El proceso no es nuevo, porque las encuestas tienen décadas influyendo sobre las decisiones del poder. Pero estaban limitadas y atenuadas. En los 80, la psicología era la disciplina para escrutar la realidad. En los 90 fue el turno de la economía: todo cuanto ocurría podía explicarse a través de sus postulados. Pero advino el nuevo siglo, y entre la palabra bastardeada por la política y los cálculos malversados por los economistas, llegó la hora de las tendencias de los estudios de opinión. Hoy, el proceso se ha completado. Ahora, todo es encuesta.
En el imperio
Las medidas del Gobierno nacional ya no son acertadas o equivocadas: su validez se rige según la popularidad presidencial. Si la imagen positiva de la Jefa de Estado es alta, cualquier capricho será considerado como la obra de un estadista; y viceversa si la imagen negativa es más elevada. Para oficialistas y opositores, el único código para traducir las noticias es que tal medio intenta mejorar o empeorar la percepción de la audiencia respecto de tal o cual dirigente. El mejor candidato no es, en realidad, el mejor candidato, sino tan sólo el que mejor posicionado está en los estudios del mercado de la opinión pública. Cada vez son más las decisiones importantes que se anunciarán después del Mundial de Fútbol: no importa el contenido de una medida, sino su impacto en el humor popular. Entonces, la encuesta no guía, sino que impera. En el imperio de la encuesta, ya no se diagnóstica lo que el pueblo necesita, sino lo que el votante quiere oír.
En el virreynato
Tucumán es el virreynato de la encuesta: aquí se usan hasta para reinterpretar el pasado. Se advierte ello cuando el gobernador espera hasta un fin de semana largo de mayo para manifestar: “Tendríamos que haber evitado el conflicto policial”. Ese es el eufemismo con que José Alperovich se refiere al acuartelamiento del 9 y 10 de diciembre, que dejó un número indeterminado pero infernal de tucumanos muertos en las calles saqueadas. Quedan dos opciones respecto de esa pose de autocrítica: o las encuestas le están diciendo al mandatario que su Gobierno está signado por la que fue una de las peores tragedias sociales de la provincia; o el jefe del Ejecutivo tiene digestión lenta para procesar los desastres comunitarios y recién se dio cuenta ahora de que debe hacerse cargo de lo que le toca. Sintetizado en preguntas: ¿Alperovich no se había percatado de que debió haber “evitado el conflicto policial” en el mismo momento en que Tucumán se convertía en un Estado Fracasado donde no regía la ley? ¿Y al día siguiente del caos? ¿Durante sus vacaciones de enero, tampoco? ¿En febrero no se le ocurrió? ¿Y hace 60 días? ¿Y en abril? ¿Y por qué no evitaron el “conflicto policial”, si ya habían visto sus consecuencias en los saqueos del 4 de diciembre en Córdoba? ¿No había una encuesta que dijese qué hacer si se amotinaban los uniformados de las fuerzas de seguridad locales?
En su nombre
El crónico fracaso alperovichista en políticas de seguridad hace que el Gobierno no sólo tenga problemas por la inseguridad que roba y mata a los tucumanos. Al parecer, en breve, también el alperovichismo va tener complicaciones en nombre de esa inseguridad. Y para ello no necesita una encuesta, sino más bien reparar en los gastos de algunas áreas de su gobierno. Eso se desprende de una denuncia que está terminando de documentar la oposición, según la cual uno de los organismos descentralizados de la provincia pagaría alrededor de $ 800.000 mensuales por servicios adicionales de la Policía. O sea, el Estado le paga al Estado por servicios que el Estado debe garantizarse a sí mismo. Pero el asunto es mucho que más que un absurdo. Ese organismo tiene asignado un destacamento policial propio, con medio centenar de agentes afectados: o sea, hay Policías cuyo trabajo es custodiar esa entidad. Además, estos casi $ 10 millones anuales (el presupuesto para construir dos escuelas) no son abonados con cheques del banco oficial de Tucumán, sino depositando los fondos en una entidad crediticia nacional. Esa es la esencia de la democracia pavimentadora: ni cuando se trata de Seguridad se está seguro de lo que ocurre.
En la foto
En esta semana quedó expuesto que el oficialismo sí procede políticamente como si las encuestas de las que se ha avisado LA GACETA le dijesen qué hacer. Alperovich tiene en campaña a Juan Manzur, un alperovichista que no crece pero tampoco decrece en los sondeos, y a Osvaldo Jaldo, el único oficialista cuya imagen positiva ha mejorado este año. Con ellos, el gobernador viajó a Buenos Aires para tomarse una foto con José López, con la excusa de que el secretario de Obras Públicas de la Nación les repitiese lo que ya a mediados de marzo había asegurado el ministro de Infraestructura Federal, Julio de Vido: $ 460 millones para mantener vigente el Plan Más Cerca, de mínima infraestructura pero alto impacto electoral según las encuestas, como Alperovich predicó.
En la duda
Eso sí: los cuatro tucumanos sólo aparecen en la imagen que distribuyó Casa de Gobierno. En la foto que remitió a la prensa la oficina de López sólo aparecen él y Alperovich. Detalles como ese disparan los recelos en el PJ. ¿Qué cargo quiere disputar en 2015 el funcionario nacional oriundo de Concepción? Esa pregunta no tiene sentido para una parte del gabinete: López será candidato a diputado nacional y todas las otras versiones son trampas cazabobos: para ser candidato a gobernador o vicegobernador, la Constitución de 2006 exige “dos años de residencia inmediata”. Pero en el sector de la senadora Beatriz Rojkés están preocupados por tres motivos. Primero, porque ella tiene contacto diario con el mundillo político nacional. Segundo, porque en el espacio de la esposa del gobernador de ninguna manera creen que porque la Constitución diga una cosa en esta provincia no se puede hacer otra. Tercero, porque su marido no la tiene en campaña. Pese a que las encuestas dicen que ningún otro precandidato a gobernador es tan conocido entre los tucumanos como “Bety”. O, justamente, porque las mismas encuestas dicen que es la única oficialista con una imagen negativa mayor que la imagen positiva.
En el aire
Es que si en la UCR hicieran una polla respecto de cuál será la fórmula oficialista a enfrentar en 2015, el canismo apostaría a Rojkés-López. Ese sector del radicalismo, con un pie en la provincia y otro en la escena del poder nacional, advierte que López representa para Alperovich dinero nacional para los dos años que le quedan en el Gobierno, además de congraciarse con el núcleo duro del kirchnerismo. Pero el rojkesismo contesta con lógica alperovichista: López, en las encuestas, es nadie. Y ya se acabaron los años en que el Gobierno podía inventar candidatos y sacar conejos de la galera (o en su defecto vender gatitos por liebres). En 14 meses hay que enfrentar en las urnas a José Cano, que acumuló más de 300.000 sufragios en octubre y es hoy el político con mejor imagen en Tucumán. Y López, que no suma votos, ni siquiera avisa cuándo viene. Por caso, medio oficialismo se anotició de que él celebraría el 1 de mayo en Tucumán porque lo anunció a principios de semana Adrián Santillán, el titular de la Uocra local, nada menos que en A las 7, el programa de Carlos Rojkés. O sea, López notificó con sus propios medios -y a través de medios que no le son propios- que venía una vez más.
En los planes
Consciente de ello, o por puro olfato político, López tuvo un gesto generoso con la primera dama tucumana y la hizo partícipe ayer de la firma de los convenios por los cuales “traerá” obras para instituciones deportivas de Monteros. Pero con independencia de las sonrisas senatoriales, los operadores del rojkesismo -que por cierto no son muchos- quieren al intendente de la capital como compañero de fórmula de la presidenta del PJ tucumano. Pero no por razones de estima (básicamente, lo detestan), sino por razones de encuesta: Amaya, en las últimas mediciones, seguía siendo el oficialista mejor ranqueado. Pero las posibilidades de que el todavía vicepresidente del PJ tucumano decline sus aspiraciones de gobernador se presentan, en este comienzo de mayo, particularmente remotas. Claro que la política es un universo donde todo puede ser, pero la reciente visita de José Scioli a Tucumán mostró que, con independencia de los planes que tiene el jefe municipal para consigo mismo, hay sectores del peronismo nacional que también hacen planes con él. En público, “Pepe” comparó al tucumano con su hermano: “Scioli y Amaya comparten el estilo de no ser quejosos”, equiparó. En privado, el hermano del gobernador de Buenos Aires dijo en una reunión con dirigentes, acompañado por el lord mayor, que las cosas eran “distintas” ahora con respecto a su visita anterior y que “El Colorado” era “el mejor posicionado” en las encuestas. Léase, Amaya disputará la gobernación, en contra de las estrategias que barajan los alperovichistas, los rojkesistas y también los radicales, que en la encuesta que acaban de encargarle a Julio Aurelio quieren contar con sus propias cifras acerca de la consideración que la opinión pública tiene del intendente capitalino.
En la Rosada
Pero Amaya no sólo despidió abril con la novedad de que esté dando frutos la relación que sembró en enero con Daniel Scioli en Pinamar (LA GACETA lo avisó el 1 febrero). Más importante, incluso, fue su encuentro a solas con el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, del cual el amayismo no dejó trascender detalles. Para algunos alperovichistas, porque no fue una reunión importante. Para algunos amayistas, porque en la Casa de Gobierno hay quienes esperan saber qué se consiguió para tratar de frustrarlo. Como fuere, en la intendencia sí tuvieron una infidencia: “las puertas de la Casa Rosada siempre estuvieron abiertas, pero antes sólo nos pasaban la franela”.
En el Gobierno
Restan sólo 60 semanas para saber quién ganará la disputa por el poder y con semejante escenario cualquiera supondría que serán 10.000 horas vertiginosas, pero en realidad todos están mirando sondeos. Las encuestas han reemplazado a la política. De hecho, ellas conducen la voluntad de los gobernantes. Lo que es igual a decir que gobiernan las encuestas.