“Les dije a mis hijos que le recen a la Virgen, como les enseñaron en el colegio”, contó Beatriz Cancino de Méndez, la mujer que en la madrugada del martes fue asaltada junto a su marido e hijos en una casa del “Golf Country Club”, en San Martín al 800, en Yerba Buena.

La mujer confirmó que los ladrones cortaron la tela metálica que delimita al barrio privado, ingresaron a la vivienda por la ventana de la cocina y subieron a la planta alta. “No tenemos rejas ni alarma de seguridad. Tampoco nos permiten hacer tapias”, indicó la víctima.

Cancino de Méndez recordó que uno de los delincuentes la despertó con un arma en la cabeza. “Me taparon la boca y me llevaron hasta la habitación de mi hija”, señaló.

Sin violencia

La mujer despertó a la pequeña y un segundo ladrón trasladó a otros dos hijos del matrimonio hacia esa habitación.

En el interior de la vivienda habrían estado cuatro asaltantes.

Tres delincuentes bajaron con José Méndez y le exigieron el dinero que estaba en la caja fuerte. El cuarto se quedó con la mujer. “En todo momento me daba charla y me pedía tranquilidad”, contó ella. Según la víctima, el ladrón tenía tonada porteña, mostraba seguridad y lucidez. “Ahí le pedí a mis hijos que le recen a la Virgen”, indicó.

Cancino de Méndez sostuvo que el asaltante en un momento quiso atar a los chicos por temor a que escaparan, pero después desistió. Hasta los aconsejó: “si esto se pudre vos y los chicos se tiran al piso con las manos en la cabeza”, relató la dueña de casa.

Transcurrieron unos 20 minutos y algo pasó. “Estábamos rezando cuando (el ladrón) salió corriendo. No sabía qué pasaba. Escuché cinco disparos. Luego un silencio. Mi marido me llamó y salí. Tomé el teléfono y llamé a la comisaría de Yerba Buena”, narró la mujer.

“Sólo nos llevaron $ 50.000. No había otra mochila con más dinero. Tampoco tenían pensado llevarse el televisor u otros electrodomésticos”, aclaró.

Estado de shock

A dos días del asalto, la mujer sigue shockeada. “Antes iba a cualquier lado y dejaba a los chicos en casa. Ahora estoy pendiente de todo. Siento que ladra un perro o un ruido y estoy atenta. Es una paranoia que te queda”, reflexionó.

Cancino de Méndez contó que sus hijos -de nueve a 13 años- retomaron su actividad normal y están más tranquilos. Luego del robo la familia pensó en mudarse, pero después desistieron. “Supuestamente vivimos en un lugar seguro”, ironizó.

La mujer confirmó que su marido se dedica a la compra y venta de autos, pero no relacionó el asalto con dicho trabajo. “Te da bronca porque te llevan el laburo y el sacrificio de toda una vida. Mi esposo no para ni para almorzar”, remarcó.

Cancino de Méndez aseguró que en Yerba Buena hay “seguridad cero”. Desde el año pasado participó de las distintas marchas reclamando seguridad. “Todo lo que hacemos es para vivir más tranquilos, pero parece que los políticos y la Policía se nos ríen en la cara”, renegó.

También aseguró que las cámaras apostadas en la vía pública no funcionan en su totalidad. La víctima estaba abatida, cansada, desahuciada y con temor. “No tengo armas pero si las hubiera tenido les disparaba”, afirmó sin dudar.

El grupo delictivo que ingresó a la vivienda estaba conformado por al menos ocho asaltantes. El atraco se interrumpió cuando Mario Acosta, un guardia de seguridad privada que trabaja en el predio, observó que la tela metálica estaba rota y llamó al jefe de guardia para alertarlo. En ese momento, uno de los delincuentes lo sorprendió y se trenzaron en lucha. Acosta lo noqueó, pero el ladrón dio aviso a los demás. Cuando se iban, desde afuera del country realizaron cinco disparos.

Según el testimonio de Acosta, la banda se habría fugado a bordo de una camioneta negra que salió hacia el sur y en un auto Volkswagen Bora o Vento que se dirigió hacia el norte.