Las copas en Colomé guardan una larga historia. Los sorbos que se prolongan entre charlas son más que degustaciones inocentes. En un terroir sagrado, la vid que se cultiva cruzó los siglos y se mantuvo en el tiempo. En este pequeño caserío de Salta, el vino se mezcla con la tierra, con la gente y la cultura que atraviesa los años desde 1831 y donde se emplaza la bodega en funcionamiento más antigua del país.

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Remoto y mágico, la historia de Colomé se mezcla con la vid y los suelos fértiles, con el enoturismo y los récords por ser el albergue de la Bodega homónima y la más antigua del país. Se encuentra a unos 20 kilómetros de Molinos, en Salta y destaca por sus viñedos, entre los más altos del mundo y las producciones que cruzan frontiers que varían entre Malbec y Torrontés. La principal atracción de Colomé es su bodega, la cual ofrece una experiencia completa que incluye no solo vinos sino también experiencias en la Estancia Colomé y en el Museo James Turrell.

Llegar hasta este rincón de los Valles Calchaquíes implica iniciar un viaje asombroso a través de las laderas y montañas de la Cordillera. Al arribar, se despierta una fuerte sensación de descubrimiento: la de estar casi entre las nubes, en un punto exacto donde la tierra y el cielo parecen unirse. La altitud, el sol intenso que irradia energía y los cielos tapizados de estrellas por la noche le aportan un misticismo único a esta aventura enológica, ideal para quienes buscan desconectarse por completo e involucrarse con la inmensidad del paisaje andino.

Balcones entre lavandas, comidas locales y museos históricos en Colomé

Para quienes desean prolongar la magia, la Estancia Colomé se erige entre jardines de lavanda y viñedos. Este hotel boutique de estilo colonial invita a revivir el pasado histórico de la finca a través de sus nueve exclusivas habitaciones, todas equipadas con terrazas privadas diseñadas para contemplar el magnífico escenario montañoso. El espacio se divide entre dos Master Suites y siete Junior Suites que ofrecen vistas privilegiadas al patio antiguo de la bodega o a los viñedos, complementando la estadía con comodidades como piscina, sala de lectura, cancha de bochas, caminatas y cabalgatas bajo el silencio absoluto de la naturaleza.

La propuesta gastronómica de la estancia es otro de sus grandes pilares, bajo el concepto "farm to table" (de la granja a la mesa). La cocina está a cargo de la prestigiosa chef Patricia Courtois, ganadora del Gran Premio Baron B, quien diseñó un menú basado en los sabores ancestrales de la tierra. La filosofía del restaurante es el "kilómetro 0" (Slow Food), lo que significa que se utilizan ingredientes frescos de su propia huerta orgánica y granja sustentable, reduciendo a cero la distancia entre el suelo y el plato. Por este motivo, la carta se transforma por completo con el paso de las estaciones.

Finalmente, el viaje sensorial se completa con una joya artística inesperada en medio de los cerros: el Museo James Turrell. A 2300 metros sobre el nivel del mar, se encuentra el único espacio en el mundo dedicado exclusivamente a la obra de este prestigioso artista estadounidense, famoso por su exploración del espacio y la luz. El museo, ideado gracias a la visión del coleccionista Donald Hess, cuenta con 1700 metros cuadrados y nueve salas especialmente acondicionadas. Allí, los visitantes pueden recorrer cinco décadas de carrera del artista en una suerte de túnel del tiempo, viviendo una experiencia interactiva y emocionante donde la luz solar de los valles se vuelve la verdadera protagonista.