Pedro Carrizo
El verde explota en cada fotografía
“Cuando llego al Cristo, una ventana de colores se abre ante mí. Y no tengo más remedio que retratarla”. Las palabras del fotógrafo Pedro Carrizo ilustran con potencia lo que el paisaje yerbabuenense provoca en los artistas. Y aunque Carrizo no vive en Yerba Buena sino en la capital (“desde el edificio donde vivo distingo el verde a lo lejos y me genera paz”), su actividad profesional se desarrolla casi exclusivamente en la Ciudad Jardín. “Los verdes de los árboles, el cielo diáfano, el palito blanco del Cristo en San Javier aparecen como dones. Y puedo decir que esos colores abruman”, señala. Además, hay una Yerba Buena distinta en cada estación. “A mi me encanta la Yerba Buena de septiembre, cuando los lapachos en flor estallan y la avenida Aconquija se engalana de colores; o la del otoño, donde las callecitas se tapizan con todas las gamas de marrón”, sostiene. Carrizo comenzó su carrera haciendo fotos en las canchas de golf de la Ciudad Jardín. “Los atardeceres en esas canchas son fascinantes. Y lo mismo sucede en la reserva de Horco Molle. No los cambio por ningún otro”, concluye.
María de los Angeles Aguilera
“El paisaje del cerro me inspira y me relaja”
Tiene 35 años y, desde que nació vive en Yerba Buena. Allí no sólo dicta un taller de tango, sino que además desarrolla una fructífera actividad independiente. María de los Ángeles Aguilera es bailarina e integra el Ballet de Danza Contemporánea de la provincia. “Yo trabajo en la capital, pero es aquí sonde encontré mi propio espacio para la creación y el disfrute”, dice con orgullo. Y es que, desde que comenzó a estudiar danza, María de los Ángeles siempre sufrió la falta de un espacio adecuado para expresar su arte. “Ahora, con la nueva Casa del Bicentenario, los artistas independientes tenemos la posibilidad de mostrar lo que hacemos. Este es el ámbito que nos aglutina y nos proyecta”, agrega con una enorme sonrisa dibujada en su rostro. En esta casa la bailarina desarrolla un taller de tango que enloquece a los vecinos. “La gente de Yerba Buena es participativa. Solo que muchos ni siquiera conocen que existe esta casa, donde pueden tomar distintos talleres y donde además, se hacen espectáculos de toda índole”, señala. De Yerba Buena, lo que más le impresiona es el cerro y su potente paleta de verdes. “Yo vivo al pie del cerro de manera que apenas me despierto puedo disfrutar de ese maravilloso tesoro natural. El paisaje me inspira para bailar. Es como que este ambiente no sólo me tranquiliza, sino que me llena de vida, me dispara la creatividad”, enfatiza. Y agrega con firme convicción: “creo que todo artista necesita un espacio donde también pueda relajarse y reflexionar sobre lo que después va a ofrecerle al público arriba de un escenario. Y Yerba Buena ofrece este ámbito ideal para el relax y la creación. Nací aquí y me gustaría seguir viviendo y trabajando aquí. Es mi cable a tierra”.
H. Aníbal Fernández
“Aquí se puede disfrutar del silencio”
El pintor H. Aníbal Fernández no necesita presentación. Radicado en Yerba Buena desde hace más de 30 años, el artista es uno de los referentes plásticos de la provincia y, por supuesto, de la Ciudad Jardín. Por su taller, donde además dicta charlas sobre el desarrollo de la creatividad, han pasado algunos de los artistas más renombrados de la provincia. Según Fernández Yerba Buena es un lugar casi único para que el artista ejerza su poder creativo. “A pesar del crecimiento que tiene, esta ciudad es ideal para reflexionar; aquí se puede disfrutar del silencio”, comenta el artista, quien asegura que posee una serie de cuadros donde se impone la naturaleza de Yerba Buena. “En realidad lo que uno hace es generar una obra que tiene su propia anatomía que es independiente de la realidad. La naturaleza puede aparecer simbólicamente de muchas maneras”, dice. En este sentido, Fernández resalta que hay varias cosas de Yerba Buena que asombran. “Hay mucha gente que vive sus vidas a lo loco, que anda siempre apurada y que no se toma el tiempo para ver lo que las rodea. Pero aquellos que hacen el ejercicio de mirar, de prestar atención a su entorno, pueden descubrir el verdadero tesoro de esta ciudad”, agrega. Así, según dice, lo que más me impacta de Yerba Buena es su aire puro, su naturaleza vívida y su silencio sostenido. “Después siempre me asalta la nostalgia y pienso hasta cuándo podremos gozar de esto, sobre todo teniendo en cuenta el gran desarrollo de la ciudad. Ojalá que el progreso no afecte tanto la belleza de este lugar. Pero eso depende de cada uno de los vecinos. Cuando uno crea, el espacio donde se desarrolla esa creación es sagrado. Y en Yerba Buena existe ese respeto por el espacio que buscamos todos los artistas”, finaliza.