Apenas unas horas pasaron desde que pisó suelo tucumano, pero el cuerpo de Alejandro Bulacio aún mantiene la adrenalina de haber cruzado la meta en Río de Janeiro con los brazos en alto. El pasado sábado, en el imponente y exigente marco natural de Ilha Grande, el triatleta de 46 años superó sus propias expectativas al quedarse con el segundo puesto de la categoría Elite en el Xterra Brasil. El resultado ratifica su gran momento y lo ubica firmemente en la carrera internacional rumbo al Mundial de Estados Unidos.

"Fue una grata sorpresa", confiesa Bulacio. "A nivel nacional uno conoce a los rivales, pero Brasil es gigante y nunca sabés con qué nivel te vas a encontrar. Estaba entrenando fuerte, enfocado en este objetivo, pero volver con el subcampeonato en la máxima categoría es una felicidad enorme".

El logro cobra una dimensión mayúscula al analizar el contexto. Mientras el promedio de edad de los atletas top en las paradas de la gira mundial de Xterra oscila entre los 28 y los 38 años, el tucumano compite de igual a igual en la categoría absoluta, dejando de lado las divisiones por edades.

La madurez como combustible

Lejos de ver el paso del tiempo como un impedimento, Bulacio lo abraza como su principal ventaja competitiva. Con 25 años de trayectoria en el deporte —comenzó a los 21—, asegura sentirse en su plenitud absoluta, incluso por encima de sus registros de juventud. "Puede sonar contradictorio, pero hoy me siento mejor que hace 10 años", explica. "De chico tenés otra explosión y una recuperación más rápida, pero hoy tengo una experiencia y un volumen de entrenamiento que me permiten encarar las carreras desde otro lugar. En competencia no miro el documento; corro de igual a igual", asegura.

Su gran presente no es casualidad. Viene de subirse a lo más alto del podio en Las Termas de Río Hondo y, a diferencia de temporadas anteriores, este año decidió cambiar el enfoque estratégico. "Antes elegía las carreras que me gustaban; ahora me propuse correr campeonatos enteros para terminarlos", explica el atleta. Ese cambio de mentalidad es el que lo empujó a buscar con mayor constancia el roce internacional.

No es la primera vez que el nombre de Bulacio resuena con fuerza en los primeros planos del triatlón cross (que combina natación, mountain bike y trail running). En 2016 se consagró campeón mundial en su categoría por edades, y al año siguiente obtuvo el subcampeonato. Sin embargo, el salto a la categoría Elite reconfiguró sus metas. Ya no se trata de ganar en su franja, sino de medirse contra los mejores sin concesiones.

Una batalla entre el mar y la montaña

El circuito de Ilha Grande, ubicado a unos 120 kilómetros de la ciudad de Río de Janeiro, se presentó como un desafío eminentemente físico. A diferencia de Ilhabela (Sao Paulo), circuito que Bulacio ya había visitado en tres ocasiones, esta nueva locación obligó a los corredores a sortear un relieve brutal, con pendientes pronunciadas que exigían cruzar una montaña para pasar de un extremo al otro de la isla.

La competencia se definió por detalles estratégicos. "El ganador hizo una diferencia muy importante en el agua", analiza el tucumano, quien reconoce a la natación como la disciplina que más le cuesta. Sin embargo, la remontada llegó en la etapa a pie. Bulacio devoró los 24 kilómetros de mountain bike, pero el vencedor Hugo Amaral mantuvo el ritmo; luego, el tucumano sí pudo hacer diferencia con un ritmo demoledor en el trail running. Aunque logró recortar valiosos minutos en el trote —su fuerte histórico—, la brecha inicial en favor del brasileño terminó siendo decisiva. "Me quedé corto por poco, pero terminamos muy cerca", destaca sobre un podio que quedará en el recuerdo.

La gestión invisible y el sueño mundialista

Detrás de cada zancada en el barro y cada pedalada en la montaña, existe una carrera económica que muchas veces resulta más compleja que el entrenamiento diario. Para un atleta amateur en Sudamérica, los costos de traslado y logística representan una barrera casi infranqueable. En esta oportunidad, Bulacio pudo concretar el viaje gracias a algunos apoyos desde el sector gubernamental. "Es una realidad: competir afuera es donde realmente medís tu nivel, pero solventarlo solo es dificilísimo. Este apoyo fue fundamental para poder sumar estos puntos clave", agradece.

El subcampeonato en Brasil es solo el primer paso de un mapa de ruta ambicioso. El próximo 12 de julio, el tucumano viajará a Colombia para disputar el Campeonato Sudamericano. Un buen resultado en tierras cafeteras le otorgará el puntaje definitivo para sellar el gran sueño del año: la clasificación al Campeonato Mundial de XTERRA que se celebrará en octubre en los Estados Unidos.

A sus 46 años, con la misma pasión que en su primera carrera y con el triatlón internalizado como un estilo de vida innegociable, Alejandro Bulacio sigue demostrando que la constancia y la disciplina no entienden de fechas de vencimiento. De cara al desafío en Colombia, el tucumano no se guarda la experiencia y deja un mensaje para los que recién empiezan a ver resultados y se entusiasman con el running o el ciclismo: "Esto es una cuestión de constancia, disciplina y metas claras. Tengo 46 años y sé que el entusiasmo lo voy a tener siempre, habrá que ver hasta dónde acompaña el físico. A los que comienzan les digo que si yo puedo hacerlo con 46 años, quiere decir que ellos también pueden". Colombia aparece en el horizonte, y el tucumano ya tiene la mente fija en la próxima meta.