Con frecuencia se oye hablar de la “brecha salarial” de género. Es decir, de la diferencia que históricamente ha existido entre los ingresos de hombres y mujeres por el mismo trabajo, cargo o función: por lo general, nosotras, en promedio, ganamos menos dinero. Injusto, sin duda. Tanto, como la llamada “brecha del orgasmo”. ¿A qué se refiere?
A otra disparidad, en este caso respecto de la satisfacción sexual. Más concretamente, alusiva al orgasmo: las mujeres que mantienen relaciones sexuales tienen muchos menos orgasmos que los hombres. De hecho, algunas… no los tienen nunca.
Esta realidad se ve reflejada en una investigación reciente, publicada por la revista Sexual Medicine: un estudio con casi 25.000 personas en Estados Unidos confirmó que los hombres alcanzan el orgasmo con mayor frecuencia que las mujeres en todas las etapas de la vida adulta. Es decir que la “brecha” se mantiene estable entre generaciones, con diferencias que oscilan entre el 22% y un 30%.
Obviamente, no se trata de algo nuevo: ya en los años 50 Alfred Kinsey y sus colaboradores observaron que había una diferencia significativa en la frecuencia de los orgasmos entre las mujeres estadounidenses solteras y los hombres. Años más tarde, Masters y Johnson sugirieron que las lesbianas tenían más orgasmos que las mujeres heterosexuales.
Al parecer, una multicausalidad contribuye a esta asimetría. Por empezar, habría una diferencia en la percepción de los derechos sexuales de acuerdo al género: encuestas revelan que muchas personas creen que los hombres tienen más “derecho” al placer sexual y al orgasmo que las mujeres durante una relación sexual. Dicho de otra manera: no es tan grave que ella no “acabe” y hasta se considera “esperable” y “lógico” en ciertas situaciones (su placer es secundario). Pero que él no lo haga es menos aceptado.
Una educación sexual coitocéntrica -centrada en la penetración e ignorante de la importancia del clítoris para el goce femenino- también favorece esta desigualdad. De ahí que -de acuerdo al mismo estudio- las lesbianas y las mujeres que tienen sexo con mujeres reporten tasas de orgasmos significativamente más altas que las que tienen sexo con hombres (en este sentido, los números de los hombres no presentan variaciones en función de la orientación sexual).
Laurie Mintz, psicóloga, terapeuta sexual y profesora de Psicología de la Universidad de Florida, es investigadora de la brecha orgásmica y fue una de las primeras en utilizar el término. Autora del libro “Becoming Cliterate: Why Orgasm Equality Matters and How to Get It” (algo así como “Alcanzar la alfabetización clitoriana: porqué la igualdad en el orgasmo es importante y cómo conseguirlo”), sostiene que el motivo principal de esta forma de desigualdad de género se debe a “nuestra ignorancia cultural del clítoris, subproducto dañino de las actitudes patriarcales hacia el sexo”.
Considera que la brecha puede sanarse, siempre que las mujeres se dispongan a “averiguar qué les resulta placentero, y luego sentirse seguras y cómodas comunicándoselo a sus parejas”. Lo cual requiere la convicción de ser merecedora de placer tanto como el otro, además de una pareja receptiva, abierta. “Va a hacer falta educación, empoderamiento, aceptación de vibradores y lubricantes, y el uso de la palabra clítoris”, declaró.