Siglo XXI, calendario gregoriano. Nuestro mundo ha cambiado, hay que reconocerlo, y para siempre. Después de las históricas revoluciones agrícola e industrial, hoy convivimos con la revolución informática; mediática.
Una bola de fuego en Rusia; un salto desde las puertas del espacio; la sorpresiva renuncia de un papa y la elección de otro venido del “fin del mundo”; un catastrófico súper tifón y el nuevo “rey del pop” en controversia son hechos que sacuden nuestro mundo global y, para bien o para mal, nuestro mundo personal.
Más allá del peso histórico y mediático, quienes estamos en formación, sobre todo, recibimos las breaking news a través de redes mediáticas (internet, televisión). Y hasta pueden influir en nuestra vida personal.
En casos como las muertes de Osama Bin Laden y de Muamar Gadafi, fuimos testigos sordos e involuntarios de cada hecho, recibidos en nuestros hogares a través de un tweet o una noticia urgente de televisión.
La sociedad cambia a pasos agigantados cada década; si nuestros abuelos vieron a Neil Armstrong dar “un gran salto para la humanidad” en la Luna, los jóvenes vimos a Felix Baumgartner ir hasta lo más alto de la estratósfera para “entender cuán pequeños somos”, en especial frente a los gigantes de la Historia. Los jóvenes somos los hijos del futuro, el nuestro.
Si nos dio cierta risa la cobarde acción de Francesco Schettino en el Costa Concordia, y temblamos ante un espantoso terremoto y tsunami en Japón que casi produce una catástrofe nuclear (el riesgo no terminó), es porque respiramos por los medios de comunicación.
Esos medios tan codiciados por presidentes y dictadores para cortarnos la respiración y darnos su aire de dominio. Un simple fraude mediático como el del fin del mundo en 2012 pudo inducir al suicidio, y una eventual futura victoria mundial de nuestra selección de fútbol nos “mataría” de alegría.
Los más jóvenes, con la conciencia aún en evolución somos de los más vulnerables entre las conexiones mediáticas. Hubo quienes festejaron el asesinato de Bin Laden, aún sin poder curar la herida abierta por los 2.700 muertos de las Torres Gemelas que ordenó destruir en 2001.
A otros les duele todavía el fallecimiento del “rey del pop”, Michael Jackson, y les molesta más que un joven tan polémico como Justin Bieber herede el trono. Pero es parte de la realidad que nos exhiben los medios, muchas veces censurada o confundida.
Los medios nos hacen testigos de la Historia, aunque no vivamos ciertos acontecimientos en carne propia. Con todo, podremos contarles a nuestros hijos y nietos cómo vivimos tal o cual noticia, y cómo nos enteramos de ellas como fieles habitantes del Tercer Milenio.
Impactados por lo que sucede
Salimos a la calle para saber qué noticias de los últimos tiempos impactaron más. Y los temas se multiplicaron. La reciente catástrofe en Filipinas y las protestas sociales (como la de los jubilados frente a Casa de Gobierno) son de fuerte actualidad. Pero también hay quienes aún recuerdan el atentado a las Torres Gemelas y las explosiones de los bancos de la plaza Independencia.
Alumnas del secundario afirmaron que los sacudones ocurridos con Justin Bieber en su fallida presentación en Argentina fue un tema llamativo. Y también les llamó la atención un hecho sucedido hace un tiempo con preadolescentes en un local de comidas en pleno centro.
La asunción del papa Francisco fue un hecho que nos comentó Carmen, una señora mayor. También nos recordó sobre el fallecimiento del ex presidente Néstor Kirchner, a fines de 2010.
Mayra Coronel se vio impactada por la catástrofe humana a raíz del súper tifón Haiyan en Filipinas, que dejó 10.000 víctimas mortales.
Ezequiel y María se preocuparon por las reiteradas lesiones de Lionel Messi, así como dejaron traslucir temor por una ausencia del mejor futbolista del mundo en la Copa del Mundo Brasil 2014.