En 2002, Daniel Brunella (empresario de 48 años) veía coronada su aspiración: había concluido la construcción de una estación de servicio en Yerba Buena junto a su socio, el arquitecto que había hecho el proyecto. Pero, antes de que pudieran celebrar el logro, el edificio se vino abajo. ¿Como superaste esa frustración? le preguntó LA GACETA. “Ahh, bueno, yo no recuerdo ese episodio como una frustración”, responde tranquilamente. ¿No sentiste que se había truncado un proyecto? Ante el nuevo interrogante comienza a explicar, serenamente.
“Pasó algo muy curioso. La losa se vino abajo y quedó en pie solamente una columna, y justo, yo estaba sobre esa columna. Así que podía ver todo lo que se había caído, pero también todo lo que se había logrado. Y en realidad, si bien mi meta era la estación de servicio, yo no estaba fijado en esa meta. Lo que valoraba, y lo que en general valoro, es la experiencia, lo que se va aprendiendo en el camino hacia la meta, y en esta caso en particular, la relación que habíamos ido construyendo con mi socio y que perduró. Disfruté cada momento compartido”, relata.
Responsabilidad
No resulta difícil creerle porque la estación de servicio se volvió a levantar y desde 2004 que está funcionando. Brunella tiene ya otra estación de servicio y cuenta, orgulloso: “y mi socio es uno de los arquitectos más buscado para hacer este tipo de construcciones, porque se aprecia mucho la experiencia de quienes han superado adversidades”.
¿Como lo hace? es la tercera pregunta que surge. Y vuelve a explicar: “muchas veces ocurre que quiero la meta sin recorrer el camino, sobre todo en esta sociedad de la inmediatez en la que vivimos. Pero el aprendizaje y la experiencias están, precisamente, en el camino”. Brunella fue aprendiendo estos conceptos en su capacitación como coach ontológico. “Cuando aparece un espacio de responsabilidad, se minimiza la frustración. Me hago cargo de lo que genero y sé qué puede pasar, tengo más capacidad para transformar lo que no funciona”, destaca. “Si no se da el resultado esperado -que es la frustración- entiendo que pueden haber fallado muchas cosas, pero no mi persona. Yo suelo decir: no lo logré... todavía o por ahora, y redirecciono mi meta o pido ayuda”, agrega.
Emociones
“La frustración suele venir acompañada de varias emociones: enojo, ira, tristeza, decepción, desconfianza. Y lo que sostiene esas emociones son nuestras propias opiniones, nuestra particular manera de interpretar lo que sucedió”, dice Natalia Sleiman, coach ontológica profesional. Aclara que no es la emoción ni el estado de ánimo lo que nos paraliza sino la manera de relacionarnos con ella. “Es útil recordar que somos seres humanos con emociones y no la emoción. Esta solo nos informa sobre la manera en la que estamos viendo lo que ocurrió. Por eso hay personas con mayor tolerancia a la frustración que otras y pueden seguir adelante, revisando lo sucedido”, subraya.
Agrega que podemos utilizar la frustración para aprender o usarla para reafirmar nuestro fracaso. Los escenarios posibles ante un objetivo no logrado son:
1) Que la persona se rinda, se diga a sí mismo que ha fracasado, lo exprese como una verdad (un hecho) y quede paralizado.
2) Revise lo sucedido, observe las causas, repare lo que sea necesario y continúe.
3) Observe y reconozca sus límites, aprecie sus recursos, descubra que puede adquirir y aprender nuevas habilidades y reformule el proyecto, objetivo o meta.
“La vida no es perfecta; es como es, no hay mal o bien, es una creación permanente. Cada mañana el día te espera con una hoja en blanco, es tu elección lo que vayas a escribir en ella”, concluye.