La Fórmula 1 ya empezó a discutir un nuevo cambio de rumbo técnico incluso antes de completar la primera temporada completa bajo el reglamento 2026. La FIA, los fabricantes de motores y los equipos negocian una modificación profunda para 2027 con un objetivo claro: corregir varios de los problemas que dejaron expuestos los nuevos motores híbridos.
Aunque todavía no existe una aprobación definitiva, el debate refleja una realidad incómoda para la categoría: la nueva generación de unidades de potencia no terminó de convencer ni a pilotos ni a equipos.
Las críticas aparecieron rápidamente. Max Verstappen llegó a describir los motores actuales como “anticarreras”, mientras que Fernando Alonso habló directamente de un “campeonato mundial de baterías”. Detrás de esas frases existe una preocupación concreta: el excesivo protagonismo de la energía eléctrica en detrimento del motor de combustión interna.
La FIA ya había intentado corregir parte del problema antes del Gran Premio de Miami, cuando introdujo ajustes para reducir la tendencia de los pilotos a frenar de manera agresiva con el objetivo de recuperar energía para las baterías. Aquellos cambios fueron considerados apenas “un pequeño paso en la dirección correcta”, según resumió Valtteri Bottas.
Ahora la categoría analiza una reforma todavía más profunda.
El nuevo equilibrio de potencia
La principal modificación propuesta para 2027 apunta a cambiar la distribución de potencia de los motores. Actualmente, el sistema funciona con un reparto cercano al 50-50 entre el motor de combustión interna y la parte eléctrica. La intención de la FIA es pasar a una proporción más cercana al 60-40, devolviéndole más protagonismo al motor térmico.
Para lograrlo, se plantea aumentar el flujo de combustible permitido durante las carreras y reducir la potencia eléctrica disponible. Según los cálculos de la FIA, el motor de combustión podría ganar unos 50 kW adicionales, mientras que la energía eléctrica bajaría desde los actuales 350 kW.
Sin embargo, el problema no es únicamente técnico. También es económico y político.
El costo de volver a cambiar
Modificar nuevamente los motores obligaría a fabricantes y equipos a rediseñar parte de sus proyectos apenas un año después del inicio del nuevo reglamento. Eso implica nuevos gastos millonarios en una Fórmula 1 que intenta sostener límites presupuestarios cada vez más estrictos.
Los cinco fabricantes -Audi, Ferrari, Honda, Mercedes y Red Bull-Ford- deberían adaptar sus unidades de potencia. Además, muchos equipos tendrían que construir chasis más grandes para alojar los nuevos componentes mecánicos.
La situación genera tensión porque varias escuderías ya analizaban reutilizar en 2027 los mismos chasis de 2026 para ahorrar costos. Por eso, una de las soluciones propuestas sería elevar el límite presupuestario tanto para fabricantes como para equipos.
Un cambio que también puede alterar la parrilla
La reforma no impactaría a todos por igual. Mercedes aparece hoy como la referencia en motores de combustión interna y sus autos logran administrar mejor la pérdida de energía durante las carreras. Red Bull también mostró un rendimiento sólido con su nuevo proyecto.
Ferrari, en cambio, sufre limitaciones vinculadas al tamaño de su turbocompresor, mientras que Audi enfrenta problemas en las largadas por el comportamiento de ese componente. Mattia Binotto reconoció incluso que la marca alemana mantiene una “enorme brecha” respecto de Mercedes.
Honda también necesita recuperar terreno tras un comienzo complicado junto a Aston Martin. Por eso, uno de los focos del debate gira alrededor del sistema ADUO, creado para permitir que los fabricantes menos competitivos tengan más oportunidades de desarrollo.
El reloj corre para la FIA
Mientras continúan las negociaciones, el tiempo empieza a transformarse en otro problema. Los fabricantes necesitan conocer rápidamente cuáles serán las reglas definitivas para poder rediseñar y fabricar sus motores a tiempo para 2027.
La próxima reunión clave será el 23 de junio, cuando el Consejo Mundial del Deporte Motor de la FIA trate formalmente las modificaciones reglamentarias. Hasta entonces, la Fórmula 1 seguirá inmersa en una discusión que mezcla espectáculo, política, tecnología y dinero.
Y que, además, puede redefinir el equilibrio de poder de toda la parrilla.