Por eso el Dakar es apasionante. Porque es impredecible, sorprendente, descomunal. El diseño de este año acentúa eso. De entrada, complicaciones. Serias. Grandes. Como las de ayer. Pilotos experimentados complicados con la navegación y cayéndose del clasificador. Y otros sufriendo accidentes en las traicioneras dunas. ¿Pasó lo peor? Nada que ver. Hay quienes dicen que lo de hoy será un infierno. Más que filtro, parece una etapa de fusilamiento ante un paredón de arena. Lo que está pasando en Motos es quizás el chivo expiatorio de esta carrera impiadosa. Fantástico. No es broma que aquí, a mayor dificultad, mejor show.