Olaf Bochnak es un padre franciscano, de nacionalidad polaca, que estuvo en el vivac del Dakar ubicado en el hipódromo. No es que sea muy fanático de la competencia, pero respondió como en cada edición sudamericana de la competencia al pedido de un compatriota que corre. "Vivo en Buenos Aires y llevo un par de años dando esta misa", comentó Bochnak, mientras se montaba la mini iglesia con un par de bancos.

El altar, desde luego, no era de un mármol sólido y firme. Simplemente un tablón, con unas finas patas de hierro, bastó para alabar a Dios con el mismo fervor con el que se lo glorifica en las majestuosas y fastuosas iglesias.

"Llevamos muchas ceremonias, en varios años dentro del equipo polaco", explica Rafal Sonik, piloto de cuatriciclos que marcha 4° en la carrera. Antes, Bochnak estableció su preferencia entre los polacos. "Él es mi campeón", dijo el cura. Aunque también forma parte de la improvisada congregación Jaroslav Bazberuk, uno de los dos navegantes de Robert Jan Szustkowski, que participa del Dakar a bordo del particular Mercedes Unimog, quien oficia la misa no se ruboriza en establecer la preferencia. Y eso que Bazberuk fue el que más gozó de la celebración, cálida en todos los sentidos: por la alta temperatura y por el modo en que, sobre todo él, la vivió. "Dios es importante para mí", respondió Bazberuk, que reconoció en contraposición que no reza mucho. Sí, lo hace lo suficiente.

Aclara que viene de una tierra especial en cuanto a religión se refiere. "Soy del país de un Papa", hace notar el dato obvio el dakariano. El orgullo por ser compatriota de Juan Pablo II se evidencia en una sonrisa sincera, la misma que exhibió en repetidas ocasiones, sobre todo luego de leer el evangelio. La lectura y toda la misa se hizo en polaco, pero de eso ya fuimos advertidos varios que, sin embargo, nos quedamos a vivir la singular situación, impensada en pleno campamento.

"En un principio, era para los pilotos de nuestro equipo pero ahora, por primera vez, está abierto para todos los pilotos con licencia polaca", explicó Sonik. Algunos se acercaron a preguntar sobre la misa, pero desistieron ante el obstáculo idiomático. Y es que verdaderamente cualquier esfuerzo por entender era inútil. Más todavía con el ambiente convulsionado de un vivac. Helicópteros que sobrevuelan a baja altura, motos que pasan por detrás del altar; desconcentran. Las camionetas que maniobran para husmear qué hacen casi 20 personas reunidas perturban más que nunca.

El cuadro se torna más insólito cuando a lo lejos irrumpe alguien. Se divisa que es varón y se deduce que los baños químicos que dispuso la organización están muy lejos para su urgencia. No hay mucho para reclamarle: esto es el mundo Dakar y si Dios quiere formar parte de él, tampoco se salvará de sus peripecias.