ayudante de campo Damián Valdez en ese tumulto, Juventud tuvo la más clara de la primera mitad tras un centro (derivado de una falta que no existió), pero el cabezazo de Pedro Mune se fue besando el palo de René Moyano.
Resistencia y estallido
En el segundo tiempo, el libreto cambió. El cansancio comenzó a hacer mella en los jugadores de Tucumán Central, y la visita empezó a monopolizar el control del balón, llevando al “Rojo” a retroceder varios metros. Los arrestos ofensivos del local eran cada vez más esporádicos. A los 25 minutos, cuando se comenzaba a mirar con cariño la idea de aguantar el empate, ocurrió lo que parecía imposible: Montenegro, a pura guapeza, encaró hacia el área, le hizo un “sombrerito” a tres defensores salteños, la bajó y tras un rebote la pelota le quedó a Benjamín Ruiz Rodríguez. El delantero, que hasta entonces había estado casi desaparecido, tuvo sangre fría e infló la red. 1 a 0 y delirio total.
El suplicio del final
Los últimos quince minutos fueron un calvario. Juventud Antoniana, herido en su orgullo y bajo la presión de su gente, que comenzó a cantar contra los jugadores, empujó por inercia. La defensa tucumana se transformó en un frontón, sacando casi cada centro que caía al área. El árbitro, en un último intento por forzar la igualdad, adicionó unos exagerados ocho minutos. El área de Moyano se convirtió en un “flipper”: rebotes, choques y un caos constante. En ese eterno tiempo agregado, los salteños tuvieron tres chances clarísimas; Ezequiel Santángelo cabeceó solo pero a las manos del arquero, el ingresado Maximiliano Vargas estrelló un tiro libre en el palo, y en una de las últimas Juventud tuvo la más clara, con otro tiro que dio en el poste cuando Moyano ya estaba vencido.
Casi a los 55’, finalmente sonó el silbato y el desahogo fue total. Tucumán Central no solo le ganó a un grande de la categoría y rival directo en la lucha por la clasificación, sino a las circunstancias y a un arbitraje que intentó arrebatarle el protagonismo. El equipo de Villa Alem demostró que es durísimo de roer y que, en su casa, la justicia la imponen los de camiseta roja.
La voz del DT
“Teníamos que hacer nuestro trabajo y después dejarlo en manos de Dios, porque él es más grande que cualquier tercero que te quiera hacer perder”, disparó Walter Arrieta, visiblemente enojado con el desempeño de los jueces. “Cuando nos quedamos con uno menos tuvimos que bajar unos metros a Montenegro, pero sabíamos que por su velocidad es más peligroso aún cuando parte desde más atrás”, analizó sobre la figura del encuentro, a la vez que destacó el poderío de su equipo cada vez que juega en su estadio: “Acá va a ser difícil para todos. En los cuatro partidos aquí fuimos superiores. Nos queda la cuenta pendiente como visitantes, pero las rachas están para romperlas”.
El fin de semana que viene se cerrará la primera rueda. Aún sin día y horario confirmado, Tucumán Central visitará a Sarmiento de La Banda.