Hace al menos seis años que Pablo Ramos y su esposa, Elisabeth Suárez, empezaron a soñar con tener un auto, pero siempre aparecieron otras prioridades. Entre ellas, terminar la casa, que Pablo está construyendo con sus propias manos ya que es albañil desde los 12 años. Hasta ayer, esta feliz familia taficeña, con su hija Celeste, salían a pasear y a hacer trámites en la moto que compraron hace dos años. Pero reconocen que es un peligro.

"Ya no vamos a andar nunca más los tres arriba de la moto. Nunca nos gustó hacerlo, pero no quedaba otra, era la única forma de movilizarnos", contó Elisabeth ayer, cuando LA GACETA golpeó a su puerta para contarles la alegre noticia.

Lo que sigue es aprender a manejar: ni ella ni él tuvieron auto nunca, por lo que tendrán que buscar alguien que les enseñe. Los primeros apuntados son Lucas y Marcos, hermanos de Pablo, ambos remiseros en Yerba Buena.

Como si lo hubieran adivinado: entre las lentas pero seguras refacciones que le están haciendo a su casita está planeada una cochera, donde guardarán el reluciente Chevrolet Celta.