Pasa casi desapercibido, como si ya fuese una costumbre verlo ahí. Franco Sbuttoni observa con atención un partido de la Reserva en el complejo de Ojo de Agua, mimetizado entre hinchas, trabajadores del club y familiares. Su presencia no sorprende y él lo toma con total naturalidad. Pese a que ya pasaron casi siete años desde el último partido del “Gringo” con la camiseta de Atlético Tucumán, su vínculo insoslayable con la institución y con la provincia todavía lo retienen aquí. Como si fuese, aún, uno más del club.
En diálogo con LA GACETA, el defensor de 37 años repasó su historia en el “Decano”. Con alegría y entusiasmo, contó qué lo trae de regreso a las inmediaciones del complejo mientras transita los últimos pasos de su carrera jugando en el Gela de Italia (equipo sureño que milita en la cuarta división de ese país). La respuesta a su arraigo es tan literal como metafórica: en Tucumán, el santafesino construyó su familia y su hogar.
- ¿Cómo es tu vínculo actual con Atlético y por qué estás instalado en la provincia?
- Mi señora y mi hijo de tres años son tucumanos. Hicimos la casa acá y nos quedamos. Aunque hoy juego en el ascenso de Italia y el calendario europeo me permite volver a la provincia en los recesos, sigo totalmente vinculado al club. En mis días libres voy a entrenarme al predio con los “profes”, y suelo pasar a visitar y charlar con Ramiro González, técnico de la reserva y gran amigo mío.
- Tu historia en el club arranca en 2013, te tocó la final perdida con Huracán en Mendoza y luego el ansiado ascenso. ¿Qué fue lo que cambió en la cabeza del grupo para reponerse tan rápido?
- Llegué en 2013 con el “Bebe” (Guillermo) Acosta, cuando el técnico era Ricardo Rodríguez. En un club grande como Atlético la exigencia de ascender es diaria, por lo que esos primeros años sin lograrlo fueron difíciles. La final perdida contra Huracán en Mendoza fue un golpe durísimo porque veníamos haciendo un torneo excelente y nos caímos en el cierre. Sin embargo, ese tropiezo nos fortaleció. El “Vasco” (Juan Manuel) Azconzábal mantuvo la base, nos quedamos con sed de revancha y al año siguiente logramos coronar con el título en un campeonato larguísimo.
- Esa base no sólo ascendió, sino que después metió al club en la Copa Libertadores y en la historia grande. ¿Cuál fue el secreto de ese proceso?
- Mantener la base fue el gran acierto de la dirigencia y del cuerpo técnico. El conocimiento que nos teníamos hizo que no sintiéramos el cambio de categoría. Logramos una clasificación histórica, nos metimos en fase de grupos y vivimos los mejores años de la historia del club. Había mucho sentido de pertenencia, algo que se construye con el tiempo y que te hace sentir más responsabilidad por la camiseta. Hoy, mirándolo de lejos, uno toma dimensión de lo difícil que es competir y llegar a esas instancias internacionales.
- Te quedaste seis años renovando año a año. ¿Qué te unió de manera tan profunda a Atlético?
- Ponía mucho en la balanza lo extrafutbolístico. El hincha y el club me ayudaron en los momentos más difíciles de mi vida. Yo perdí a mi mamá en 2016 y a mi papá en 2017, en un lapso de un año y medio. Fue durísimo, estaba solo con mis hermanos y hubo momentos en los que quise dejar el fútbol. Los dirigentes, mis compañeros, el cuerpo técnico del “Ruso” (Ricardo Zielinski) y el hincha me sostuvieron anímicamente. Me dieron las fuerzas para levantarme y volver a jugar. Atlético me marcó para siempre; hoy soy hincha, lo hice socio a mi hijo y cuando estoy acá voy a alentarlo desde la tribuna. Por mi parte, jugara bien o mal, siempre respeté el escudo y el esfuerzo del hincha que paga la entrada. Creo que ese cariño recíproco nació de ahí. Por eso Atlético me marcó, tenemos un vínculo muy especial.
- ¿Te gustaría tener un rol formal en la institución en el futuro?
- Me encantaría. Tengo excelente relación con la gente del club y hablo seguido con Sebastián (Longo), que es mi amigo. Ahora que veo más cerca el retiro uno empieza a analizar el post-fútbol. Si está la posibilidad de volver a Atlético, no tengo dudas de que me gustaría aportar mi granito de arena para que el club siga creciendo.
-¿Cómo era ser defensor con Zielinski? ¿Te daba algún consejo o indicación en particular?
- El “Ruso” potenciaba al defensor desde la simpleza. Te pedía que te ocuparas pura y exclusivamente de defender. Daba indicaciones cortas pero muy concisas. Trabajaba mucho el triángulo defensivo, el orden de atrás hacia adelante y las coberturas. Buscaba centrales con voz de mando para ordenar la línea y lograr esa solidez que después se veía los fines de semana.
- De tus últimos partidos en el club quedó grabado el 3-0 contra River en la Copa de la Superliga 2019, cuando te tocó hacer dupla central con Andrés Lamas. ¿Cómo fue esa noche siendo dos zurdos en la zaga?
- Perfecta. Venía de una inactividad larga por una operación importante y reaparecí como titular en esa llave. No es común jugar con dos centrales zurdos. Éramos dos jugadores con experiencia y el partido requería eso para solventar cualquier falencia de perfil o de movimientos que no veníamos ensayando. La gente todavía me lo recuerda en la calle porque no se le gana a River todos los días; fue una noche hermosa que sirvió para pasar de fase.
- ¿Cómo analizás el presente actual de Atlético?
- Lo sigo de cerca. Con el nuevo entrenador el rendimiento futbolístico mejoró, pero falta que eso se traduzca en los resultados. No tengo dudas de que los jugadores, el cuerpo técnico y los dirigentes son los primeros que quieren revertir esta situación; conozco el club y sé cómo se trabaja en el día a día para sacarlo adelante. Entiendo la molestia del hincha porque se acostumbró a las copas y a pelear arriba, el tucumano es pasional y por eso la cancha siempre está llena. No tengo dudas de que en esta segunda parte de la temporada el equipo va a levantar y todo se va a volver a acomodar.