Las caídas representan una de las mayores amenazas para la autonomía a medida que pasan los años. Sin embargo, incorporar un hábito de apenas 120 segundos diarios puede marcar la diferencia entre una vejez activa y el temor al movimiento

El sencillo ejercicio que trabaja todos los músculos y deberías hacer sí o sí a partir de los 60 años

A menudo olvidamos que el equilibrio es una capacidad física que se deteriora silenciosamente si no se estimula. Las caídas representan uno de los problemas más importantes dentro de la patología geriátrica, generando uno de los llamados “grandes síndromes geriátricos”, de acuerdo con un informe del Registro Nacional de Cuidadores Domiciliarios de Argentina. Aproximadamente el 30%, sean independientes y/o autoválidas sufren una caída una vez al año. Este porcentaje, asciende hasta el 35% en los mayores de 75 años y a un 50% en los mayores de 80 años. La mortalidad por caídas se incrementa exponencialmente con el aumento de la edad en ambos sexos por encima de los 75 años, una estadística que resalta la urgencia de actuar a tiempo.

Por qué perdemos la estabilidad con los años

La pérdida de la estabilidad no responde únicamente a la disminución de la fuerza en las extremidades inferiores. En este proceso interviene una compleja red de factores que incluye la agudeza visual, el sistema vestibular del oído interno y la velocidad con la que el sistema nervioso transmite las señales a los músculos.

“El equilibrio no se trata solo de estar en forma, sino de mantener la independencia”, explicó Cristina Sciavolino-Day, médica internista al medio especializado Fit&Well. La experta advirtió sobre un círculo vicioso muy común en los pacientes: “Cuando este disminuye, las personas empiezan a moverse menos por miedo, y es entonces cuando la fuerza, la movilidad y la confianza se deterioran aún más rápidamente”.

Cómo entrenar tu cuerpo en solo dos minutos

La clave para contrarrestar este deterioro no radica en extenuantes rutinas de gimnasio, sino en la constancia. Practicar ejercicios breves de manera cotidiana ofrece mejores resultados que realizar una única sesión prolongada una vez a la semana. Un excelente punto de partida consiste en pararse sobre una sola pierna aprovechando los momentos ociosos de la rutina.

“Intento que mis clientes asocien ejercicios de equilibrio, como mantenerse sobre un pie, con acciones sencillas que realizamos a diario, por ejemplo, cepillarse los dientes o esperar a que termine el microondas”, detalló la experta. Esta estrategia permite incorporar el entrenamiento sin alterar la agenda.

Consejos para empezar de forma segura

Para aquellas personas que sienten inseguridad o descubren que su cuerpo tambalea al intentarlo, la progresión debe ser gradual. No se trata de lograr una postura perfecta desde el primer día, sino de construir confianza de manera segura y sin riesgos innecesarios.

“A veces la gente se desanima si intenta hacer un ejercicio de equilibrio de golpe sin sujetarse. Es importante empezar despacio e ir aumentando la dificultad”, aconsejó Sciavolino-Day. Se recomienda comenzar apoyando firmemente la mano sobre una silla o mesada, pasar luego a tocarla con solo dos dedos y retirarla por completo una vez consolidada la estabilidad.