Si hubo talk shows antes de Lía Salgado nadie se acuerda. Ante los ojos del público ella fue la fundadora, la reina, la Gran Dama de aquellos segmentos en que los trapitos sucios de familias, amigos o grupos de trabajo -entre otros universos- salían a la luz e hipnotizaban a la audiencia. Pero lo que casi nadie sabe es que la inolvidable conductora sufrió en su vida personal un drama digno de una edición especial de "Hablemos claro".

En una nota publicada ayer por el diario La Nación, Salgado señaló que durante mucho tiempo atravesó complicadas enfermedades y que hace un año está en rehabilitación. "Mientras hacía 'Sin vueltas' me diagnosticaron cáncer de útero. Me sacaron ese órgano y no pude tener más hijos. Y en el intestino me hicieron una histerectomía, pero se complicó al año siguiente. Fue una operación tras otra", contó.

Superado ese trance, la salud de la conductora volvió a decaer, a raíz de un quiste sinovial ("un quiste pegado al ciático", explicó ella). "Un día me levanté para ir al supermercado, salí a la calle, las piernas se me soltaron y me caí. Dos médicos me dieron diagnósticos errados y entonces fui al Fleni. Para esa época ya me dolía tanto que no podía ni caminar. Andaba en silla de ruedas".

Los meses posteriores a la operación por ese quiste no fueron más distendidos. "Me ayudaba una señora. Mi hijo me venía a ver y mi mamá, que vive en La Plata y está por cumplir 90 años, también. Me fui a su casa y me interné: ella tiene ahí señoras que la cuidan, entonces me venía fenómeno".

TV sí, tacos no
Salgado no descarta que la tensión y los conflictos que generaba tarde a tarde su talk show la hayan afectado de alguna manera. "Mucha gente me decía 'Lía, no te enganches tanto con los problemas de la gente porque te va a hacer mal'. Y me hizo mal". Sin embargo, la conductora dijo añorar la televisión. "¿Cómo no voy a extrañar? Si la pasé muy bien. Fue duro por las historias de la gente, pero en general, fue maravilloso. Lo que no extraño son los tacos altos".