"Eh, Dorado, vení sacate una foto. Ohh, esa cara de feliz cumpleaños que pone...". Así, por el apellido, Jorgelina llama a sus amigos del Face y del colegio. Tiene 13 años y todos los sábados, siempre que pueda, se toma un colectivo en Villa Carmela para ir a encontrarse con ellos en el shopping Portal Tucumán, donde -si dan los números- comen una hamburguesa, o ven una película en el cine. O simplemente se juntan a ser adolescentes y conversar.
Jorgelina parece la jefa de su grupo. La frase de su remera coral pretende que la vida es tan larga como la virilidad masculina, pero en inglés. Trata a los chicos y a las chicas a los empujones y en su cara hay cuatro o cinco pequeñas cicatrices que, en un primer vistazo, parecen producto de una pelea. "No, nada que ver -se excusa con timidez-. Es que de chica era muy traviesa y me vivía golpeando". Ella, para la gente de seguridad del shopping, sería una chica de los grupos "normales", opuestos a los grupos "duros" que son los que alientan la violencia y las peleas. "Yo no peleo con nadie, nos empujamos por joder nada más. Es un embole cuando vienen las banditas a hacer lío porque no se puede estar tranquila", dice. Sus amigos Tomás, Valentina y Agustín, todos de Villa Carmela, asienten con la cabeza.
El efecto "post Día del Amigo" se siente en este predio que, por diversos motivos, es el epicentro de reunión favorito de miles de adolescentes del Gran San Miguel. Ese día se armó una gran batahola que empujó a las autoridades del shopping a reforzar medidas de seguridad (ver "Los que hacen...").
En algunos casos estas medidas se cumplieron, pero en otros no. "A mí no me controlaron nada, pero se ve que eso hizo que venga mucha menos gente, esto está una muerte ahora. Por un lado está bueno, pero por el otro es aburrido", renegaba el fin de semana pasado Marcelo, un adolescente de 16 años. Él había llegado, como siempre, a las 19. Pasadas las 22 todavía eran una veintena de chicos charlando, fumando y sacándose fotos. Claro, cuanta más gente vaya - y más chicas principalmente- más posibilidades hay de conocer a alguien. El más chico de su grupo, Agustín (14), era el más preocupado porque, según sus amigos Matías y Santiago, "es el que más gana". Según estos jóvenes, siempre son los menos los que ocasionan problemas y por ellos tienen que pagar todos.
La calma volvió al lugar que vio nacer a los floggers hace algunos años. Para algunos, esta paz es para aplaudir. Para otros, es para aburrirse.
"Los que hacen lío optaron por irse a otro lado"
Aquel sábado 20 de julio, Día del Amigo, como todos los sábados, asistieron miles de chicos de entre 10 y 18 años al shopping Portal Tucumán. Pero esa vez la cosa se puso mucho más densa: hubo peleas, vidrios rotos, corridas, chicos asustados que llamaron a sus padres para que fueran a buscarlos. "Incluso teníamos chicos de las banditas duras, los problemáticos, que trataban de saltar el portón de la calle Alfredo Guzmán porque no los dejábamos entrar", explicó una fuente del área de seguridad del shopping. El fin de semana siguiente comenzaron a controlar las mochilas para asegurarse de que no llevaran bebidas alcohólicas. "Entre ellos se fueron comunicando de los controles, entonces las barras que iban a hacer lío o a tomar ni se acercaron. Optaron por irse a otro lado", relató un miembro de la custodia del centro comercial.
La situación, que parecía controlada, volvió al tapete el primer fin de semana de agosto, cuando Maximiliano Stojan, padre de un menor que asistía asiduamente al shopping, denunció que los habían corrido porque se encontraban vendiendo rifas. El personal de seguridad admitió este hecho ante LA GACETA, explicando que dentro del predio no se pueden vender cosas ni hacer promociones sin permiso.