La crisis del transporte público en Tucumán sumó un nuevo capítulo este viernes, luego de que la Unión Tranviarios Automotor (UTA) rechazara de manera categórica la propuesta de la Asociación de Empresarios del Transporte Automotor de Tucumán (Aetat) de pagar los salarios en cuotas. Ante la falta de acuerdo, la negociación entró en un cuarto intermedio que se extenderá hasta el martes de la próxima semana.
El planteo empresarial consistía en abonar el sueldo de mayo en tres tramos -el 5, 12 y 19 de junio- y dividir el medio aguinaldo en tres meses consecutivos (a finales de junio, julio y agosto). La respuesta del gremio fue inmediata. “Les dijimos que eso es imposible”, dijo hoy a LA GACETA el secretario general de UTA Tucumán, César González, antes de ingresar a la reunión con los empresarios.
El dirigente fue claro respecto de la expectativa sindical. “Esperamos que digan que van a pagar el sueldo en una sola parte”, sostuvo, al tiempo que recordó que el vencimiento salarial opera la próxima semana. De igual manera, González buscó llevar algo de tranquilidad para los próximos días al aclarar que, por ahora y mientras se espera la audiencia del martes, “no está en la mente paralizar los servicios”.
Deudas y unidades en mal estado: la realidad de los choferes
Mientras se espera el vencimiento de la tregua hasta la semana que viene, el clima entre los trabajadores es de creciente preocupación. Aunque muchos choferes evitaron hablar frente a las cámaras con este diario, describieron una situación económica asfixiante, con deudas acumuladas, tarjetas impagas y dificultades para llegar a fin de mes.
A esto se suman reclamos por condiciones laborales, como la falta de pago de horas extras y el deterioro de las unidades. “Nos dicen que solucionemos con lo que tenemos”, relataron algunos trabajadores en referencia a la escasez de repuestos y al estado de los colectivos, lo que también repercute de manera directa en la calidad del servicio que reciben los usuarios.
Conflicto de fondo
El conflicto no se limita a la discusión salarial. Forma parte de una crisis estructural que atraviesa al sistema de transporte, con empresarios que advierten sobre el impacto del aumento de costos -como el combustible- y presionan por una suba del boleto. Desde el otro lado, los choferes temen quedar atrapados en una doble presión: por un lado, necesitan el aumento para asegurar sus sueldos, pero por el otro, temen que un incremento tarifario reduzca la cantidad de pasajeros, empuje a los usuarios a elegir alternativas de transporte y afecte aún más su fuente de trabajo.
Por el momento, todas las miradas están puestas en la decisiva reunión del próximo martes. De su resultado dependerá si el sistema de transporte tucumano logra destrabar el conflicto o si, una vez más, se encamina de forma inevitable hacia un paro de actividades o un nuevo aumento del boleto.