“¡Esto es Boca!”, es el actual grito de guerra de referentes, hinchas, técnicos y hasta dirigentes. Una verdad de perogrullo pero que en días como los de ayer, sirven para mirar un poco más allá de la obviedad. ¿Qué es Boca, además de Boca? En cancha de All Boys en las categorías Séptima, Octava y Novena, fue un temporal tal como el que cayó sobre Buenos Aires y obligó a suspender los duelos de la Quinta y Sexta.

El aluvión empezó en los alrededores: mucha más gente que de costumbre pobló el estadio del “gallego”. “Es impresionante la cantidad de gente que mueve Boca. Vendí muy bien”, dice Luisa de Jiménez, vendedora ambulante.

Otro signo de la estampida “xeneize” fue la logística de la comitiva. Rozando lo profesional, llegaron el jueves, dos días antes del partido y con reglas muy estrictas.

Ya en los partidos, la Séptima desnudó la mayor diferencia entre un equipo y otro: 7-2 para los visitantes, un baldazo de agua fría para empezar la jornada pero que José María Moreno, DT del rival, ayudaría a entender. “Atlético no se tiene que bajonear. Le pasó a Godoy Cruz y a Rafaela en su primer año, pero después mejoraron. Los chicos necesitan tiempo para aclimatarse”, explicó.

La derrota de la Octava “decana” fue más decorosa (0-2) pero el plato fuerte llegó al final, con la Novena. Un 3-3 que tuvo todos los condimentos: de los ricos, como los goles, y de los desagradables, como las agresiones machistas de los padres (y madres increíblemente) hacia Laura Fortunato, árbitra asistente en ese duelo.

“Vamos a tener que trabajar con los padres en eso. Lejos de ser algo positivo, sus gritos ponen más nerviosos a los chicos”, dijo Jorge Artero, técnico de la Novena, que en un momento tuvo que darse vuelta para pedir tranquilidad.

Los jugadores rivales (tienen 14 años) tampoco se salvaron de los insultos. “Les vamos a decir a los chicos que hablen con sus padres. Como era Boca, todos estaban muy nerviosos”, agrega Artero.

“La idea es que se diviertan y no sientan presión pero a veces no puedo con mi fanatismo y más contra Boca. Por mi hijo y Atlético”, admite Dante Ibarra, padre de uno de los chicos y uno de los últimos en abandonar la cancha.

Eso había sido Boca.