Hay personas que prefieren ser observadores o que simplemente se limitan a los votos silenciosos de una conversación de más de dos participantes. Prefieren reducirse a las elecciones en una encuesta predeterminada o a “reaccionar” a los mensajes. Son vigilantes omniscientes de lo que pasa en el grupo: mientras se debate por algún lugar para salir o se discute algún tópico conflictivo de la dinámica grupal, hay quienes eligen permanecer en silencio. ¿Qué dice la psicología sobre estas personas?

Qué significa que una persona no pueda relajarse si la casa está desordenada, según la psicología

Chats de mensajería como WhatsApp o incluso las nuevas funcionalidades de Instagram que permiten formar parte de una comunidad virtual se volvieron la nueva modalidad en los vínculos de amistades, familiares o laborales. Mucho de lo que sucede en la vida real se decide en primera instancia en el chat grupal. Temas de relevancia primero ocurren en la dimensión digital. Pero el nivel de participación no es el mismo entre todos los integrantes. Mientras hay quienes toman protagonismo en los debates, otros permanecen en completo silencio, lo que incluso puede dar lugar a preguntas, interpretaciones erróneas y malentendidos. Ante este panorama, expertos en materia psicológica ofrecen algunas respuestas.

Entre el agotamiento digital y los límites personales

La psicóloga Beatriz Romero explicó a la revista Hola! que existen múltiples razones para optar por el mutismo en un chat grupal, donde se baraja un abanico de opciones, desde desinterés hasta un importante miedo a ser juzgado o incluso un cansancio emocional. No siempre es una cuestión de desvincularse, sino que la era digital ocupa demasiadas parcelas de nuestra vida: “A veces es simplemente tu manera de establecer límites”, enfatizó.

Guardar silencio puede tener muchas explicaciones, pero el de la sobrecarga emocional puede tener mayor peso. “A veces el silencio actúa como un regulador psicológico ante el 'tecnoestrés'", explicó el psicólogo generalista Luis Guillén Plaza al medio citado, coincidiendo en que el agotamiento y la ansiedad pueden ser producto de esta intensificación en la conexión y la comunicación. Así, permanecer al margen “puede ser una forma de reducir esa sobreestimulación y evitar la presión de tener que responder al instante”, remarcó.

La espiral del silencio y el freno de la ansiedad

Romero destaca el concepto de la "espiral del silencio", explicando que las personas pueden optar por la reserva si creen que su opinión difiere de la del resto del grupo. Esta postura hermética suele ser una forma de autoprotección, destinada a evitar conflictos. Por lo tanto, si alguien se mantiene al margen, no implica que sea apático; refleja que está siendo precavido y le preocupa la dinámica del grupo.

Detrás de esta postura también entran en juego los rasgos de personalidad y la salud mental, donde la introversión y la ansiedad social marcan la cancha. Para las personas introvertidas, los chats masivos y veloces resultan desgastantes; ellos prefieren reservar su energía y seleccionar muy bien cuándo intervenir. Por otro lado, quien padece esta fobia experimenta el "visto" y la escritura digital como una exposición pública amplificada. El miedo al juicio ajeno —el temor a decir algo incorrecto o a ser ignorado— genera un boicot invisible: escriben, borran y finalmente eligen callar. En estos casos, el perfeccionismo y la falta de confianza actúan como un freno de mano ante la pantalla.

"Telepresión" y el arte de desconectarse sin culpa

A este combo se le suma un fenómeno moderno que Guillén Plaza define como "telepresión". Existe una norma social implícita en la cultura digital que dicta que estar en un grupo obliga a participar, lo que genera culpa en los miembros más silenciosos. Las herramientas de las aplicaciones, como el "en línea", el "escribiendo..." o el doble tilde azul, transforman el espacio virtual en un escenario de disponibilidad permanente. Muchas veces, las personas terminan respondiendo por pura obligación y compromiso, lo que se traduce en más estrés, menos desconexión mental y una participación reactiva en lugar de reflexiva.

Sin embargo, el silencio también puede ser una bandera de victoria y una herramienta fundamental de autocuidado. En un mundo hiperconectado, decidir no responder es una forma consciente de poner límites saludables y disminuir la fatiga tecnológica. Los psicólogos coinciden en que hablar menos en el entorno digital no equivale a aislarse, sino que permite pertenecer a una comunidad sin saturar la salud mental. Para lograrlo sin culpa, los expertos recomiendan establecer franjas horarias para revisar los chats, reaccionar con emojis para dar el presente sin generar ruido y, sobre todo, recordar que el valor de un vínculo no se mide por la cantidad de mensajes enviados, sino por la calidad real de la conexión.