FLORIDA, Estados Unidos.- Cuando el matrimonio de Jack y Bonnie Richter planeó sus vacaciones, no imaginaba lo que el destino les tenía preparado. Corría noviembre de 2012 cuando abandonaron su casa en Palm Beach para instalarse en un departamento en Daytona, junto a su mascota, la gatita Holly, de cuatro años.
Un show de fuegos artificiales asustó al animal, que comenzó a correr por el lugar hasta que sus dueños le perdieron el rastro. De inmediato comenzaron las búsquedas, sin obtener buenos resultados. Hablaron con los vecinos, imprimieron panfletos y hasta avisaron a las autoridades locales sobre la pérdida. Todo en vano.
Resignados, tuvieron que emprender el regreso a casa, con la idea que no volverían a verse con su mascota. Sin embargo, en la víspera de Año Nuevo, una gatita no logró resistir el cansancio y se desplomó en el patio de la casa de Barb Mazzola, una mujer que vive a menos de 20 cuadras del matrimonio, en Palm Beach. ¡Era Holly!
Increíblemente, la gatita viajó 300 kilómetros para regresar a su casa pero el agotamiento la venció poco antes de cumplir su meta. “Estaba muy flaca y débil. Casi no podía ni caminar”, contó la mujer, que de inmediato llevó a su mascota a un centro veterinario.
Estaba escuálida, deshidratada y con sus uñas gastadas, pero en poco tiempo logró recuperarse. El profesional que la atendió, Marty Becker, tampoco pudo salir del asombro ante semejante hazaña. “Todos los animales tienen sentido de orientación, pero es muy raro que los gatos encuentren el camino a casa a través de distancias largas. Es un milagro”, opinó.
Lo cierto es que la travesía de Holly duró 62 días, en los que atravesó 320 kilómetros, todo eso con un objetivo: volver a casa. LA GACETA ©